Una serie de ataques hutíes ha convertido el aeropuerto Rey Khalid de Riad en un frente de guerra. El aeródromo permanece cerrado desde el domingo, tras un ataque que dejó un muerto, y las ofensivas de la última semana causaron al menos una docena de fallecidos y más de 300 heridos. Lufthansa, Air France y KLM cancelaron sus vuelos, mientras Estados Unidos recomendó evitar los desplazamientos a Arabia Saudí.

La crisis ya afecta a la imagen internacional del reino: los máximos ejecutivos de ExxonMobil, TotalEnergies, Shell, Chevron y BP no asistirán al Congreso de Energía del Consejo Mundial del Petróleo, que se celebra en la capital. El ministro de Energía, Abdulaziz bin Salman, advirtió que la celebración del encuentro no implica que el riesgo haya desaparecido.
Defensa costosa, protección insuficiente
Arabia Saudí destinó 83.100 millones de dólares a defensa el año pasado, pero sus radares y sistemas antiaéreos no han impedido que drones y misiles alcancen instalaciones estratégicas. Según el Wall Street Journal, las reservas de interceptores se están agotando, en parte por la guerra de Irán, y no bastan para proteger todo el territorio. El problema, por tanto, no es solo la sofisticación del armamento, sino la capacidad de sostener una defensa amplia ante ataques repetidos.
Riad afronta una disyuntiva sin salida sencilla: intensificar la guerra en Yemen podría provocar nuevas represalias, mientras un acuerdo con los hutíes exigiría concesiones y podría alentar futuras presiones. La vulnerabilidad expuesta amenaza tanto la seguridad del reino como su capacidad para proyectar estabilidad, mientras Washington evita implicarse directamente en el conflicto.