Inicio / Noticias / Internacional / Sandra G. Martín: la salud bucal debe preceder a la sonrisa estéticaLa odontóloga Sandra G. Martín sostiene que la prioridad del cuidado dental debe ser mantener sana la boca y recuperar su función, antes de buscar una sonrisa más blanca o alineada. La especialista, autora de La salud empieza en tu boca, advierte que respirar, dormir y masticar también forman parte de la salud oral y que sus efectos no se limitan a los dientes. Su recomendación práctica combina higiene constante, atención a encías y lengua, revisiones profesionales y cautela ante remedios difundidos en redes sociales.«La salud siempre va antes que un diente bonito. Biología primero, luego función […] y luego la estética», resume Martín en una entrevista con el medio español El Mundo. La secuencia importa: atender primero el aspecto sin comprobar el estado de los tejidos o la capacidad de morder y masticar puede dejar en segundo plano problemas que afectan al bienestar cotidiano. Para la especialista, el objetivo inicial no es embellecer la sonrisa, sino comprobar que la boca está sana y funciona correctamente.La boca, más allá de los dientesMartín relaciona el cuidado oral con procesos de alcance general. Según explica, la forma de respirar, dormir y masticar, así como el estado del microbioma oral, puede influir en funciones del organismo. Por eso, plantea que los controles no se concentren exclusivamente en las piezas dentales: las encías y los demás tejidos de la boca también deben examinarse. La odontóloga describe la boca como una entrada al cuerpo y señala que la saliva establece una conexión cotidiana con el resto del organismo.Ese enfoque amplía la idea de prevención. Una revisión que solo atienda a la apariencia de los dientes puede pasar por alto molestias, alteraciones en las encías o problemas funcionales. Martín menciona, entre las cuestiones que deben quedar resueltas antes de priorizar la estética, la posibilidad de morder y masticar bien, además de la ausencia de dolores, problemas articulares y secuelas. Su planteamiento no descarta los tratamientos estéticos; los subordina a una evaluación previa de la salud y la función.Una rutina basada en técnica y constanciaEn la higiene diaria, uno de los errores frecuentes es no limpiar todas las caras de los dientes. La especialista aconseja prestar atención a la zona próxima a la base dental y tratar cada pieza de manera individual. Como referencia, calcula que el cepillado completo debería durar alrededor de dos minutos y medio. La cifra, en su planteamiento, no sustituye a una técnica adecuada: dedicar tiempo sirve si se limpian de forma cuidadosa las superficies que suelen quedar desatendidas.La tecnología, incluida la inteligencia artificial, puede aportar herramientas para el diagnóstico, reconoce Martín, pero no reemplaza los hábitos cotidianos. «Lo que importa es la técnica y la constancia en el cepillado», afirma. La distinción es relevante: una herramienta diagnóstica puede ayudar a identificar problemas, mientras que el cuidado diario depende de la práctica sostenida de cada persona. La prevención, por tanto, no se resuelve únicamente en el consultorio ni mediante la incorporación de nuevas tecnologías.También recomienda escoger cepillos de cerdas suaves, secarlos bien después de cada uso y cambiarlos cada dos meses si se utilizan dos o tres veces al día. La razón que ofrece es el desgaste de las cerdas, que con el uso pierden eficacia; las cerdas suaves, además, ayudan a evitar lesiones en las encías. A esta rutina suma dos limpiezas dentales profesionales al año, aunque aclara que la periodicidad puede modificarse cuando una enfermedad exige seguimiento específico.La lengua y la información que circula en internetLa lengua es otro punto que, según Martín, suele quedar fuera de la higiene habitual. La compara con un «pequeño aspirador» que recoge residuos y recomienda limpiarla al levantarse y antes de acostarse, antes de beber agua o enjuagarse. La indicación completa una rutina que a menudo se reduce al cepillado dental, aunque la especialista insiste en que el cuidado bucal comprende más que los dientes.La abundancia de consejos en redes sociales añade un riesgo distinto: prácticas caseras que prometen blanquear los dientes con ingredientes naturales pueden presentarse como inocuas sin que lo sean. Martín aconseja no aceptar automáticamente esas recomendaciones y consultar antes de probar métodos que puedan perjudicar la boca. La advertencia encaja con su prioridad general: una mejora visible no compensa un daño en los tejidos ni reemplaza una evaluación profesional.La estética dental también cambia de significado entre generaciones. Martín observa que algunos jóvenes vuelven a mostrar con orgullo los aparatos metálicos de ortodoncia, antes motivo de burlas. Esa tendencia, sin embargo, no altera el orden que propone para la atención: primero salud y biología, después función y, una vez atendidas ambas, apariencia. La sonrisa bonita puede ser un objetivo legítimo, pero no debería convertirse en medida única de una boca saludable.
