La cantante cubana Raquel Capote rendirá homenaje a Pablo Milanés en A Coruña con un concierto dedicado a la vigencia de su obra y a la particular relación entre poesía y música que definió buena parte de la Nueva Trova. El espectáculo, titulado Pablo Milanés: Cuba en la voz de un poeta universal, colocará en el centro algunas de las composiciones más reconocibles del cantautor, fallecido en Madrid en noviembre de 2022.
La propuesta no se limita a reproducir un repertorio conocido. Capote abordará las canciones desde una formación que reúne guitarra, tres cubano, saxofón y percusión, una combinación capaz de desplazar el foco desde la interpretación estrictamente vocal hacia una lectura instrumental más amplia. La intención es recuperar el carácter cubano de las piezas sin convertirlas en piezas de museo: conservar su identidad y, al mismo tiempo, permitir que respiren en un nuevo contexto sonoro.
Una voz principal y un grupo construido para dialogar
Raquel Capote estará acompañada por César Páez en la guitarra, Frank Pereira en el tres cubano, Carlos Miyares en el saxofón y William Blanco en la percusión. Cada instrumento aporta una referencia diferente al universo de Milanés. La guitarra sostiene la dimensión íntima de sus canciones; el tres introduce una raíz directamente vinculada a las formas tradicionales cubanas; el saxofón amplía la paleta melódica, y la percusión aporta el pulso del son y otras expresiones populares de la isla.
El resultado previsto se sitúa en un punto de encuentro entre la trova, el son y el jazz. Esa mezcla es relevante porque el repertorio de Milanés nunca estuvo encerrado en una sola etiqueta. Sus canciones podían apoyarse en una estructura de bolero, desarrollar una melodía de fuerte carácter trovadoresco o incorporar recursos de una sensibilidad más cercana al filin y al jazz. La banda elegida para el concierto permite hacer visible esa diversidad sin perder la claridad de las melodías.

Entre las obras que forman parte del legado más identificado con Milanés se encuentran Yolanda, Para vivir, El breve espacio en que no estás y Años. Son canciones que alcanzaron una circulación internacional muy superior a la de muchos repertorios de autor y que, con el paso del tiempo, dejaron de pertenecer únicamente a su intérprete original. Su permanencia depende precisamente de esa capacidad para ser cantadas por otras voces sin perder la carga emocional que las hizo reconocibles.
La herencia de la Nueva Trova
Milanés, nacido en Bayamo en 1943, fue una de las figuras fundamentales de la canción de autor latinoamericana. Como integrante de la Nueva Trova, participó en un movimiento que transformó la relación entre canción, poesía y realidad social en Cuba. La palabra dejó de funcionar como un simple complemento de la melodía y pasó a ocupar un lugar estructural: describía vínculos afectivos, conflictos, pérdidas y posiciones ante el tiempo y la vida colectiva.
Su trayectoria se distinguió por una combinación poco frecuente de compromiso social y refinamiento musical. Milanés incorporó influencias del filin, el bolero y la tradición trovadoresca cubana, pero no las trató como fórmulas cerradas. En su obra, esas corrientes se cruzan con una escritura de gran economía expresiva, capaz de convertir una experiencia personal en un lenguaje compartido por públicos de distintas edades y países.
Ahí reside una de las razones por las que sus canciones siguen siendo interpretadas después de su muerte. No dependen exclusivamente de una circunstancia histórica concreta ni de una producción discográfica determinada. Aunque algunas composiciones nacieron en momentos específicos, su núcleo suele estar en asuntos persistentes: el deseo, la ausencia, la memoria, el desgaste de los años y la dificultad de sostener una relación. Esa amplitud temática facilita que cada generación encuentre una puerta de entrada diferente.
Un homenaje que también mide la vigencia de las canciones
El concierto de A Coruña adquiere así una dimensión que va más allá de la conmemoración. Cada homenaje modifica ligeramente la forma en que se escucha al artista recordado. Al cambiar los arreglos, el equilibrio entre los instrumentos y la voz principal, la interpretación puede revelar elementos que una versión anterior dejaba en segundo plano. En este caso, la presencia del tres cubano y de la percusión subraya la raíz insular, mientras el saxofón abre un espacio para la improvisación y el diálogo jazzístico.
La decisión de presentar a Milanés desde una formación de estas características también evita reducirlo a la imagen de un cantautor melancólico. Su repertorio contiene intimidad y nostalgia, pero también movimiento, ritmo y una relación activa con las tradiciones musicales cubanas. Mostrar ese conjunto de influencias permite comprender que su legado no se sostiene solo por la popularidad de ciertas letras, sino por la arquitectura musical que las mantiene vivas.
Desde esa perspectiva, Raquel Capote no ocupa únicamente el papel de intérprete de canciones ajenas. Su intervención funciona como una lectura contemporánea de un repertorio que continúa abierto. La vigencia de Milanés no se mide por la repetición exacta de sus grabaciones, sino por la capacidad de sus composiciones para admitir nuevas voces, nuevas texturas y nuevas escuchas. En A Coruña, el homenaje pondrá a prueba precisamente esa capacidad: la de una obra que, aun después de la desaparición de su autor, sigue encontrando formas de dialogar con el presente.