Roma estudia sus espacios subterráneos como posible refugio frente al calor extremoGeólogos, urbanistas y residentes participan en un estudio sobre cómo la extensa red subterránea de Roma podría ofrecer resguardo durante episodios de calor extremo. La capital italiana tiene censadas más de 5.000 catacumbas, cuevas y antiguas canteras, pero convertir esos espacios en refugios climáticos exige resolver cuestiones de seguridad, acceso y adaptación urbana; por ahora, la investigación explora su potencial y los obstáculos, sin anunciar un plan de apertura general.El reportaje de France 24, realizado por Irene Savio y Esma Cakir, acompaña a especialistas y vecinos vulnerables para examinar una alternativa que aprovecha una característica singular de la ciudad: bajo sus calles existe un patrimonio excavado de gran extensión. La propuesta parte de una ventaja física plausible —los espacios subterráneos suelen estar protegidos de la radiación solar directa—, aunque esa condición por sí sola no demuestra que cada recinto sea habitable ni que pueda acoger población de manera segura.Una red amplia, pero no necesariamente disponibleLa cifra de más de 5.000 lugares censados señala la dimensión del recurso potencial, no el número de refugios utilizables. Catacumbas, cuevas y canteras tienen orígenes, condiciones y usos distintos; algunos espacios pueden ser frágiles, estar cerrados o carecer de entradas adecuadas. Para determinar su viabilidad habría que evaluar, entre otros factores, la estabilidad geológica, la ventilación, la humedad, la evacuación y la capacidad de recibir a personas con movilidad reducida.Ese inventario plantea también un desafío de gestión. La existencia de recintos bajo una ciudad densamente habitada no implica que todos sean accesibles desde los barrios más expuestos ni que estén conectados con servicios esenciales. El refugio solo sería útil si la población puede llegar a él cuando el calor alcanza niveles peligrosos, si su funcionamiento puede sostenerse durante la emergencia y si existen protocolos claros de entrada, permanencia y salida.La protección depende de la planificaciónLa investigación incorpora a vecinos en situación de vulnerabilidad, un elemento decisivo para valorar la propuesta más allá de la temperatura interior. Las personas mayores, quienes padecen enfermedades o quienes no cuentan con vivienda adecuada pueden tener necesidades distintas, desde atención sanitaria hasta agua y acompañamiento. Una solución eficaz tendría que identificar a quién protege, cómo informa a la población y qué alternativas ofrece a quienes no puedan desplazarse.El uso de espacios históricos añade una tensión entre adaptación climática y conservación. La habilitación de accesos, la instalación de ventilación o las modificaciones para garantizar la seguridad podrían afectar recintos de valor patrimonial o arqueológico. Por ello, la evaluación técnica y urbanística tendría que equilibrar la protección de las personas con la preservación del subsuelo, además de aclarar quién asumiría el mantenimiento y la responsabilidad operativa.Roma afronta así una pregunta práctica, no solo arquitectónica: si su subsuelo puede integrarse en una estrategia más amplia contra las olas de calor. El estudio identifica una posibilidad y una escala notable, pero no acredita todavía cuántos espacios podrían adaptarse ni cuándo estarían disponibles. Su aporte inmediato consiste en situar el patrimonio subterráneo dentro del debate sobre resiliencia urbana; convertirlo en refugio dependerá de pruebas, recursos y una planificación que priorice a quienes más necesitan protección.

