En 1902, los habitantes del Valle 16 de Octubre expresaron que querían permanecer bajo soberanía argentina. Su manifestación ocurrió en una escuela de cañas y barro, en la Patagonia, mientras una comisión internacional evaluaba la disputa limítrofe entre Argentina y Chile. Meses después, el laudo británico asignó el valle a Argentina. La consulta no fue una elección formal ni decidió por sí sola el trazado fronterizo, pero dejó constancia de la voluntad de una comunidad asentada en un territorio cuya pertenencia seguía en discusión.
El encuentro central tuvo lugar en abril, en la Escuela Nacional N.º 18, cerca del río Corintos. Allí llegó la comisión encabezada por Thomas Holdich, geógrafo y militar británico encargado de examinar la controversia. Los pobladores reunidos conformaban una comunidad diversa: había descendientes de galeses, criollos, integrantes de pueblos originarios y personas procedentes de Chile. Su declaración colectiva introdujo una dimensión local en un proceso que se resolvía mediante arbitraje internacional.

Una frontera difícil de trazar sobre el terreno
La disputa respondía a interpretaciones diferentes del tratado de 1881. En ese sector andino, las altas cumbres y la divisoria de aguas no ofrecían una línea coincidente y evidente. Esa dificultad geográfica alimentó las reclamaciones de ambos países: establecer el límite exigía interpretar criterios territoriales que no siempre conducían al mismo resultado cuando se trasladaban al paisaje concreto.
El valle, conocido por los colonos galeses como Cwm Hyfryd, o “Valle Hermoso”, tenía una historia de asentamiento anterior a la consulta. En 1865, inmigrantes galeses habían llegado a Chubut a bordo del velero Mimosa; décadas más tarde, algunas familias se desplazaron hacia el oeste y se instalaron en esa zona fértil. Su presencia ayuda a explicar por qué, cuando la comisión visitó el lugar, la cuestión fronteriza no era abstracta: afectaba a una comunidad que ya había formado allí su vida cotidiana.
La decisión fue más amplia que una consulta
El laudo arbitral británico se conoció en noviembre de 1902 y dejó el Valle 16 de Octubre bajo soberanía argentina. La expresión de los habitantes fue un elemento significativo, pero no el único criterio considerado para definir el resultado. La resolución surgió de un arbitraje que debía atender la controversia territorial entre dos Estados, de modo que no conviene presentar la reunión en la escuela como un plebiscito vinculante ni como la causa exclusiva del fallo.
Su relevancia reside, más bien, en el lugar que ocupó la voz de los pobladores dentro de una negociación conducida desde fuera de la comunidad. La escena de la escuela muestra que una frontera internacional también se vuelve concreta en lugares habitados, donde las decisiones diplomáticas afectan vínculos, pertenencias y expectativas. El episodio no reemplazó los argumentos territoriales del arbitraje, pero documentó cómo una población local se posicionó ante ellos.
Una memoria ligada a Trevelin
Con el tiempo, Trevelin se consolidó como uno de los principales referentes de la herencia galesa en la región. Cada 30 de abril, la comunidad recuerda los acontecimientos asociados con la consulta de 1902 y con la escuela que quedó vinculada a aquel capítulo fronterizo. Esa conmemoración mantiene juntas dos escalas de la historia: el acuerdo entre países y la experiencia de quienes vivían en el valle cuando su soberanía aún se discutía.