Los Lakers sumaron su segunda victoria de la pretemporada al imponerse a los Clippers por 125-117, pero el resultado quedó acompañado por una anomalía difícil de ignorar: Luka Doncic perdió 11 balones, la peor cifra de su carrera en la NBA. El esloveno terminó con 23 puntos, aunque su influencia en la dirección del partido fue muy inferior a la habitual. La respuesta del equipo llegó de dos jugadores que asumieron el peso ofensivo en los momentos más complicados: Austin Reaves y Walker Kessler.
Reaves encuentra soluciones cuando el ataque se atasca
Reaves fue el principal recurso de los Lakers durante una noche en la que Doncic no logró imponer su ritmo. El escolta terminó con 28 puntos y nueve asistencias, una producción que no se limitó a la anotación. Su capacidad para atacar los espacios, acelerar las posesiones y encontrar compañeros permitió que Los Ángeles mantuviera la ventaja cuando los Clippers aumentaron la presión sobre su estrella.
Su actuación también tiene una lectura añadida por el contexto del mercado. Reaves fue un jugador que los Lakers estuvieron dispuestos a traspasar, pero la operación no se concretó, entre otras razones por la oposición de Doncic. Frente a los Clippers, esa decisión encontró una confirmación inmediata en la pista: Reaves no solo fue el máximo anotador de su equipo, sino el jugador que mejor interpretó lo que el partido exigía.

Kessler aporta presencia en los dos aros
La otra gran noticia para los Lakers fue Walker Kessler. El pívot, incorporado desde los Jazz como una pieza central para reforzar el juego interior, anotó 22 puntos y colocó seis tapones. Más allá de su impacto defensivo, su producción ofensiva empieza a dibujar una dimensión relevante para el equipo: ha alcanzado al menos 20 puntos en sus dos primeros partidos con Los Ángeles.
Kessler no encadenaba dos partidos de 20 o más puntos desde hacía cinco temporadas. Que lo haya conseguido en sus dos primeras apariciones con los Lakers no permite todavía extraer conclusiones definitivas, pero sí apunta a una posible evolución en su papel. Si consigue finalizar con regularidad cerca del aro, aprovechar las ventajas creadas por Doncic y castigar las ayudas defensivas, el equipo tendrá una vía de anotación que no dependerá exclusivamente del talento exterior.
La presión de los Clippers expone el problema de Doncic
Doncic tuvo una noche especialmente irregular en la organización. Su 8 de 21 en tiros de campo y su 2 de 8 en triples explican parte de sus dificultades, pero el dato más significativo fueron las 11 pérdidas. Se quedó a solo tres del récord absoluto de 14 establecido por John Drew en 1978 y superó ampliamente cualquier registro negativo anterior de su trayectoria en la NBA.
El número, sin embargo, debe interpretarse dentro de la estrategia defensiva de los Clippers. Los rivales buscaron constantemente el dos contra uno, obligando a Doncic a soltar el balón en situaciones de presión y cerrando sus líneas de pase habituales. El problema no fue únicamente técnico: también reflejó que los Lakers todavía necesitan desarrollar respuestas colectivas cuando las defensas concentran dos jugadores sobre su principal creador.
JJ Redick explicó esa lectura después del encuentro. “Le hicieron muchas veces un dos contra uno. Los rivales intensificaron la presión y buscaron forzar pérdidas de balón a partir de eso, así que continuaremos construyendo nuestras opciones para manejarlo mejor”, señaló el entrenador. La solución no pasa necesariamente por reducir el balón en manos de Doncic, sino por ofrecerle más salidas: cortes sin balón, bloqueos mejor coordinados y receptores capaces de castigar la ayuda con rapidez.
Una victoria útil, aunque todavía provisional
Los Clippers compitieron hasta el tramo final gracias a los 26 puntos de Darius Garland, los 22 de Brook Lopez y los 16 de Rui Hachimura, que regresó al escenario donde había jugado durante algo más de tres temporadas y media. El español Baba Miller no participó después de su buen estreno ante los Kings, una decisión que dejó su presencia limitada en esta fase de preparación.
La victoria ofrece a los Lakers señales positivas y advertencias en la misma proporción. Reaves confirmó que puede sostener tramos importantes del ataque; Kessler mostró que su impacto puede extenderse más allá de la defensa; y el equipo ganó incluso con un Doncic muy por debajo de su estándar en el control de la posesión. Al mismo tiempo, las 11 pérdidas revelan una vulnerabilidad que los próximos rivales intentarán repetir.
El propio Doncic prefirió quedarse con la evolución colectiva. Sobre Kessler, afirmó: “Sabemos lo que podemos esperar de él. No me sorprende cómo está jugando, sabe cómo jugar a este deporte”. Y sobre el balance inicial añadió: “Aún tenemos mucho margen de mejora, pero sin duda hemos evolucionado”. La frase resume mejor que el marcador el estado actual de los Lakers: hay recursos suficientes para ganar incluso en una mala noche de su líder, pero el siguiente paso será convertir esa capacidad de reacción en un sistema estable ante defensas que ya han identificado dónde pueden hacer daño.