La ruta entre el norte de África y España desafía el descenso migratorio europeo

La ruta entre el norte de África y España desafía el descenso migratorio europeo

La frontera migratoria entre el norte de África y España se ha convertido en la excepción más clara dentro de la Unión Europea. Entre enero y septiembre de 2026, las llegadas irregulares aumentaron un 26%, hasta alcanzar las 18.260, mientras el conjunto de la UE registró una caída cercana a un tercio. El dato español resulta todavía más significativo porque no incluye por ahora el balance definitivo del asalto migratorio a Ceuta de los días 30 y 31 de julio, que el Gobierno español aún no ha comunicado a Bruselas.

El crecimiento no se distribuyó de manera uniforme. La presión se concentró sobre todo en las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla, donde las detecciones superaron en más del doble las registradas durante el mismo periodo de 2025. En las rutas marítimas, el aumento fue más contenido, del 8%, aunque sus efectos siguen siendo especialmente graves por el riesgo que afrontan quienes intentan alcanzar las costas españolas.

Una excepción española en un mapa europeo a la baja

Argelia continúa siendo el principal punto de partida de las travesías por mar, con Baleares y la España peninsular como destinos preferentes. Las islas constituyen el tramo más peligroso de esta vía, una combinación de distancia, condiciones cambiantes y embarcaciones precarias que convierte cualquier repunte de las salidas en una amenaza humanitaria. Las nacionalidades más numerosas fueron la argelina, la maliense y la marroquí.

La ruta entre el norte de África y España desafía el descenso migratorio europeo

La excepcionalidad de España se aprecia mejor al compararla con las principales rutas de la Unión. El Mediterráneo Central, entre el norte de África e Italia, descendió un 56%, hasta las 22.511 llegadas. Libia siguió siendo el principal punto de partida, por delante de Túnez y Argelia, y los grupos más numerosos procedieron de Bangladesh, Argelia y Somalia. El Mediterráneo Oriental también retrocedió un 15%, aunque continuó siendo la ruta más transitada, con unos 31.800 cruces, especialmente desde Libia hacia Creta, las islas del Egeo oriental y la frontera terrestre turca.

Ceuta convierte las cifras en un conflicto político

Los datos de Frontex llegan después de un Consejo Europeo marcado por la crisis de Ceuta y por la discusión sobre la política migratoria española. La mayoría de los líderes europeos cuestionó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por su estrategia de regularización masiva, aprobada a comienzos de año. Algunos dirigentes la presentaron como una señal capaz de incentivar nuevos movimientos y la vincularon políticamente con la presión posterior sobre Ceuta, aunque esa relación no queda demostrada por las cifras disponibles.

La disputa revela una tensión que va más allá de la gestión de una frontera concreta. Para los socios europeos, una decisión adoptada en España puede alterar los cálculos de las redes de tráfico y modificar los itinerarios de entrada al espacio comunitario. Para el Gobierno español, en cambio, atribuir a una regularización la responsabilidad directa de una crisis fronteriza simplifica un fenómeno en el que intervienen conflictos regionales, oportunidades laborales, controles policiales y decisiones de las propias redes de transporte.

Canarias baja, pero el alivio puede ser provisional

La otra gran vía española, la que conecta África Occidental con Canarias, registró unas 7.100 llegadas entre enero y septiembre, un 45% menos que un año antes. Frontex relaciona el descenso con las medidas preventivas adoptadas primero por Mauritania y después por Senegal y Gambia, en coordinación con España y la Unión Europea. El resultado sugiere que la cooperación con los países de origen y tránsito puede contener las salidas cuando se mantiene de forma sostenida.

Sin embargo, septiembre introdujo una advertencia. Ese mes se contabilizaron unas 1.900 detecciones, cuatro veces más que en agosto, debido al incremento de las salidas desde Marruecos y Gambia. Las nacionalidades predominantes fueron la marroquí, la senegalesa y la gambiana. El repunte confirma que una reducción acumulada no equivale necesariamente a una solución: las redes pueden interrumpir sus operaciones durante un periodo y reanudarlas cuando encuentran mejores condiciones meteorológicas, menor vigilancia o nuevas oportunidades logísticas.

El descenso europeo no elimina el riesgo

En el conjunto de la UE se registraron algo más de 91.000 entradas irregulares en los nueve primeros meses del año. Septiembre sumó unas 14.300, un 28% menos que un año antes, aunque un 11% más que en agosto. También descendieron un 43% los intentos de cruzar el canal de la Mancha hacia el Reino Unido, hasta unos 30.900, con ciudadanos de Eritrea, Sudán y Somalia entre los grupos más numerosos. El uso creciente de grandes lanchas neumáticas elevó además la capacidad de cada travesía; en agosto, una sola embarcación trasladó a 230 personas, incluidos más de 20 menores.

Hans Leijtens, director ejecutivo de Frontex, ha advertido que las cifras pueden cambiar con rapidez. La caída de los cruces no significa que las redes hayan desaparecido, sino que pueden haberse desplazado o estar esperando una ocasión más favorable. Esa volatilidad obliga a interpretar los balances con cautela: la presión migratoria no se mide únicamente por el volumen de llegadas, sino también por la velocidad con la que una ruta puede reactivarse y por el coste humano que deja tras de sí.

Cerca de 2.000 personas han muerto en el Mediterráneo en lo que va de año, según la Organización Internacional para las Migraciones. Al mismo tiempo, las devoluciones de ciudadanos afganos desde Irán y Pakistán y la inestabilidad del Sahel siguen alimentando movimientos hacia el Atlántico y el Mediterráneo Occidental. El contraste entre una Europa con menos entradas y una ruta hispano-africana en expansión apunta a una conclusión incómoda: el control fronterizo puede reducir temporalmente los flujos, pero mientras persistan los factores de expulsión y las redes conserven capacidad de adaptación, la presión se trasladará antes de desaparecer.