Roma estudia sus espacios subterráneos como posible refugio frente al calor extremoGeólogos, urbanistas y residentes participan en un estudio sobre cómo la extensa red subterránea de Roma podría ofrecer resguardo durante episodios de calor extremo. La capital italiana tiene censadas más de 5.000 catacumbas, cuevas y antiguas canteras, pero convertir esos espacios en refugios climáticos exige resolver cuestiones de seguridad, acceso y adaptación urbana; por ahora, la investigación explora su potencial y los obstáculos, sin anunciar un plan de apertura general.El reportaje de France 24, realizado por Irene Savio y Esma Cakir, acompaña a especialistas y vecinos vulnerables para examinar una alternativa que aprovecha una característica singular de la ciudad: bajo sus calles existe un patrimonio excavado de gran extensión. La propuesta parte de una ventaja física plausible —los espacios subterráneos suelen estar protegidos de la radiación solar directa—, aunque esa condición por sí sola no demuestra que cada recinto sea habitable ni que pueda acoger población de manera segura.Una red amplia, pero no necesariamente disponibleLa cifra de más de 5.000 lugares censados señala la dimensión del recurso potencial, no el número de refugios utilizables. Catacumbas, cuevas y canteras tienen orígenes, condiciones y usos distintos; algunos espacios pueden ser frágiles, estar cerrados o carecer de entradas adecuadas. Para determinar su viabilidad habría que evaluar, entre otros factores, la estabilidad geológica, la ventilación, la humedad, la evacuación y la capacidad de recibir a personas con movilidad reducida.Ese inventario plantea también un desafío de gestión. La existencia de recintos bajo una ciudad densamente habitada no implica que todos sean accesibles desde los barrios más expuestos ni que estén conectados con servicios esenciales. El refugio solo sería útil si la población puede llegar a él cuando el calor alcanza niveles peligrosos, si su funcionamiento puede sostenerse durante la emergencia y si existen protocolos claros de entrada, permanencia y salida.La protección depende de la planificaciónLa investigación incorpora a vecinos en situación de vulnerabilidad, un elemento decisivo para valorar la propuesta más allá de la temperatura interior. Las personas mayores, quienes padecen enfermedades o quienes no cuentan con vivienda adecuada pueden tener necesidades distintas, desde atención sanitaria hasta agua y acompañamiento. Una solución eficaz tendría que identificar a quién protege, cómo informa a la población y qué alternativas ofrece a quienes no puedan desplazarse.El uso de espacios históricos añade una tensión entre adaptación climática y conservación. La habilitación de accesos, la instalación de ventilación o las modificaciones para garantizar la seguridad podrían afectar recintos de valor patrimonial o arqueológico. Por ello, la evaluación técnica y urbanística tendría que equilibrar la protección de las personas con la preservación del subsuelo, además de aclarar quién asumiría el mantenimiento y la responsabilidad operativa.Roma afronta así una pregunta práctica, no solo arquitectónica: si su subsuelo puede integrarse en una estrategia más amplia contra las olas de calor. El estudio identifica una posibilidad y una escala notable, pero no acredita todavía cuántos espacios podrían adaptarse ni cuándo estarían disponibles. Su aporte inmediato consiste en situar el patrimonio subterráneo dentro del debate sobre resiliencia urbana; convertirlo en refugio dependerá de pruebas, recursos y una planificación que priorice a quienes más necesitan protección.

Roma estudia sus espacios subterráneos como posible refugio frente al calor extremo

Geólogos, urbanistas y residentes participan en un estudio sobre cómo la extensa red subterránea de Roma podría ofrecer resguardo durante episodios de calor extremo. La capital italiana tiene censadas más de 5.000 catacumbas, cuevas y antiguas canteras, pero convertir esos espacios en refugios climáticos exige resolver cuestiones de seguridad, acceso y adaptación urbana; por ahora, la investigación explora su potencial y los obstáculos, sin anunciar un plan de apertura general.

El reportaje de France 24, realizado por Irene Savio y Esma Cakir, acompaña a especialistas y vecinos vulnerables para examinar una alternativa que aprovecha una característica singular de la ciudad: bajo sus calles existe un patrimonio excavado de gran extensión. La propuesta parte de una ventaja física plausible —los espacios subterráneos suelen estar protegidos de la radiación solar directa—, aunque esa condición por sí sola no demuestra que cada recinto sea habitable ni que pueda acoger población de manera segura.

