Marruecos renueva su Gobierno sin apartar a los ministros que reivindican Ceuta y Melilla

Marruecos renueva su Gobierno sin apartar a los ministros que reivindican Ceuta y Melilla

La nueva presidenta del Gobierno de Marruecos, Fatima Ezzahra El Mansouri, ha formado un Ejecutivo de continuidad en las áreas consideradas estratégicas por la monarquía, aunque con una renovación significativa del gabinete anterior. Con el respaldo del rey Mohamed VI, El Mansouri ha mantenido en sus puestos a los ministros de Justicia, Abdellatif Ouahbi, y de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, ambos vinculados a declaraciones favorables a las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla. También continúa Naser Bourita al frente de Exteriores, una cartera central para la política regional e internacional de Rabat.

El nuevo gabinete está integrado por 31 ministros. De ellos, 13 ya formaban parte del Ejecutivo saliente de Aziz Akhannouch y 18 son nuevas incorporaciones. La propia El Mansouri procede del anterior Gobierno, donde ejercía como ministra de Urbanismo y Vivienda, y ahora asume la jefatura del Ejecutivo. La composición refleja así un doble objetivo: ofrecer una imagen de renovación política y preservar la gestión de los departamentos que la Casa Real considera esenciales para la seguridad, la diplomacia y la definición territorial del país.

Continuidad en los ministerios más sensibles

La permanencia de Ouahbi y Toufiq adquiere una relevancia especial por el tono de sus intervenciones públicas durante los últimos meses. El ministro de Justicia, que anteriormente dirigió el Partido de la Autenticidad y la Modernidad y ocupa la cartera desde 2021, ha defendido de forma explícita que Ceuta y Melilla forman parte de un supuesto “derecho histórico y geográfico” de Marruecos.

El 21 de agosto, durante una entrevista televisiva, Ouahbi reclamó a España la apertura de un canal específico de diálogo para abordar el futuro de ambas ciudades y habló de su eventual “retorno al seno de la patria”. Días antes, el 12 de agosto, había declarado que la cuestión seguía “sobre la mesa” y que se trataba “cada vez que nos reunimos con los españoles”. Sus palabras muestran que la reivindicación no se limita a declaraciones aisladas, sino que continúa integrada en el discurso político de una parte del Gobierno marroquí.

Marruecos renueva su Gobierno sin apartar a los ministros que reivindican Ceuta y Melilla

Ahmed Toufiq ha empleado un lenguaje diferente, de carácter principalmente religioso e histórico, aunque con una conclusión política similar. Durante la celebración del Mawlid, presidida por Mohamed VI, el ministro de Habices aludió a la “lucha sagrada” para recuperar “las ciudades ocupadas” del Atlántico, una referencia interpretada como alusiva a Ceuta y Melilla. También mencionó figuras históricas como el cadí Ayyad para reforzar la relación que Rabat sostiene que existe entre esos territorios y Marruecos.

Bourita, pieza central de la diplomacia marroquí

La continuidad más significativa en el ámbito exterior es la de Naser Bourita, nombrado ministro de Exteriores por Mohamed VI en abril de 2017. Diplomático de amplia trayectoria, Bourita ha consolidado durante casi una década una red de relaciones con Estados Unidos, Israel y otros países de distintos continentes. Su permanencia indica que Rabat no prevé modificar el rumbo de una política exterior orientada a obtener apoyos internacionales para su posición sobre el Sáhara Occidental.

La cuestión del Sáhara ocupa un lugar prioritario en la estrategia marroquí. Mohamed VI ha definido el territorio como el “prisma” a través del cual Marruecos observa sus relaciones con otros países. En los últimos años, Rabat ha buscado que gobiernos extranjeros respalden su propuesta de soberanía sobre la antigua colonia española, mientras fortalece sus vínculos económicos, diplomáticos y de seguridad con socios de Europa, América, Oriente Medio y África.

En ese contexto, la continuidad de Bourita no solo responde a su experiencia, sino también a los resultados que el Palacio atribuye a su gestión. El reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, anunciado en 2020 junto con la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel, reforzó la posición internacional de Rabat, aunque no puso fin a la disputa ni modificó el rechazo del Frente Polisario y de Argelia a las pretensiones marroquíes.

Una agenda territorial que mantiene varios frentes abiertos

La política exterior del nuevo Gobierno combina, por tanto, dos planos territoriales. El primero es el Sáhara Occidental, donde Marruecos concentra sus esfuerzos diplomáticos y busca ampliar el respaldo a su propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí. El segundo incluye Ceuta, Melilla y otros espacios que Rabat denomina “territorios ocupados”. En este último caso, las autoridades españolas sostienen que las ciudades autónomas forman parte del territorio nacional y que su estatus no está sujeto a una negociación bilateral sobre soberanía.

La reivindicación marroquí se extiende asimismo al islote de Perejil y, en formulaciones asociadas al proyecto del “Gran Marruecos”, a las islas Canarias, Mauritania y zonas de Malí. Sin embargo, el grado de prioridad y la naturaleza de cada demanda no son idénticos. Mientras el Sáhara constituye una política de Estado con una intensa actividad diplomática, las referencias a Ceuta y Melilla suelen aparecer en discursos políticos, parlamentarios o religiosos y generan periódicamente tensión con España.

La formación del Ejecutivo no implica por sí misma un cambio inmediato en las relaciones bilaterales. Marruecos y España mantienen intereses compartidos en materia de comercio, migración, seguridad y cooperación policial, factores que han favorecido etapas de acercamiento pese a las discrepancias territoriales. Precisamente por eso, la permanencia de ministros que defienden públicamente la integración de Ceuta y Melilla en Marruecos introduce una contradicción permanente: la cooperación práctica puede avanzar al mismo tiempo que persiste una disputa de soberanía que Rabat no da por cerrada.

El reto para El Mansouri será equilibrar la continuidad exigida por la monarquía con las expectativas de renovación asociadas a la llegada de un nuevo Gobierno. La composición del gabinete sugiere que, al menos en los asuntos territoriales y exteriores, la línea estratégica seguirá marcada por Mohamed VI. La principal incógnita será cómo combinar esa firmeza discursiva con una gestión pragmática de las relaciones con España y con los demás socios internacionales de Marruecos.