Sandra G. Martín: la salud bucal debe preceder a la sonrisa estéticaLa odontóloga Sandra G. Martín sostiene que la prioridad del cuidado dental debe ser mantener sana la boca y recuperar su función, antes de buscar una sonrisa más blanca o alineada. La especialista, autora de La salud empieza en tu boca, advierte que respirar, dormir y masticar también forman parte de la salud oral y que sus efectos no se limitan a los dientes. Su recomendación práctica combina higiene constante, atención a encías y lengua, revisiones profesionales y cautela ante remedios difundidos en redes sociales.«La salud siempre va antes que un diente bonito. Biología primero, luego función […] y luego la estética», resume Martín en una entrevista con el medio español El Mundo. La secuencia importa: atender primero el aspecto sin comprobar el estado de los tejidos o la capacidad de morder y masticar puede dejar en segundo plano problemas que afectan al bienestar cotidiano. Para la especialista, el objetivo inicial no es embellecer la sonrisa, sino comprobar que la boca está sana y funciona correctamente.La boca, más allá de los dientesMartín relaciona el cuidado oral con procesos de alcance general. Según explica, la forma de respirar, dormir y masticar, así como el estado del microbioma oral, puede influir en funciones del organismo. Por eso, plantea que los controles no se concentren exclusivamente en las piezas dentales: las encías y los demás tejidos de la boca también deben examinarse. La odontóloga describe la boca como una entrada al cuerpo y señala que la saliva establece una conexión cotidiana con el resto del organismo.Ese enfoque amplía la idea de prevención. Una revisión que solo atienda a la apariencia de los dientes puede pasar por alto molestias, alteraciones en las encías o problemas funcionales. Martín menciona, entre las cuestiones que deben quedar resueltas antes de priorizar la estética, la posibilidad de morder y masticar bien, además de la ausencia de dolores, problemas articulares y secuelas. Su planteamiento no descarta los tratamientos estéticos; los subordina a una evaluación previa de la salud y la función.Una rutina basada en técnica y constanciaEn la higiene diaria, uno de los errores frecuentes es no limpiar todas las caras de los dientes. La especialista aconseja prestar atención a la zona próxima a la base dental y tratar cada pieza de manera individual. Como referencia, calcula que el cepillado completo debería durar alrededor de dos minutos y medio. La cifra, en su planteamiento, no sustituye a una técnica adecuada: dedicar tiempo sirve si se limpian de forma cuidadosa las superficies que suelen quedar desatendidas.La tecnología, incluida la inteligencia artificial, puede aportar herramientas para el diagnóstico, reconoce Martín, pero no reemplaza los hábitos cotidianos. «Lo que importa es la técnica y la constancia en el cepillado», afirma. La distinción es relevante: una herramienta diagnóstica puede ayudar a identificar problemas, mientras que el cuidado diario depende de la práctica sostenida de cada persona. La prevención, por tanto, no se resuelve únicamente en el consultorio ni mediante la incorporación de nuevas tecnologías.También recomienda escoger cepillos de cerdas suaves, secarlos bien después de cada uso y cambiarlos cada dos meses si se utilizan dos o tres veces al día. La razón que ofrece es el desgaste de las cerdas, que con el uso pierden eficacia; las cerdas suaves, además, ayudan a evitar lesiones en las encías. A esta rutina suma dos limpiezas dentales profesionales al año, aunque aclara que la periodicidad puede modificarse cuando una enfermedad exige seguimiento específico.La lengua y la información que circula en internetLa lengua es otro punto que, según Martín, suele quedar fuera de la higiene habitual. La compara con un «pequeño aspirador» que recoge residuos y recomienda limpiarla al levantarse y antes de acostarse, antes de beber agua o enjuagarse. La indicación completa una rutina que a menudo se reduce al cepillado dental, aunque la especialista insiste en que el cuidado bucal comprende más que los dientes.La abundancia de consejos en redes sociales añade un riesgo distinto: prácticas caseras que prometen blanquear los dientes con ingredientes naturales pueden presentarse como inocuas sin que lo sean. Martín aconseja no aceptar automáticamente esas recomendaciones y consultar antes de probar métodos que puedan perjudicar la boca. La advertencia encaja con su prioridad general: una mejora visible no compensa un daño en los tejidos ni reemplaza una evaluación profesional.La estética dental también cambia de significado entre generaciones. Martín observa que algunos jóvenes vuelven a mostrar con orgullo los aparatos metálicos de ortodoncia, antes motivo de burlas. Esa tendencia, sin embargo, no altera el orden que propone para la atención: primero salud y biología, después función y, una vez atendidas ambas, apariencia. La sonrisa bonita puede ser un objetivo legítimo, pero no debería convertirse en medida única de una boca saludable.
