La señal que reorientó la búsqueda de Raúl Moyano expone los riesgos persistentes del senderismo en alta montaña

La señal que reorientó la búsqueda de Raúl Moyano expone los riesgos persistentes del senderismo en alta montaña

La desaparición de Raúl Alfredo Moyano, un docente jubilado de 59 años, mantiene concentrado un amplio operativo en el cerro Ñuñorco Grande, en Tucumán, y vuelve a poner bajo atención un problema que excede este caso: la vulnerabilidad de quienes ingresan solos a zonas de montaña donde una modificación repentina del clima puede convertir una caminata habitual en una emergencia de difícil resolución. Moyano fue visto por última vez el 12 de octubre, cuando salió a caminar durante una visita a su hermano José Luis, y nueve días después todavía no había sido localizado.

El dato que modificó el rumbo de la investigación apareció 48 horas después de la desaparición. El Equipo Científico de Investigaciones Fiscales identificó que una antena instalada en Los Sarmientos había registrado una señal del teléfono del docente. Esa información condujo a los grupos de búsqueda hacia las laderas sur y sudeste del cerro, en dirección a la Ruta Provincial 307 y la Quebrada de los Sosa. En una geografía de quebradas, salientes rocosas y vegetación cerrada, una señal aislada no equivale a una ubicación exacta, pero puede reducir de manera significativa el área de rastreo y aportar una secuencia temporal sobre los últimos movimientos posibles.

Una caminata alterada por el clima

La reconstrucción disponible sugiere que la niebla fue un factor decisivo. Durante la tarde del 12 de octubre, Moyano conversó por WhatsApp con su pareja, Liliana Tunkiewiez, y le comentó que “el camino estaba cerrado” por las condiciones meteorológicas. A las 17:20, ante la pregunta de qué estaba haciendo, respondió: “Bajo”. Ese intercambio constituye el último contacto conocido y permite formular una hipótesis concreta: el hombre habría intentado regresar cuando la visibilidad ya era insuficiente para reconocer el trayecto o distinguir referencias del terreno.

La niebla no solo reduce la capacidad de orientación. También altera la percepción de las distancias, oculta desniveles y vuelve ambiguos senderos que, en condiciones normales, pueden parecer evidentes. Una persona puede avanzar creyendo que se dirige hacia un punto conocido y terminar desplazándose lateralmente hacia una quebrada o una ladera. Si además comienzan las lluvias, aumentan el peso de la ropa y el equipaje, se vuelve resbaladiza la superficie y disminuye la autonomía física. En ese contexto, el mensaje “Bajo” no permite saber si Moyano se encontraba en un descenso seguro, en una zona de transición o ya había perdido el control de la ruta.

La experiencia del desaparecido agrega complejidad al análisis. Moyano había trabajado como maestro rural en El Manso, Corralito y Villa Llanquín, practicaba senderismo y frecuentaba refugios de montaña en la zona de Bariloche. Su hijo, Matías, describió una rutina que incluía trekking, gimnasia y bicicleta. Esos antecedentes indican una buena condición física y conocimiento de la actividad, pero no eliminan los riesgos propios de un ambiente cambiante. La experiencia puede mejorar la toma de decisiones, aunque también puede llevar a subestimar una ruta que, por su duración o dificultad, parece manejable al comienzo.

La señal que reorientó la búsqueda de Raúl Moyano expone los riesgos persistentes del senderismo en alta montaña

La tecnología acota el terreno, pero no resuelve el misterio

La incorporación del teléfono como pieza central de la investigación muestra el valor y los límites de la tecnología en los rescates. La antena de Los Sarmientos registró una conexión posterior a la desaparición, pero las antenas de telefonía no funcionan como un sistema de posicionamiento de precisión. La señal puede abarcar un sector amplio y verse afectada por la topografía, la potencia del dispositivo, la orientación del equipo y la existencia de obstáculos naturales. Por eso, el dato debe cruzarse con los mensajes, los horarios, el relieve y las rutas plausibles.

La búsqueda fue reforzada con un helicóptero provincial, cuatro drones con cámaras térmicas y un alcance de hasta 15 kilómetros, además de personal de la Policía de Tucumán, Gendarmería Nacional, bomberos, guías locales y voluntarios. La Policía de Catamarca aportó cinco especialistas y dos perros entrenados para localizar personas en alta montaña. Cada recurso cubre una limitación distinta: el helicóptero permite observar desde el aire y alcanzar sectores inaccesibles; los drones pueden permanecer sobre quebradas y laderas donde el ingreso terrestre es lento; las cámaras térmicas ayudan a detectar fuentes de calor; los perros dependen de las condiciones del viento, la humedad y la conservación de los rastros.

Sin embargo, ninguno de estos dispositivos sustituye la coordinación. En una emergencia prolongada, la información debe circular con rapidez entre quienes analizan la señal telefónica, los pilotos, los operadores de drones y los rescatistas que conocen el terreno. Un área mal delimitada puede consumir horas de vuelo o enviar equipos a sectores de baja probabilidad mientras un punto crítico queda sin revisar. La instalación de un campamento de avanzada y una base operativa en la parte alta del cerro responde precisamente a esa necesidad: mantener cerca de la zona de interés a los grupos que deben actuar con rapidez cuando una imagen, una huella o una nueva comunicación modifica la hipótesis.

