Muere Manuel Pereira, narrador cubano que convirtió La Habana en una presencia del exilio

Muere Manuel Pereira, narrador cubano que convirtió La Habana en una presencia del exilio

El escritor cubano Manuel Pereira falleció este sábado en México, a tres semanas de cumplir 78 años. Discípulo de José Lezama Lima y autor de novelas, ensayos y reportajes, recorrió una trayectoria que comenzó en la Cuba revolucionaria y continuó fuera de la Isla desde 1991. En el exilio, mantuvo a La Habana como centro persistente de su memoria y de su literatura.

La ciudad como origen literario

Nacido en La Habana Vieja el 31 de octubre de 1948, Pereira era hijo de emigrantes gallegos. Estudió Artes Plásticas en la Academia de San Alejandro, pero se orientó pronto hacia la escritura. Trabajó en el periodismo, realizó guiones cinematográficos y publicó reportajes en Cuba Internacional; también ocupó responsabilidades en la revista Cine Cubano.

Una influencia decisiva fue su relación con Lezama Lima, a quien visitaba en su casa de la calle Trocadero. Pereira entendió de aquel encuentro la literatura como una forma de conocimiento, una concepción que evocaría años después en El curso délfico. La Habana no fue solo el lugar de su infancia: siguió presente en su obra aun cuando la distancia del exilio hizo imposible la vida cotidiana en sus calles.

Muere Manuel Pereira, narrador cubano que convirtió La Habana en una presencia del exilio

Una novela que abrió puertas y provocó reparos

Su primera novela, El comandante Veneno, fue escrita entre 1972 y 1974 y apareció en 1977. Inspirada en sus experiencias durante la campaña de alfabetización, la obra encontró inicialmente resistencia de un jurado militar, que objetó tanto sus influencias extranjerizantes como algunos pasajes considerados pornográficos. La publicación terminó por situarlo entre las voces reconocidas de la narrativa cubana de su generación.

El reconocimiento llegó también de escritores de peso. Alejo Carpentier lo describió como un novelista nato, mientras Gabriel García Márquez dijo que era la novela que le habría gustado escribir sobre Cuba. Pereira mantuvo, además, vínculos intelectuales con Julio Cortázar. Su ensayo La quinta nave de los locos circuló como lectura de culto entre jóvenes cubanos, señal de un interés que iba más allá de la ficción.

De París al exilio en México

El giro decisivo de su vida ocurrió durante su etapa como diplomático cultural ante la Unesco, en París. Al principio observó con esperanza la perestroika soviética, pero el inmovilismo político cubano terminó por alejarlo del cargo. Renunció en 1988 y salió definitivamente de Cuba tres años después.

Berlín y Barcelona fueron etapas de una vida desplazada antes de establecerse en Ciudad de México, donde residía desde 2004. Allí continuó escribiendo, traduciendo y enseñando literatura. Publicó, entre otros títulos, Toilette, Insolación, El beso esquimal y Un viejo viaje, además de ensayos y relatos. En una entrevista con 14ymedio se definió como «un ensayista que escribía novelas», fórmula que resume una obra atenta a las ideas, la memoria y la experiencia.

Su recorrido refleja el tránsito de una generación que se involucró en un proyecto político y luego se distanció de él, aunque no permite reducir su literatura a esa ruptura. La relación con Lezama, sus primeros trabajos periodísticos y su exploración de distintos géneros trazan una trayectoria propia. Desde México, Pereira siguió regresando en sus textos a la ciudad donde había nacido: una pertenencia literaria que sobrevivió a la separación física.