La líder opositora venezolana María Corina Machado afirmó que no habrá una paz duradera en Colombia mientras Venezuela no recupere la democracia, y anunció que prepara su regreso a Caracas para impulsar un proceso de transición basado en un “gran acuerdo nacional”. En una entrevista con EL TIEMPO en Ciudad de Panamá, sostuvo que la prioridad inmediata es fijar una fecha para las elecciones presidenciales y advirtió que la crisis venezolana ya representa un problema regional de seguridad, migración, energía e institucionalidad.
Machado aseguró que su retorno ha sido bloqueado en siete ocasiones, pero insistió en que el proceso no depende de su figura. Según explicó, la fecha electoral debe convertirse en una certeza para una sociedad sometida a la escasez de alimentos, fallas eléctricas, deterioro de los servicios públicos y falta de medicinas. “La fecha de la elección es la fecha de la liberación”, afirmó, al defender una movilización cívica que, en su opinión, debe evitar la violencia y canalizar la indignación acumulada.

Una transición con presión social creciente
La dirigente describió a Venezuela como un país “unido” en torno a objetivos básicos: seguridad, libertad, prosperidad y el retorno de millones de emigrantes. Recordó que cerca de un tercio de los venezolanos se encuentra fuera del país y señaló que las protestas por falta de electricidad, comida e insumos evidencian una tensión que el régimen ya no puede contener indefinidamente.
Como argumento para acelerar el calendario institucional, Machado citó el deterioro de las condiciones de vida en un país con grandes reservas de petróleo y gas, pero donde, según su relato, algunos ciudadanos permanecen hasta 12 horas diarias sin electricidad. También destacó que más de un millón de voluntarios participaron en la defensa del voto durante las elecciones del 28 de julio de 2024, experiencia que considera la base de una oposición más cohesionada y de una ciudadanía dispuesta a organizarse.
Su propuesta contempla renovar el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia mediante procedimientos ajustados a la Constitución, sin reparto de cuotas partidistas, y convocar elecciones presidenciales en el menor plazo posible. Machado mencionó como referencia la propuesta del senador estadounidense Bernie Moreno de celebrar los comicios el 24 de julio de 2027, fecha asociada al nacimiento de Simón Bolívar, iniciativa que también habría recibido respaldo de otros congresistas.
Colombia, seguridad y frontera
La relación con Colombia ocupa un lugar central en el planteamiento de Machado. Recordó que en 2013, después de ser agredida en la Asamblea Nacional venezolana, pronunció ante el Senado colombiano la frase que ahora reivindica: “No habrá paz duradera en Colombia mientras no exista democracia en Venezuela”. A su juicio, la presencia de grupos armados ilegales en territorio venezolano demuestra que la crisis política de un país tiene efectos directos sobre la seguridad del otro.
Machado acusó a los gobiernos de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez de haber permitido que Venezuela funcionara como refugio para el Eln, disidencias de las Farc y otras redes criminales. Rechazó, por ello, la posibilidad de una cooperación efectiva contra esas organizaciones mientras Delcy Rodríguez permanezca en el poder. Al mismo tiempo, diferenció entre las estructuras vinculadas con delitos y los militares y policías que, según dijo, todavía conservan el deber constitucional de servir a la República.
Su propuesta para la frontera consiste en transformar una zona dominada por la ilegalidad en un espacio de seguridad y desarrollo coordinado entre ambos países. Para ello planteó una futura cooperación entre las fuerzas armadas de Colombia y Venezuela, acompañada de una depuración de funcionarios involucrados en narcotráfico, extorsión o violaciones de derechos humanos. El desafío será reconstruir la confianza institucional sin convertir la transición en un proceso de revancha.
La apuesta energética y económica
La dirigente también presentó la recuperación venezolana como una oportunidad estratégica para Colombia. Propuso reparar y ampliar el gasoducto Antonio Ricaurte, de 225 kilómetros, que conecta a ambos países, pero advirtió que la infraestructura por sí sola no resolverá las necesidades colombianas: Venezuela tendría que aumentar su producción para abastecer simultáneamente a su población y al mercado vecino.
Machado sostuvo que Venezuela podría alcanzar una producción petrolera de entre cinco y seis millones de barriles diarios, aunque para ello requeriría inversiones cercanas a 200.000 millones de dólares. En el sector gasífero, afirmó que el país produce alrededor de 4.000 millones de pies cúbicos diarios, de los cuales la mitad se quema. Estas cifras, presentadas como parte de su visión de reconstrucción, revelan que la transición política estaría inseparablemente ligada a una reforma económica de largo plazo.
Para atraer capital, propuso una agencia venezolana de hidrocarburos, reglas fiscales competitivas, arbitraje internacional y licitaciones transparentes. También invitó a empresas colombianas a participar en proyectos energéticos, agrícolas, mineros y de infraestructura. Su argumento es que la proximidad geográfica y un mercado binacional de casi 90 millones de consumidores podrían convertir la integración en uno de los principales motores de la recuperación.
Un acuerdo nacional desde la sociedad
Machado rechazó que la transición pueda resolverse únicamente mediante pactos entre élites políticas. Planteó organizar miles de asambleas ciudadanas en escuelas, fábricas, campos y comunidades para que la población discuta y vote las prioridades del país. La idea busca convertir el acuerdo nacional en un proceso participativo, aunque su puesta en práctica dependerá de condiciones mínimas de seguridad y libertad política.
La opositora reconoció la liberación de más de 700 presos políticos, pero afirmó que la represión continúa y que persisten amenazas contra quienes promueven el cambio. Aseguró que no busca venganza y que una futura democracia deberá ofrecer justicia incluso a quienes hoy le niegan derechos. Para Machado, el desenlace dependerá de que la presión social se mantenga organizada, de que los actores internacionales exijan garantías verificables y de que Colombia y el resto de América Latina entiendan que la estabilidad regional está ligada al futuro político de Venezuela.