El costo de buscar en un escenario que también amenaza a los rescatistas

Las lluvias y la niebla no solo complican la ubicación de Moyano. También exponen a los equipos a deslizamientos, caídas, hipotermia, pérdida de visibilidad y agotamiento. El jefe de la Policía de Tucumán, Joaquín Girvau, describió las condiciones meteorológicas como especialmente complejas. En operaciones de varios días, la prioridad no puede ser únicamente ampliar la superficie cubierta: debe existir una administración estricta de los relevos, los tiempos de vuelo, la seguridad de cada desplazamiento y la posibilidad de evacuar a un integrante herido.

Esta tensión explica por qué los rescates de montaña no pueden evaluarse con los mismos criterios que una búsqueda urbana. En una ciudad, una cámara o un testigo pueden aportar rápidamente una dirección y una hora. En la montaña, la última pista puede quedar separada del sitio real por una pendiente infranqueable, un cauce o varias horas de marcha. La ausencia de huellas en el trayecto ya revisado tampoco demuestra que la persona no haya pasado por allí: la lluvia puede borrar marcas, el viento puede dispersar objetos y la vegetación puede ocultar a alguien a pocos metros de un sendero.

La participación de voluntarios y guías con conocimiento local resulta valiosa porque el mapa formal no siempre refleja la manera en que se mueve una persona en el terreno. Los habitantes de la zona pueden reconocer atajos, refugios improvisados, pasos utilizados por animales o sectores donde el agua modifica el recorrido. Pero ese conocimiento debe integrarse a un mando unificado. La buena voluntad, sin protocolos de comunicación y control, puede aumentar el riesgo de accidentes secundarios y dificultar la reconstrucción de las áreas ya inspeccionadas.

Una advertencia para el turismo de naturaleza

El caso también interpela al crecimiento de las actividades de montaña en Argentina. El senderismo, el trekking y las salidas a refugios se han consolidado como prácticas frecuentes para personas con distintos niveles de preparación. El acceso más extendido a aplicaciones de mapas y dispositivos de geolocalización puede transmitir una sensación de seguridad que no siempre corresponde con la realidad. Un teléfono puede quedar sin batería, perder cobertura o emitir una posición imprecisa; una ruta descargada puede no incluir desprendimientos recientes, desvíos por agua o tramos cerrados por la autoridad.

La prevención eficaz requiere medidas sencillas, pero sostenidas. Informar a una persona de confianza sobre el recorrido, establecer una hora límite de regreso, llevar una batería externa, usar ropa visible, consultar el pronóstico y evitar modificar el itinerario sin comunicarlo son acciones de bajo costo. En recorridos solitarios, el registro previo del ingreso a un sendero puede acelerar la respuesta inicial. El objetivo no es impedir la autonomía del excursionista, sino reducir el tiempo que transcurre entre la pérdida de contacto y el inicio de la búsqueda.

También existe una responsabilidad institucional. Los municipios y organismos provinciales que reciben visitantes en áreas de montaña necesitan señalizar las rutas con información actualizada, identificar zonas sin cobertura, advertir sobre cambios meteorológicos y mantener registros básicos de los accesos. No todos los lugares pueden contar con vigilancia permanente, pero sí pueden establecer canales de emergencia y procedimientos claros para activar recursos. La señal de Moyano demuestra que la infraestructura de comunicaciones puede aportar una pista decisiva, aunque su utilidad depende de que el dato sea interpretado junto con información territorial y humana.

La dimensión familiar y el desafío de comunicar

Mientras los equipos técnicos trabajan sobre mapas, señales y probabilidades, la familia enfrenta la incertidumbre más difícil: la falta de un punto concreto al que aferrarse. La hija de Moyano expresó la desesperación de sus allegados por no contar con indicios sobre su paradero. En desapariciones prolongadas, la comunicación oficial adquiere una importancia particular. Informar qué zonas fueron revisadas, qué hipótesis se mantienen abiertas y qué obstáculos enfrentan los rescatistas puede evitar rumores y reducir la circulación de datos no verificados.

La exposición pública de las características físicas y la vestimenta también cumple una función práctica, siempre que se maneje con cuidado. Moyano mide aproximadamente 1,70 metros, tiene contextura robusta, cabello canoso, barba corta y ojos castaño oscuro. Lleva dos tatuajes distintivos, un cóndor y el escudo de River Plate, y al desaparecer vestía una chaqueta negra, pantalón verde, camiseta fluorescente y calzado deportivo gris. Esos detalles pueden ayudar a orientar a excursionistas o pobladores, pero deben integrarse a canales institucionales para que cualquier posible avistamiento sea verificado y no interfiera con el operativo.

La búsqueda de Raúl Moyano continúa condicionada por el clima y por una geografía que multiplica las dificultades. La señal telefónica permitió estrechar el foco, pero todavía no ofrece una respuesta sobre el lugar exacto donde se encuentra. Más allá del desenlace, el caso deja una lección concreta: en la montaña, la preparación individual es necesaria, pero la supervivencia y la eficacia del rescate dependen también de la calidad de las comunicaciones, la información previa, la coordinación entre organismos y la capacidad de leer el territorio antes de que la niebla cierre el camino.