Los hutíes intensifican sus ataques contra Arabia Saudita mientras rechazan haber apuntado a La Meca y Medina

Los hutíes intensifican sus ataques contra Arabia Saudita mientras rechazan haber apuntado a La Meca y Medina

Los rebeldes hutíes de Yemen reivindicaron el sábado 24 de octubre una serie de ataques con misiles y drones contra aeropuertos, bases militares e instalaciones petroleras de Arabia Saudita, en una nueva escalada de un conflicto que volvió a activarse en julio. El grupo, respaldado por Irán, afirmó que sus operaciones se dirigieron contra objetivos militares y energéticos, pero negó categóricamente las acusaciones sauditas de que dos proyectiles hubieran sido lanzados hacia La Meca y Medina, las ciudades más sagradas del islam.

Yahya Saree, portavoz militar de los hutíes, aseguró que durante las 24 horas anteriores se habían ejecutado al menos siete ataques en territorio saudita. Según su declaración, los blancos incluyeron el aeropuerto internacional de Riad, los aeropuertos de Dammam y Najran, la base aérea de Khamis Mushait y varias instalaciones vinculadas al sector petrolero. También mencionó dependencias de la compañía estatal Aramco en Yanbu, la refinería Petro Rabigh y el oleoducto Este-Oeste, una infraestructura estratégica para trasladar crudo desde los yacimientos orientales hacia los puertos del mar Rojo.

Los hutíes intensifican sus ataques contra Arabia Saudita mientras rechazan haber apuntado a La Meca y Medina

La disputa sobre los proyectiles interceptados

La versión hutí contrasta con la información difundida por las autoridades sauditas. La Defensa Civil del reino declaró que había interceptado varios misiles y señaló que dos de ellos se dirigían hacia La Meca y Medina. Añadió que los restos de los proyectiles balísticos cayeron aproximadamente cinco kilómetros al este de La Meca, ciudad asociada al nacimiento del profeta Mahoma. Las autoridades no informaron inicialmente de daños mayores en los lugares sagrados, pero la proximidad alegada elevó la sensibilidad política y religiosa del episodio.

Saree calificó esas acusaciones de “enorme mentira” y sostuvo que las operaciones hutíes se limitan a instalaciones petroleras y bases militares. La divergencia no es nueva: Riad ha acusado en otras ocasiones a la milicia de amenazar las dos ciudades santas, mientras que los insurgentes han rechazado de forma reiterada que formen parte de sus objetivos. En ausencia de una verificación independiente sobre la trayectoria y el punto de lanzamiento de los misiles, las declaraciones de ambas partes deben entenderse dentro de una guerra de información en la que cada bando busca reforzar su legitimidad y presentar al adversario como responsable de una escalada.

La acusación saudita tiene una importancia que trasciende el ámbito estrictamente militar. Cualquier ataque que afecte o parezca amenazar La Meca o Medina podría provocar una reacción más amplia en el mundo musulmán y aumentar la presión sobre los países que mantienen vínculos con los hutíes. Para el movimiento rebelde, negar esa intención resulta igualmente crucial: sus ataques pueden ser presentados como una campaña contra la capacidad militar y económica de Arabia Saudita, pero apuntar deliberadamente a lugares de culto tendría un costo político y religioso considerablemente mayor.

Infraestructuras energéticas y presión sobre Riad

La relación de objetivos reivindicados por los hutíes muestra una estrategia destinada a combinar presión militar y perturbación económica. Los aeropuertos y las bases aéreas son esenciales para la defensa saudita y para las operaciones de la coalición liderada por Riad en Yemen. Las instalaciones petroleras, por su parte, constituyen un elemento central de la economía del reino y un símbolo de su capacidad para sostener la guerra. El oleoducto Este-Oeste tiene además valor estratégico porque permite transportar petróleo hacia la costa occidental y reducir la dependencia de las rutas marítimas del golfo Pérsico.

La reivindicación hutí no equivale por sí sola a una confirmación independiente de los daños. El portavoz no ofreció detalles verificables sobre el alcance de los ataques, mientras que las autoridades sauditas se centraron en las interceptaciones y no difundieron un balance completo de posibles impactos. Esa falta de información independiente dificulta establecer cuántos proyectiles fueron lanzados, qué objetivos alcanzaron y si hubo víctimas. La cuestión es especialmente relevante en un conflicto donde las partes han utilizado con frecuencia comunicados militares para atribuirse éxitos o minimizar sus propias pérdidas.

Los medios hutíes afirmaron que la ofensiva respondía a bombardeos sauditas contra posiciones rebeldes en Yemen. El canal oficial Al-Masirah informó de varios ataques contra Saná, la capital, que habrían causado 12 muertos, así como de otra ofensiva contra la ciudad portuaria de Hodeida, en el oeste del país, con cinco víctimas mortales. Esos balances tampoco fueron acompañados en la información disponible por una verificación independiente.

Adén, el segundo frente de la escalada

La confrontación no se limitó al territorio saudita. Saree aseguró que las fuerzas hutíes habían lanzado misiles balísticos contra posiciones estratégicas en Adén y sus alrededores, entre ellas el campamento de Al-Nasr y una base naval. Adén es la sede del gobierno yemení reconocido internacionalmente y se encuentra cerca del estrecho de Bab el-Mandeb, paso marítimo que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y forma parte de la ruta hacia el canal de Suez.

El Ministerio del Interior yemení confirmó que los ataques alcanzaron el cuartel general de la guardia costera y otro edificio, aunque no mencionó la base naval citada por el portavoz hutí. La diferencia entre ambos relatos refleja la dificultad de verificar los acontecimientos en un entorno de guerra y también la importancia de Adén como centro político, militar y logístico del bando gubernamental.

El conflicto comenzó en 2014, cuando los hutíes tomaron Saná y extendieron su control sobre amplias zonas del país. Tras una tregua de cuatro años, las hostilidades se reanudaron en julio, abriendo de nuevo un frente entre los rebeldes, las fuerzas gubernamentales y la coalición encabezada por Arabia Saudita. Desde entonces, los intercambios de misiles se han producido con frecuencia creciente, mientras cada parte justifica sus acciones como respuesta a los ataques del adversario.

La Organización Mundial de la Salud informó, en un reporte fechado el 20 de octubre, de más de 1.500 muertos y más de 250.000 desplazados desde la reanudación del conflicto interno. Naciones Unidas considera la situación yemení una de las crisis humanitarias más graves de los últimos años. La expansión de los ataques hacia instalaciones energéticas, aeropuertos y centros urbanos sauditas aumenta el riesgo de una guerra más prolongada, pero también puede afectar las rutas comerciales y las condiciones de una población civil que ya soporta años de desplazamiento, destrucción de servicios y deterioro económico.