Sandra G. Martín: la salud bucal debe preceder a la sonrisa estética
La odontóloga Sandra G. Martín sostiene que la prioridad del cuidado dental debe ser mantener sana la boca y recuperar su función, antes de buscar una sonrisa más blanca o alineada. La especialista, autora de La salud empieza en tu boca, advierte que respirar, dormir y masticar también forman parte de la salud oral y que sus efectos no se limitan a los dientes. Su recomendación práctica combina higiene constante, atención a encías y lengua, revisiones profesionales y cautela ante remedios difundidos en redes sociales.
«La salud siempre va antes que un diente bonito. Biología primero, luego función […] y luego la estética», resume Martín en una entrevista con el medio español El Mundo. La secuencia importa: atender primero el aspecto sin comprobar el estado de los tejidos o la capacidad de morder y masticar puede dejar en segundo plano problemas que afectan al bienestar cotidiano. Para la especialista, el objetivo inicial no es embellecer la sonrisa, sino comprobar que la boca está sana y funciona correctamente.
![Sandra G. Martín: la salud bucal debe preceder a la sonrisa estéticaLa odontóloga Sandra G. Martín sostiene que la prioridad del cuidado dental debe ser mantener sana la boca y recuperar su función, antes de buscar una sonrisa más blanca o alineada. La especialista, autora de La salud empieza en tu boca, advierte que respirar, dormir y masticar también forman parte de la salud oral y que sus efectos no se limitan a los dientes. Su recomendación práctica combina higiene constante, atención a encías y lengua, revisiones profesionales y cautela ante remedios difundidos en redes sociales.«La salud siempre va antes que un diente bonito. Biología primero, luego función […] y luego la estética», resume Martín en una entrevista con el medio español El Mundo. La secuencia importa: atender primero el aspecto sin comprobar el estado de los tejidos o la capacidad de morder y masticar puede dejar en segundo plano problemas que afectan al bienestar cotidiano. Para la especialista, el objetivo inicial no es embellecer la sonrisa, sino comprobar que la boca está sana y funciona correctamente.La boca, más allá de los dientesMartín relaciona el cuidado oral con procesos de alcance general. Según explica, la forma de respirar, dormir y masticar, así como el estado del microbioma oral, puede influir en funciones del organismo. Por eso, plantea que los controles no se concentren exclusivamente en las piezas dentales: las encías y los demás tejidos de la boca también deben examinarse. La odontóloga describe la boca como una entrada al cuerpo y señala que la saliva establece una conexión cotidiana con el resto del organismo.Ese enfoque amplía la idea de prevención. Una revisión que solo atienda a la apariencia de los dientes puede pasar por alto molestias, alteraciones en las encías o problemas funcionales. Martín menciona, entre las cuestiones que deben quedar resueltas antes de priorizar la estética, la posibilidad de morder y masticar bien, además de la ausencia de dolores, problemas articulares y secuelas. Su planteamiento no descarta los tratamientos estéticos; los subordina a una evaluación previa de la salud y la función.Una rutina basada en técnica y constanciaEn la higiene diaria, uno de los errores frecuentes es no limpiar todas las caras de los dientes. La especialista aconseja prestar atención a la zona próxima a la base dental y tratar cada pieza de manera individual. Como referencia, calcula que el cepillado completo debería durar alrededor de dos minutos y medio. La cifra, en su planteamiento, no sustituye a una técnica adecuada: dedicar tiempo sirve si se limpian de forma cuidadosa las superficies que suelen quedar desatendidas.La tecnología, incluida la inteligencia artificial, puede aportar herramientas para el diagnóstico, reconoce Martín, pero no reemplaza los hábitos cotidianos. «Lo que importa es la técnica y la constancia en el cepillado», afirma. La distinción es relevante: una herramienta diagnóstica puede ayudar a identificar problemas, mientras que el cuidado diario depende de la práctica sostenida de cada persona. La prevención, por tanto, no se resuelve únicamente en el consultorio ni mediante la incorporación de nuevas tecnologías.También recomienda escoger cepillos de cerdas suaves, secarlos bien después de cada uso y cambiarlos cada dos meses si se utilizan dos o tres veces al día. La razón que ofrece es el desgaste de las cerdas, que con el uso pierden eficacia; las cerdas suaves, además, ayudan a evitar lesiones en las encías. A esta rutina suma dos limpiezas dentales profesionales al año, aunque aclara que la periodicidad puede modificarse cuando una enfermedad exige seguimiento específico.La lengua y la información que circula en