Rubin advierte que una elección de mitad de mandato disputada pondría en riesgo la economía de Estados Unidos

Rubin advierte que una elección de mitad de mandato disputada pondría en riesgo la economía de Estados Unidos

Robert Rubin, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, advirtió que cualquier intento del presidente Donald Trump y sus aliados de interferir en las elecciones legislativas de noviembre de 2026 podría provocar una crisis económica inmediata y deteriorar durante años la confianza en el país. En un análisis publicado este viernes, Rubin sostuvo que la integridad electoral no es únicamente un asunto institucional: también sostiene la inversión, el valor del dólar, la solvencia del Estado y el costo de financiar la deuda pública.

La advertencia llega en un momento de especial vulnerabilidad. La economía será nuevamente una de las principales preocupaciones de los votantes, en un contexto marcado por el costo de vida, la guerra en Irán, los aranceles y una deuda federal creciente. A esos problemas se suma el impacto todavía incierto de la inteligencia artificial. Para Rubin, una disputa electoral agravada por la intervención del Gobierno federal podría transformar esas tensiones acumuladas en una crisis de confianza difícil de contener.

Rubin advierte que una elección de mitad de mandato disputada pondría en riesgo la economía de Estados Unidos

Una advertencia sobre el Estado de derecho

Rubin, que fue secretario del Tesoro entre 1995 y 1999 y actualmente es asesor sénior de Centerview Partners, afirmó que existen dos desenlaces posibles para las elecciones del 3 de noviembre. El primero sería una jornada ordenada, con resultados aceptados y una transición normal. El segundo, que considera suficientemente plausible para exigir una respuesta pública, sería un proceso caótico, acompañado por denuncias de fraude, litigios, presión sobre las autoridades estatales y una eventual negativa a reconocer a legisladores elegidos legalmente.

El ex funcionario enumeró varias medidas que, según su análisis, ya han debilitado las condiciones para unas elecciones libres. Entre ellas mencionó la amplificación de acusaciones falsas de fraude, el recorte de defensas contra la injerencia extranjera y los intentos de presionar a los estados para que adopten una base de datos con errores en la depuración de los padrones electorales.

También señaló temores más extremos: el envío de agentes federales armados a centros de votación, la confiscación de urnas y el uso de un vacío legal relacionado con el secretario de la Cámara de Representantes para impedir la incorporación de miembros demócratas elegidos. Trump, añadió Rubin, tampoco ha descartado invocar la Ley de Insurrección en relación con los comicios de 2026.

El primer impacto sería financiero

La preocupación económica no se basa solo en el posible resultado político, sino en la incertidumbre que generaría el proceso. Las empresas posponen inversiones cuando no pueden anticipar quién ejercerá el poder, qué decisiones serán reconocidas como legítimas o si los tribunales y las autoridades locales podrán hacer cumplir sus fallos. En una economía donde la inversión corporativa ya es débil fuera del sector de la inteligencia artificial, un shock institucional podría profundizar la parálisis.

La Federación Nacional de Empresas Independientes sitúa la incertidumbre de las pequeñas empresas un 32% por encima de su promedio histórico. Ese indicador importa porque las compañías pequeñas suelen reaccionar antes que las grandes a los cambios en el crédito, el consumo y las expectativas. Una crisis electoral prolongada podría traducirse rápidamente en contrataciones congeladas, proyectos aplazados y menor actividad comercial.

Rubin utilizó como referencia el despliegue masivo de agentes de inmigración en Minneapolis desde finales de 2025. Según su estimación, el operativo costó a la ciudad, sus empresas y sus residentes unos 700 millones de dólares. Un periodo prolongado de desorden tras las elecciones, combinado con una intervención federal agresiva, podría generar perturbaciones de escala nacional, con efectos sobre el transporte, el comercio, la actividad local y el consumo.

La deuda amplifica el riesgo

El canal más sensible podría ser el mercado de bonos del Tesoro. El rendimiento del bono a diez años alcanzó recientemente el 5,36%, por encima del nivel registrado después de la crisis financiera de 2008. Rubin vinculó ese aumento, al menos en parte, con la preocupación de los inversores por la trayectoria política y fiscal del país.

Si una disputa electoral pusiera en duda la capacidad del sistema político para resolver sus problemas presupuestarios, los inversores podrían exigir una prima mayor para comprar deuda estadounidense. El resultado sería un incremento del costo de servicio para el Gobierno y, por extensión, de las tasas hipotecarias, los préstamos empresariales y las facturas de las tarjetas de crédito. La presión se transmitiría a hogares y compañías incluso antes de que existiera una resolución definitiva sobre quién controla el Congreso.

La importancia de las elecciones trasciende así la continuidad de un partido en el poder. La tradición de comicios competitivos y transferencias pacíficas permite a los mercados asumir que las reglas seguirán vigentes después de cada ciclo electoral. Esa previsibilidad ayuda a atraer capital extranjero, sostiene la demanda internacional por el dólar y refuerza la percepción de que Estados Unidos pagará sus obligaciones plenamente y a tiempo.

Una reputación difícil de reconstruir

Rubin comparó el riesgo con experiencias de otros países. Un ejecutivo turco citado por el Financial Times explicó que su economía podía soportar una inflación elevada, pero no la falta de Estado de derecho como obstáculo para invertir. Un informe del Departamento de Estado de 2024 identificó problemas similares en China, incluidos los ataques a los derechos de propiedad, la represión de las críticas y las detenciones arbitrarias.

Estados Unidos no tendría que alcanzar esos extremos para sufrir consecuencias. Bastaría con que empresas e inversores comenzaran a considerar que las elecciones pueden ser anuladas, manipuladas o resueltas mediante la fuerza. Esa percepción reduciría el llamado “espíritu animal” de los mercados al que se refirió John Maynard Keynes: la disposición de los ciudadanos y las empresas a asumir riesgos porque confían en el futuro.

Por eso Rubin pidió a líderes empresariales, organizaciones civiles y funcionarios estatales y locales que defiendan públicamente la integridad electoral, apoyen a grupos no partidistas y utilicen su influencia para disuadir cualquier intento de perturbar o desconocer los resultados. Su conclusión tiene una dimensión personal y política: después de más de seis décadas dedicadas a la formulación de políticas económicas, afirmó que nunca imaginó verse obligado a escribir una advertencia de este tipo. Para él, proteger el proceso electoral es también proteger las condiciones que hicieron posible la prosperidad estadounidense.