Moscú ha planteado retomar las negociaciones con Ucrania y Estados Unidos después del 4 de noviembre, fecha en la que Rusia celebra el Día de la Unidad Nacional, en una señal de que el Kremlin pretende reactivar el canal diplomático pese a los aplazamientos y a la falta de avances decisivos en los contactos anteriores. El asesor presidencial ruso Yuri Ushakov afirmó este domingo que Abu Dabi podría acoger una nueva ronda de conversaciones, posiblemente a mediados de noviembre.
“Ahora mismo la próxima fecha importante es el 4 de noviembre, nuestra gran festividad. Después estaríamos dispuestos a reanudar las negociaciones”, declaró Ushakov a la televisión pública rusa RTR. El funcionario presentó el eventual encuentro como una primera oportunidad para recomponer el diálogo, aunque advirtió de que no cabe esperar decisiones de gran alcance desde la primera reunión. A su juicio, las conversaciones trilaterales podrían servir como una “prueba” para valorar las condiciones de una nueva etapa negociadora.
Abu Dabi aparece como sede posible
La elección de Abu Dabi no ha sido confirmada formalmente, pero el nombre de la capital de Emiratos Árabes Unidos ha sido mencionado por varios representantes rusos. Ushakov ya había anticipado que la ciudad podría acoger una reunión con Ucrania y Estados Unidos a mediados de noviembre. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, también la señaló como una sede posible.
La capital emiratí ya estaba vinculada a la agenda diplomática prevista entre las partes. Rusia, Ucrania y Estados Unidos habían programado un nuevo encuentro para los días 5 y 8 de marzo en Emiratos, pero la cita fue aplazada después del ataque de Estados Unidos contra Irán, según la información difundida por la parte rusa. La reprogramación pendiente constituye ahora uno de los antecedentes inmediatos de la propuesta de Ushakov.

La falta de una fecha definitiva refleja que todavía existen obstáculos logísticos y políticos antes de que el diálogo pueda reanudarse. La declaración rusa fija el 4 de noviembre como el primer límite temporal, pero no precisa si Kiev y Washington han aceptado el calendario, ni tampoco qué nivel de representación tendría cada delegación. Tampoco se ha informado de un orden del día cerrado.
Una secuencia de contactos sin acuerdo definitivo
Las tres partes ya se reunieron en formato trilateral los días 23 y 24 de enero, 4 y 5 de febrero y 17 y 18 de febrero. La sucesión de encuentros muestra que el canal de comunicación no ha desaparecido por completo, pero también que las reuniones no han desembocado hasta ahora en un entendimiento capaz de resolver las principales diferencias.
Ushakov subrayó precisamente la limitación de una primera reunión, al señalar que “no se puede decidir mucho” en ese momento. La cautela sugiere que Moscú concibe el próximo encuentro, al menos inicialmente, como un mecanismo para restablecer contactos, identificar posiciones y determinar si existe margen para negociaciones más sustantivas. Esa expectativa reduce el riesgo de presentar la cita como un avance concluido, aunque también evidencia la distancia que separa la reanudación del diálogo de un eventual acuerdo.
En este contexto, la reunión tendría una doble función. Por un lado, permitiría comprobar si Rusia, Ucrania y Estados Unidos pueden mantener una conversación directa después de los aplazamientos. Por otro, serviría para precisar qué asuntos pueden abordarse en formato trilateral y cuáles requieren negociaciones separadas o la participación de otros actores. La propia estructura del diálogo deja ver que Estados Unidos mantiene un papel central en la iniciativa, mientras Ucrania y Rusia continúan siendo las partes directamente enfrentadas.
La posible participación europea
Moscú ha manifestado que estaría dispuesto a incluir a la Unión Europea si esta “aspira con sinceridad a facilitar un acuerdo pacífico”. La fórmula empleada por el Kremlin introduce una condición política y deja abierta la discusión sobre el papel que debería desempeñar el bloque comunitario. Para Rusia, la participación europea dependería de que la Unión actuara como facilitadora; para los países europeos, en cambio, cualquier implicación estaría vinculada a sus propias posiciones sobre la seguridad regional y el conflicto.
La eventual incorporación de la Unión Europea podría ampliar la legitimidad política de las conversaciones, pero también hacer más compleja la definición de una posición común. Los Estados miembros no mantienen necesariamente idénticas prioridades sobre el alcance de un proceso negociador, las garantías de seguridad o las condiciones de un acuerdo. Por ello, la referencia rusa a Europa no equivale todavía a una invitación formal ni permite anticipar el formato concreto de su participación.
Expectativas limitadas ante una nueva ronda
El anuncio ruso llega en un momento en el que la continuidad del diálogo depende de varios factores: la confirmación de Kiev y Washington, la fijación de una sede y una agenda, y la capacidad de las partes para evitar que los desacuerdos sobre el marco político bloqueen el contacto inicial. El aplazamiento de la reunión prevista para marzo demuestra que acontecimientos externos pueden alterar rápidamente el calendario diplomático.
Por ahora, Moscú ha comunicado su disposición a reanudar las conversaciones después del 4 de noviembre, pero no ha presentado públicamente propuestas concretas sobre los asuntos que deberían tratarse ni ha informado de compromisos aceptados por Ucrania o Estados Unidos. La próxima etapa, por tanto, dependerá menos del anuncio en sí que de la respuesta de las otras partes y de la posibilidad de convertir una reunión exploratoria en un proceso sostenido, con objetivos verificables y participación claramente definida.