El debut de LeBron James y Jaylen Brown ante su público con los Philadelphia 76ers terminó convertido en una noche histórica. El equipo de Filadelfia remontó 29 puntos a los Cleveland Cavaliers, llegó a estar 40-69 por detrás y acabó imponiéndose por 114-106. La reacción, sellada con una segunda parte dominante, representa la mayor remontada en la carrera de LeBron James y la más amplia de la franquicia en los últimos 30 años, desde que existen registros detallados de las jugadas.
La expectación ya era excepcional antes del comienzo. La presencia conjunta de uno de los jugadores más importantes de la historia de la NBA y de una de las grandes figuras actuales, junto con el estreno local de Brown, llevó el precio de algunas entradas por encima de los 4.000 dólares. El desenlace elevó todavía más el valor simbólico de la velada: los Sixers no solo presentaron a su nuevo núcleo competitivo, sino que demostraron capacidad para recuperarse de una situación que parecía prácticamente definitiva.

Un partido que cambió de signo tras el descanso
Cleveland controló el encuentro durante la primera mitad y se marchó al descanso con una ventaja superior a los 20 puntos. El 40-69 reflejaba la eficacia ofensiva de los visitantes y los problemas de los Sixers para contener su ritmo. Sin embargo, el escenario cambió por completo después del intermedio. Filadelfia ajustó su defensa, incrementó la presión sobre los manejadores del balón y encontró una circulación ofensiva más fluida, reduciendo progresivamente la diferencia.
La remontada alcanzó su punto decisivo en el último cuarto. Los Sixers se impusieron en ese periodo por 32-16, una diferencia que terminó de inclinar el partido. Cleveland perdió consistencia en ataque y no pudo sostener la ventaja acumulada, mientras Filadelfia convirtió cada posesión en una oportunidad para acercarse. La reacción no respondió únicamente a una actuación individual, sino a la aportación coordinada de su quinteto titular.
El quinteto titular concentra la producción
Los cinco jugadores que comenzaron el partido anotaron 105 de los 114 puntos de Filadelfia. Tyrese Maxey lideró al equipo con 32 puntos, seguido por Joel Embiid, que aportó 24. Jaylen Brown terminó con 21 tantos en su estreno ante la afición de los Sixers, LeBron James sumó 17 y VJ Edgecombe completó la producción del quinteto con 11.
El reparto explica tanto la magnitud de la remontada como una de las principales características del proyecto de Filadelfia: la concentración de talento en la alineación inicial. Con cinco jugadores capaces de generar puntos y asumir responsabilidades en distintos momentos, el equipo encontró soluciones suficientes para superar la desventaja. Al mismo tiempo, el partido dejó una cuestión abierta para el futuro. La rotación utilizada fue de nueve jugadores, una fórmula viable en un encuentro de máxima exigencia, pero difícil de mantener durante una temporada completa marcada por los descansos y el desgaste físico.
La situación será especialmente relevante en el caso de James y Embiid, dos jugadores con un largo historial de carga competitiva y, en el caso del pívot, con antecedentes de problemas físicos. LeBron afronta su vigesimocuarta temporada en la NBA y ha disputado más de 1.600 partidos, una trayectoria que convierte la gestión de sus minutos en un elemento central para cualquier aspiración de Filadelfia. El triunfo refuerza el potencial inmediato del equipo, pero no elimina la necesidad de disponer de una segunda unidad más fiable.
Cleveland pierde una ventaja sin precedentes
Los Cavaliers habían construido una posición estadísticamente extraordinaria. Desde la temporada 1984-85, ningún equipo había perdido su partido inaugural después de llegar al descanso con más de 20 puntos de ventaja. El balance anterior era de 65 victorias y ninguna derrota en esa situación. La remontada de Filadelfia puso fin a esa secuencia y añadió un dato especialmente severo para Cleveland: el equipo no logró responder cuando el partido exigió controlar el ritmo y proteger una renta amplia.
Donovan Mitchell fue el principal referente de los Cavaliers con 32 puntos y 10 rebotes. Evan Mobley terminó con 18 puntos y ocho rebotes, mientras James Harden contribuyó con 16 tantos y cinco asistencias. Sus números fueron insuficientes ante el colapso colectivo de la segunda mitad. La derrota no borra el buen comienzo que Cleveland había construido, pero sí evidencia la vulnerabilidad de un equipo que permitió que el rival recuperara confianza y llegara al tramo final con el control emocional del encuentro.
Una señal temprana para el Este
El resultado adquiere mayor importancia por el contexto de los dos primeros partidos de los Sixers. Filadelfia ya había derrotado a los New York Knicks en el Madison Square Garden y después superó a Cleveland con una remontada de magnitud histórica. Knicks y Cavaliers fueron los finalistas de la Conferencia Este la temporada anterior y aparecen nuevamente entre los equipos llamados a competir por las posiciones más altas.
Los dos triunfos ofrecen una primera señal sobre el alcance del nuevo proyecto de Filadelfia, aunque todavía no permiten extraer conclusiones definitivas. La calidad de su quinteto, la capacidad anotadora de Maxey, Embiid, Brown y James, y la respuesta mostrada ante una desventaja extrema sitúan a los Sixers en una posición competitiva. La verdadera prueba llegará cuando el calendario acumule partidos, aparezcan las ausencias y el equipo deba ganar sin depender simultáneamente de todos sus titulares.
La noche también dejó el regreso de Mario Hezonja a la NBA, once años después de su anterior etapa en la competición y tras seis temporadas fuera de la Liga. El exjugador del Real Madrid anotó 10 puntos en 19 minutos, pero tuvo una actuación irregular en el lanzamiento: convirtió cinco de sus 13 tiros de campo y falló sus cinco intentos de tres puntos. Su rendimiento quedó eclipsado por la remontada de Filadelfia, pero formó parte de un partido que, por el debut de sus principales protagonistas y por el desenlace, ya ocupa un lugar destacado en el inicio de temporada.