Roma estudia sus espacios subterráneos como posible refugio frente al calor extremoGeólogos, urbanistas y residentes participan en un estudio sobre cómo la extensa red subterránea de Roma podría ofrecer resguardo durante episodios de calor extremo. La capital italiana tiene censadas más de 5.000 catacumbas, cuevas y antiguas canteras, pero convertir esos espacios en refugios climáticos exige resolver cuestiones de seguridad, acceso y adaptación urbana; por ahora, la investigación explora su potencial y los obstáculos, sin anunciar un plan de apertura general.El reportaje de France 24, realizado por Irene Savio y Esma Cakir, acompaña a especialistas y vecinos vulnerables para examinar una alternativa que aprovecha una característica singular de la ciudad: bajo sus calles existe un patrimonio excavado de gran extensión. La propuesta parte de una ventaja física plausible —los espacios subterráneos suelen estar protegidos de la radiación solar directa—, aunque esa condición por sí sola no demuestra que cada recinto sea habitable ni que pueda acoger población de manera segura.Una red amplia, pero no necesariamente disponibleLa cifra de más de 5.000 lugares censados señala la dimensión del recurso potencial, no el número de refugios utilizables. Catacumbas, cuevas y canteras tienen orígenes, condiciones y usos distintos; algunos espacios pueden ser frágiles, estar cerrados o carecer de entradas adecuadas. Para determinar su viabilidad habría que evaluar, entre otros factores, la estabilidad geológica, la ventilación, la humedad, la evacuación y la capacidad de recibir a personas con movilidad reducida.Ese inventario plantea también un desafío de gestión. La existencia de recintos bajo una ciudad densamente habitada no implica que todos sean accesibles desde los barrios más expuestos ni que estén conectados con servicios esenciales. El refugio solo sería útil si la población puede llegar a él cuando el calor alcanza niveles peligrosos, si su funcionamiento puede sostenerse durante la emergencia y si existen protocolos claros de entrada, permanencia y salida.La protección depende de la planificaciónLa investigación incorpora a vecinos en situación de vulnerabilidad, un elemento decisivo para valorar la propuesta más allá de la temperatura interior. Las personas mayores, quienes padecen enfermedades o quienes no cuentan con vivienda adecuada pueden tener necesidades distintas, desde atención sanitaria hasta agua y acompañamiento. Una solución eficaz tendría que identificar a quién protege, cómo informa a la población y qué alternativas ofrece a quienes no puedan desplazarse.El uso de espacios históricos añade una tensión entre adaptación climática y conservación. La habilitación de accesos, la instalación de ventilación o las modificaciones para garantizar la seguridad podrían afectar recintos de valor patrimonial o arqueológico. Por ello, la evaluación técnica y urbanística tendría que equilibrar la protección de las personas con la preservación del subsuelo, además de aclarar quién asumiría el mantenimiento y la responsabilidad operativa.Roma afronta así una pregunta práctica, no solo arquitectónica: si su subsuelo puede integrarse en una estrategia más amplia contra las olas de calor. El estudio identifica una posibilidad y una escala notable, pero no acredita todavía cuántos espacios podrían adaptarse ni cuándo estarían disponibles. Su aporte inmediato consiste en situar el patrimonio subterráneo dentro del debate sobre resiliencia urbana; convertirlo en refugio dependerá de pruebas, recursos y una planificación que priorice a quienes más necesitan protección.

Una red amplia, pero no necesariamente disponible

La cifra de más de 5.000 lugares censados señala la dimensión del recurso potencial, no el número de refugios utilizables. Catacumbas, cuevas y canteras tienen orígenes, condiciones y usos distintos; algunos espacios pueden ser frágiles, estar cerrados o carecer de entradas adecuadas. Para determinar su viabilidad habría que evaluar, entre otros factores, la estabilidad geológica, la ventilación, la humedad, la evacuación y la capacidad de recibir a personas con movilidad reducida.

Ese inventario plantea también un desafío de gestión. La existencia de recintos bajo una ciudad densamente habitada no implica que todos sean accesibles desde los barrios más expuestos ni que estén conectados con servicios esenciales. El refugio solo sería útil si la población puede llegar a él cuando el calor alcanza niveles peligrosos, si su funcionamiento puede sostenerse durante la emergencia y si existen protocolos claros de entrada, permanencia y salida.

La protección depende de la planificación

La investigación incorpora a vecinos en situación de vulnerabilidad, un elemento decisivo para valorar la propuesta más allá de la temperatura interior. Las personas mayores, quienes padecen enfermedades o quienes no cuentan con vivienda adecuada pueden tener necesidades distintas, desde atención sanitaria hasta agua y acompañamiento. Una solución eficaz tendría que identificar a quién protege, cómo informa a la población y qué alternativas ofrece a quienes no puedan desplazarse.

El uso de espacios históricos añade una tensión entre adaptación climática y conservación. La habilitación de accesos, la instalación de ventilación o las modificaciones para garantizar la seguridad podrían afectar recintos de valor patrimonial o arqueológico. Por ello, la evaluación técnica y urbanística tendría que equilibrar la protección de las personas con la preservación del subsuelo, además de aclarar quién asumiría el mantenimiento y la responsabilidad operativa.

Roma afronta así una pregunta práctica, no solo arquitectónica: si su subsuelo puede integrarse en una estrategia más amplia contra las olas de calor. El estudio identifica una posibilidad y una escala notable, pero no acredita todavía cuántos espacios podrían adaptarse ni cuándo estarían disponibles. Su aporte inmediato consiste en situar el patrimonio subterráneo dentro del debate sobre resiliencia urbana; convertirlo en refugio dependerá de pruebas, recursos y una planificación que priorice a quienes más necesitan protección.