Un día después de ser operado de un adenocarcinoma pulmonar, el papa León XIV participó en una misa celebrada en un salón del décimo piso del Policlínico Gemelli, en Roma. La escena reúne dos datos relevantes: el pontífice pudo retomar una actividad religiosa durante su hospitalización, pero continúa bajo observación tras una intervención mayor en el pulmón derecho.
La intervención retiró el lóbulo inferior derecho
El martes, el equipo médico realizó una cirugía videoasistida para extraer el lóbulo inferior del pulmón derecho. La operación fue descrita como exitosa. El parte difundido por la Santa Sede al día siguiente informó una evolución posoperatoria normal: los análisis de sangre y las radiografías de tórax mostraban resultados satisfactorios, dentro de lo esperado para el procedimiento.
La recuperación, sin embargo, no equivale todavía a un pronóstico completo. Los especialistas esperan los resultados definitivos de los análisis moleculares practicados en los tejidos y ganglios extraídos. Esa información permitirá precisar las características del tumor y orientar cualquier decisión posterior; hasta ahora, los comunicados oficiales no anuncian tratamientos adicionales.

Una misa en un espacio adaptado
La celebración tuvo lugar en un salón acondicionado temporalmente, no en los espacios que suelen utilizar los obispos de Roma. León XIV permanece en la décima planta del hospital, pero no ocupa el apartamento habitualmente reservado para los papas, que está en obras. La capilla destinada normalmente a las misas episcopales también se encuentra afectada por la remodelación.
El cambio de recinto explica la logística de la ceremonia, pero su realización también marca el alcance limitado de la actividad del pontífice en esta fase. Según el reporte, ya dio sus primeros pasos, comenzó fisioterapia respiratoria y volvió a comer con normalidad, incluido el desayuno y el almuerzo. Son señales funcionales favorables, aunque sujetas a la vigilancia clínica propia de una operación pulmonar.
La agenda queda supeditada a la evolución
El Vaticano calcula que la hospitalización durará alrededor de una semana y canceló la agenda pública del papa hasta el 20 de octubre, con la salvedad de que el plazo dependerá de cómo responda su organismo. Así, la misa no implica una vuelta inmediata a sus compromisos: el calendario permanece condicionado por la recuperación y por los resultados pendientes.
La información difundida hasta ahora permite distinguir entre el estado inmediato y lo que aún falta por establecer. Los controles iniciales son satisfactorios y el pontífice ha iniciado ejercicios de movilidad y respiración; la caracterización molecular de las muestras, en cambio, todavía no se conoce. Esa diferencia es central para entender por qué los datos alentadores de las primeras horas no sustituyen la evaluación completa del caso.