A sus 60 años, Marta Sánchez mantiene una agenda que reúne música, nuevas exploraciones artísticas y actividad pública. En medio de la celebración de cuatro décadas de trayectoria, la cantante española ha compartido algunos hábitos cotidianos que, según cuenta, la ayudan a sentirse bien. Entre ellos hay uno que destaca por su sencillez: antes de acostarse toma cucharadas de miel con unos granos de sal y la define como “magia”.
El ritual nocturno forma parte de una rutina más amplia, pero Sánchez no lo presenta como una fórmula universal ni como sustituto de otros cuidados. También toma suplementos, entre ellos vitamina C y colágeno, y vitamina D cuando considera que la necesita. Sus declaraciones describen prácticas personales; no establecen que esos productos o la miel tengan efectos garantizados para otras personas.

La prioridad que empieza al final del día
Para la cantante, el descanso es uno de los pilares de su bienestar. Dice que necesita dormir al menos ocho horas para tener energía y que nota la diferencia cuando duerme siete. En ocasiones, si sus obligaciones se lo permiten, aprovecha para prolongar el sueño hasta diez o doce horas, aunque aclara que no suele ser lo habitual.
La cifra concreta importa menos que lo que revela sobre su percepción del cansancio: Sánchez identifica el sueño como una condición para afrontar el día, no como un lujo accesorio. Esa idea también aparece en su ritual antes de acostarse. Sin atribuirle propiedades médicas a la combinación de miel y sal, el hábito muestra cómo pequeños gestos pueden adquirir valor dentro de una rutina que busca marcar una pausa antes del descanso.
Constancia incluso cuando cuesta
El cuidado de la piel ocupa otro lugar relevante. Sánchez admite que algunos días le da pereza mantener los rituales, pero afirma que no los abandona. Su rutina facial nocturna incluye una doble limpieza con aceites y cremas desmaquillantes, seguida de sérum de vitamina C, un producto reparador, crema hidratante y contorno de ojos.
La explicación que ofrece va más allá de una lista de productos: insiste en la constancia y en la protección frente al sol, y sostiene que estos cuidados deberían comenzar antes de que aparezcan los signos visibles del envejecimiento. Recuerda que a los 20 o 30 años puede ser fácil dar por sentada la piel, aunque con el tiempo esa percepción cambia. El énfasis, por tanto, está en anticiparse y mantener hábitos, no en esperar resultados inmediatos.
Un desayuno protegido y un entrenamiento variado
La mañana también tiene un espacio que Sánchez considera propio. Llama “sagrados” a sus desayunos y dice que no quiere que la molesten mientras come. Los describe como completos y, en otra entrevista con Cosmopolitan TV, detalló una combinación concreta: dos cafés con leche, un jugo, una tostada de centeno con pavo y otra con mantequilla y mermelada de melocotón.
En la actividad física tampoco se limita a una sola disciplina. Ha contado que combina cardio, pesas y ballet fit; practica menos yoga, aunque valora la posibilidad de desconectar que le ofrece. La variedad apunta a una rutina construida con actividades distintas, aunque sus declaraciones no permiten deducir una pauta de entrenamiento específica ni medir sus resultados.
Una etapa artística que convive con la vida cotidiana
Estos hábitos acompañan un periodo de renovación profesional. Sánchez celebra sus 40 años de carrera con una gira y presentó en Madrid Pop Cut su primera exposición de collages. Además, el pasado fin de semana participó en los conciertos de la Fiesta de la Hispanidad en la Plaza de España, donde volvió a compartir escenario con Carlos Baute para interpretar “Colgando en tus manos”.
Ese contexto ayuda a entender por qué la conversación sobre sus rutinas no se reduce a una anécdota de belleza o alimentación. La artista describe una vida con compromisos y proyectos diversos, pero también reconoce que le cuesta desconectar: siente la necesidad de que cada día, incluso el domingo, resulte productivo. Si se acuesta pensando que dejó algo pendiente, dice, se enfada consigo misma y sabe que debe trabajar en ello.
Ahí aparece la tensión que atraviesa sus declaraciones: cuidar el cuerpo exige disciplina, pero sostener la energía también puede implicar aceptar límites y descansar. Sánchez no afirma haber resuelto esa contradicción; al contrario, reconoce que desconectar sigue siendo un desafío. Sus hábitos ofrecen una mirada personal sobre cómo organiza el bienestar, mientras su propia confesión recuerda que una agenda activa no elimina la necesidad de encontrar tiempo para parar.