El periodista deportivo Paco González recordó este jueves cómo afrontó su regreso a la radio tras la muerte de su compañero y amigo Pepe Domingo Castaño. Durante una entrevista en El Hormiguero, emitida el 22 de octubre de 2026, el locutor explicó que fue incapaz de trabajar al día siguiente del fallecimiento y que necesitó tiempo para acostumbrarse a una ausencia que, tres años después, continúa presente en su vida cotidiana.
La conversación con Pablo Motos recorrió distintos momentos de la extensa trayectoria profesional de González, uno de los comunicadores deportivos más reconocidos de España. Sin embargo, el recuerdo de Castaño ocupó un lugar central por la relevancia personal y profesional que tuvo en su carrera. Ambos compartieron durante años micrófono, proyectos y una forma de entender la radio basada en la combinación de información, entretenimiento y una estrecha complicidad ante la audiencia.
Un regreso marcado por la conmoción
Pepe Domingo Castaño falleció hace tres años. Su muerte provocó un fuerte impacto entre sus compañeros y oyentes y dejó un vacío en el equipo radiofónico con el que había construido una parte esencial de su trayectoria. Para González, la primera consecuencia fue inmediata: al día siguiente no se sintió con fuerzas para ponerse delante del micrófono.
“No tuve fuerza para hacer el programa. No nos lo esperábamos para nada”, recordó durante la entrevista. La frase resume tanto el desconcierto provocado por la pérdida como la dificultad de transformar el duelo en una rutina profesional apenas unas horas después. En la radio, donde la emisión diaria obliga a responder ante la audiencia incluso en circunstancias personales adversas, esa vuelta al trabajo adquirió una dimensión especialmente compleja.

La ausencia no afectó únicamente a la organización de un programa. Castaño había desarrollado una identidad propia ante el público y mantenía una relación reconocible con sus compañeros, de modo que su desaparición alteró la dinámica habitual del espacio. El trabajo continuó, pero ya no podía reproducir exactamente las conversaciones, los códigos compartidos y el tono que habían definido durante años sus intervenciones.
Una relación construida durante décadas
El vínculo entre González y Castaño se consolidó a lo largo de una trayectoria común en la radio deportiva. Más allá de la colaboración profesional, González lo describió como un buen amigo, una consideración que ayuda a entender por qué el fallecimiento tuvo consecuencias que excedieron el ámbito laboral. La pérdida implicaba despedir a una figura cercana y, al mismo tiempo, afrontar el cambio de una rutina que formaba parte de su identidad como comunicador.
En ese contexto, el recuerdo de Castaño no aparece como un episodio cerrado. González señaló que todavía piensa en él a diario, una afirmación que sitúa el duelo en un proceso prolongado y no en una reacción limitada a los días posteriores a la muerte. El paso del tiempo puede permitir recuperar la actividad profesional, pero no elimina necesariamente la presencia de quien formó parte de la vida cotidiana durante tantos años.
La entrevista también puso de relieve el peso de las voces históricas en la radio deportiva española. Castaño no era solo un colaborador dentro de una estructura de programación: su estilo, su capacidad para conectar con el público y su participación en momentos relevantes habían contribuido a fijar una manera de hacer radio. Por eso, su ausencia tuvo una repercusión colectiva entre los profesionales y los seguidores que reconocían su voz.
El duelo detrás de la emisión diaria
El testimonio de González ofrece una perspectiva poco visible del trabajo radiofónico. La audiencia suele recibir el programa como un producto continuo, con horarios y responsabilidades que deben cumplirse, pero detrás de cada emisión existen relaciones personales y circunstancias que pueden modificar profundamente la capacidad de los comunicadores para intervenir con normalidad. En este caso, la imposibilidad de trabajar al día siguiente muestra que la continuidad de una cadena no siempre coincide con los tiempos emocionales de quienes la sostienen.
Con el tiempo, González logró regresar a la antena y mantener su actividad, aunque la adaptación a la nueva situación fue lenta. Su relato no presenta la recuperación como una superación definitiva, sino como una forma de aprender a trabajar y vivir con la ausencia. Esa diferencia resulta relevante: volver al micrófono no significó dejar atrás el recuerdo de Castaño, sino integrar su memoria en una nueva etapa profesional.
Las palabras pronunciadas en El Hormiguero funcionan así como un homenaje personal, pero también como el reconocimiento de una herencia profesional. González recordó a su compañero desde la cercanía y la emoción, sin desvincularlo del espacio que ambos compartieron durante años. Para los oyentes, esa memoria mantiene vigente la aportación de Castaño y explica por qué su desaparición continúa siendo un punto de referencia en la historia reciente de la radio deportiva.
Tres años después de su muerte, el relato de Paco González conserva la fuerza de una experiencia todavía significativa. La radio volvió a emitir, el programa continuó y la audiencia siguió escuchando, pero la relación entre sus protagonistas cambió de manera irreversible. En esa tensión entre la obligación de seguir adelante y la permanencia del recuerdo se encuentra la dimensión más profunda de sus declaraciones.