La violencia durante la cosecha de aceitunas expone a agricultores y periodistas en Cisjordania

La violencia durante la cosecha de aceitunas expone a agricultores y periodistas en Cisjordania

El inicio de la recolección volvió a coincidir con ataques contra comunidades palestinas en Cisjordania. El 16 de octubre, segundo día de la temporada, colonos israelíes irrumpieron en al menos ocho aldeas, dañaron cultivos y agredieron a agricultores, activistas y periodistas. En Abu Falah, la fotógrafa del Washington Post Heidi Levine, de 63 años, fue golpeada mientras cubría el ataque. Los hechos reunieron tres dimensiones de una misma crisis: el riesgo físico para quienes trabajan en los olivares, la importancia económica y cultural de la cosecha y las denuncias de que las fuerzas israelíes no impidieron la violencia.

Abu Falah: un ataque coordinado y una periodista herida

Según los testimonios recogidos, unos ochenta colonos vestidos de negro y con el rostro cubierto bajaron de una colina hacia un olivar. Prendieron fuego a vehículos y parte de la cosecha y lanzaron piedras. Levine relató desde un hospital de Ramala que la empujaron al suelo y la patearon repetidamente; dijo que el casco y el chaleco antibalas probablemente le salvaron la vida. La Media Luna Roja Palestina informó de al menos otras catorce personas heridas en el incidente.

La violencia también dejó a la fotógrafa sin su equipo: le robaron la cámara, el teléfono, el pasaporte y la cartera. El periodista Jasper Nathaniel logró ayudarla a escapar mientras jóvenes palestinos lanzaban piedras para mantener a raya a los agresores. En una grabación, Levine, exhausta y aturdida, le dijo que no podía correr y le pidió que la dejara morir. La escena muestra que la identificación visible como periodista no bastó para protegerla en medio del ataque.

La violencia durante la cosecha de aceitunas expone a agricultores y periodistas en Cisjordania

El editor ejecutivo del Washington Post, Matt Murray, pidió una investigación exhaustiva y calificó la agresión de injustificada. La Asociación de Prensa Extranjera la situó en una serie más amplia de ataques contra periodistas y civiles en la Cisjordania ocupada, y recordó que el año anterior una periodista de Reuters y un fotógrafo de AFP sufrieron agresiones durante la cosecha. La repetición de esos episodios plantea una cuestión que va más allá de la seguridad individual: si la cobertura periodística puede documentar los ataques sin convertirse ella misma en otro blanco.

Una cosecha que sostiene a decenas de miles de familias

La recolección de aceitunas no es una actividad secundaria para las comunidades rurales palestinas. El Sindicato de Agricultores Palestinos calcula que unas 110.000 familias dependen de olivares privados y que decenas de miles de personas encuentran trabajo temporal durante la temporada. El daño a árboles y cultivos, por tanto, compromete tanto los ingresos inmediatos como la continuidad de una actividad vinculada a la tierra, la herencia familiar y la identidad cultural.

La escala registrada por las organizaciones humanitarias indica que no se trata solo de lo ocurrido en Abu Falah. En los primeros días de la temporada, la Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU contabilizó 200 ataques relacionados con la recolección, con un muerto y 120 heridos; el Ministerio de Salud palestino elevó a cuatro la cifra de fallecidos. En Turmus Ayya, un palestino-estadounidense sufrió heridas en la cabeza, mientras que en Abu Falah Abdel Jaber Hassan, integrante del consejo local, recibió disparos de munición real pese a estar desarmado, según la información difundida.

La respuesta militar, bajo cuestionamiento

La presencia del Ejército no disipó las dudas sobre la protección de los agricultores. El activista israelí Jonathan Pollack afirmó que los soldados se situaron junto a los colonos mientras estos atacaban a palestinos. El Ejército sostuvo que sus fuerzas y la policía fronteriza hicieron disparos de advertencia y que abrieron fuego contra una persona considerada una amenaza potencial. En su comunicado condenó la violencia contra civiles, pero también atribuyó responsabilidad a ambas partes y habló de intentos de provocar fricciones.

Organizaciones de derechos humanos cuestionan que esa respuesta sea suficiente. Ziv Stahl, directora ejecutiva de Yesh Din, afirmó que los soldados no detienen la violencia ni protegen a los palestinos y que, en ocasiones, ayudan a los colonos. El primer ministro Benjamin Netanyahu también rechazó los ataques, aunque su despacho advirtió contra el uso de incidentes controvertidos para demonizar a los residentes judíos de Cisjordania. La distancia entre esas declaraciones y los testimonios sobre lo ocurrido en el terreno deja abierta la cuestión central: quién garantiza la seguridad de las comunidades durante una cosecha de la que dependen su sustento y su vínculo con la tierra.