La aspiración de México de convertirse en un puente industrial entre América del Norte y Europa dejó de plantearse únicamente como una ventaja geográfica. Empresarios y autoridades reunidos en el Foro Económico Francia México coincidieron en que el país dispone de una base manufacturera, una ubicación estratégica y experiencia exportadora suficientes para desempeñar ese papel, pero advirtieron que la oportunidad dependerá de decisiones concretas: atraer inversiones, garantizar condiciones operativas estables y ampliar la participación de proveedores nacionales.
Una conexión posible, pero todavía condicionada
La integración con Estados Unidos y la Unión Europea fue presentada como un proceso complementario, no como una elección entre dos mercados. Sergio Contreras, presidente del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología, sostuvo que México puede reforzar su posición como plataforma para ambas regiones porque conoce sus requerimientos productivos y comerciales. Luis D’Acosta Anezin, presidente y director general de Schneider Electric para México y Centroamérica, expresó la misma expectativa al afirmar que el país sí puede desempeñar la función de puente industrial.
Sin embargo, la ubicación no garantiza por sí sola nuevas plantas ni cadenas de suministro más complejas. Para convertir esa ventaja en actividad económica permanente, México necesita infraestructura física y digital, energía suficiente y certidumbre regulatoria. La advertencia es relevante porque las empresas que evalúan una inversión comparan no solo el acceso a los mercados, sino también la continuidad del suministro eléctrico, la calidad logística, la seguridad y la previsibilidad de las normas. La competencia por captar proyectos de relocalización se decide, cada vez más, en esos factores operativos.

El acuerdo con la Unión Europea abre una ventana de oportunidad
El Acuerdo Global Modernizado entre México y la Unión Europea, firmado el 22 de mayo de 2026, aporta un marco político y comercial para profundizar esa conexión. Su entrada en vigor plena está prevista para 2027, una vez que complete la ruta legislativa en los congresos europeos y mexicano. Ese calendario ofrece tiempo para preparar capacidades, aunque también plantea una exigencia: cuando el acuerdo comience a operar plenamente, las empresas deberán estar en condiciones de aprovecharlo.
Altagracia Gómez, titular del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización, destacó que las economías mexicana y europea son complementarias y que compañías francesas ya tienen presencia en seis de los diez sectores incluidos en el Plan México. Entre ellas figuran Safran, Airbus, Sanofi y Alstom, empresas vinculadas con la aeronáutica, la salud, el transporte y otras actividades de alto contenido tecnológico. La presencia francesa demuestra que existe una base empresarial, pero también evidencia que el siguiente paso no consiste únicamente en atraer más nombres internacionales, sino en elevar el valor que permanece dentro de México.
De la manufactura instalada al desarrollo de proveedores
El punto decisivo del debate fue la necesidad de ampliar la participación de empresas mexicanas en las cadenas de valor. Manuel Escobedo, director de Grupo Peña Verde, planteó avanzar hacia la coinversión, el desarrollo conjunto de proveedores, la manufactura compartida y cadenas franco-mexicanas con mayor valor agregado. La propuesta cambia el foco desde la instalación de una planta hacia la construcción de un ecosistema industrial capaz de diseñar, suministrar, mantener y mejorar los productos fabricados.
El desafío es especialmente importante para las pequeñas y medianas empresas. Los panelistas señalaron que muchas necesitan profesionalizarse para cumplir estándares globales y participar en actividades de diseño, tecnología y servicios, además de las tareas de manufactura. Sin esa transformación, México podría incrementar sus exportaciones sin ampliar de manera proporcional sus capacidades propias. La política industrial, defendida por Gómez como instrumento para elevar el valor agregado, tendría que traducirse en capacitación, digitalización, financiamiento y vínculos estables entre grandes compañías y proveedores locales.
La inclusión de jóvenes, mujeres y regiones del sur-sureste también forma parte de esa ecuación. No se trata solo de distribuir mejor los beneficios, sino de ampliar la disponibilidad de talento y evitar que el crecimiento industrial se concentre en los corredores que ya cuentan con infraestructura. Una red de proveedores más extensa y competitiva puede reducir dependencias externas, mejorar la resiliencia de las cadenas y aumentar el impacto regional de cada inversión.
Los obstáculos que pueden frenar la ejecución
La embajadora francesa Delphine Borione informó que cerca de 600 empresas de su país generan en México aproximadamente 215.000 empleos directos y 750.000 indirectos, mientras que la inversión francesa aumentó un 10 % interanual en 2025. Las cifras muestran una relación económica significativa y ofrecen un punto de partida para una expansión mayor. Xavier de Bellefon, presidente de la Cámara de Comercio e Industria Franco-Mexicana, propuso impulsar más empresas francesas en México y mexicanas en Francia, una reciprocidad que podría equilibrar la relación y multiplicar los proyectos conjuntos.
Pero Francisco Maciel, responsable de Forvia en México, pidió que los planes pasen a la ejecución y enumeró obstáculos concretos: inseguridad, problemas logísticos y burocracia. Estas dificultades afectan tanto a las compañías extranjeras como a los proveedores nacionales, que suelen contar con menos recursos para absorber retrasos, trámites complejos o interrupciones en el transporte. Si no se atienden, pueden elevar los costos y reducir la capacidad de México para competir por inversiones frente a otros destinos.
La oportunidad franco-mexicana, por tanto, dependerá de la coordinación entre gobiernos, empresas y centros de conocimiento. El nuevo acuerdo con la Unión Europea puede ampliar el mercado y la presencia francesa puede aportar capacidades industriales, científicas y tecnológicas. México, por su parte, debe convertir su talento y su experiencia manufacturera en una plataforma más innovadora, digitalizada y confiable. El puente entre ambas regiones no se construirá solo con tratados o anuncios de inversión, sino con proveedores preparados, infraestructura suficiente y reglas que permitan ejecutar los proyectos.