internetLa lengua es otro punto que, según Martín, suele quedar fuera de la higiene habitual. La compara con un «pequeño aspirador» que recoge residuos y recomienda limpiarla al levantarse y antes de acostarse, antes de beber agua o enjuagarse. La indicación completa una rutina que a menudo se reduce al cepillado dental, aunque la especialista insiste en que el cuidado bucal comprende más que los dientes.La abundancia de consejos en redes sociales añade un riesgo distinto: prácticas caseras que prometen blanquear los dientes con ingredientes naturales pueden presentarse como inocuas sin que lo sean. Martín aconseja no aceptar automáticamente esas recomendaciones y consultar antes de probar métodos que puedan perjudicar la boca. La advertencia encaja con su prioridad general: una mejora visible no compensa un daño en los tejidos ni reemplaza una evaluación profesional.La estética dental también cambia de significado entre generaciones. Martín observa que algunos jóvenes vuelven a mostrar con orgullo los aparatos metálicos de ortodoncia, antes motivo de burlas. Esa tendencia, sin embargo, no altera el orden que propone para la atención: primero salud y biología, después función y, una vez atendidas ambas, apariencia. La sonrisa bonita puede ser un objetivo legítimo, pero no debería convertirse en medida única de una boca saludable. Sandra G. Martín: la salud bucal debe preceder a la sonrisa estéticaLa odontóloga Sandra G. Martín sostiene que la prioridad del cuidado dental debe ser mantener sana la boca y recuperar su función, antes de buscar una sonrisa más blanca o alineada. La especialista, autora de La salud empieza en tu boca, advierte que respirar, dormir y masticar también forman parte de la salud oral y que sus efectos no se limitan a los dientes. Su recomendación práctica combina higiene constante, atención a encías y lengua, revisiones profesionales y cautela ante remedios difundidos en redes sociales.«La salud siempre va antes que un diente bonito. Biología primero, luego función […] y luego la estética», resume Martín en una entrevista con el medio español El Mundo. La secuencia importa: atender primero el aspecto sin comprobar el estado de los tejidos o la capacidad de morder y masticar puede dejar en segundo plano problemas que afectan al bienestar cotidiano. Para la especialista, el objetivo inicial no es embellecer la sonrisa, sino comprobar que la boca está sana y funciona correctamente.La boca, más allá de los dientesMartín relaciona el cuidado oral con procesos de alcance general. Según explica, la forma de respirar, dormir y masticar, así como el estado del microbioma oral, puede influir en funciones del organismo. Por eso, plantea que los controles no se concentren exclusivamente en las piezas dentales: las encías y los demás tejidos de la boca también deben examinarse. La odontóloga describe la boca como una entrada al cuerpo y señala que la saliva establece una conexión cotidiana con el resto del organismo.Ese enfoque amplía la idea de prevención. Una revisión que solo atienda a la apariencia de los dientes puede pasar por alto molestias, alteraciones en las encías o problemas funcionales. Martín menciona, entre las cuestiones que deben quedar resueltas antes de priorizar la estética, la posibilidad de morder y masticar bien, además de la ausencia de dolores, problemas articulares y secuelas. Su planteamiento no descarta los tratamientos estéticos; los subordina a una evaluación previa de la salud y la función.Una rutina basada en técnica y constanciaEn la higiene diaria, uno de los errores frecuentes es no limpiar todas las caras de los dientes. La especialista aconseja prestar atención a la zona próxima a la base dental y tratar cada pieza de manera individual. Como referencia, calcula que el cepillado completo debería durar alrededor de dos minutos y medio. La cifra, en su planteamiento, no sustituye a una técnica adecuada: dedicar tiempo sirve si se limpian de forma cuidadosa las superficies que suelen quedar desatendidas.La tecnología, incluida la inteligencia artificial, puede aportar herramientas para el diagnóstico, reconoce Martín, pero no reemplaza los hábitos cotidianos. «Lo que importa es la técnica y la constancia en el cepillado», afirma. La distinción es relevante: una herramienta diagnóstica puede ayudar a identificar problemas, mientras que el cuidado diario depende de la práctica sostenida de cada persona. La prevención, por tanto, no se resuelve únicamente en el consultorio ni mediante la incorporación de nuevas tecnologías.También recomienda escoger cepillos de cerdas suaves, secarlos bien después de cada uso y cambiarlos cada dos meses si se utilizan dos o tres veces al día. La razón que ofrece es el desgaste de las cerdas, que con el uso pierden eficacia; las cerdas suaves, además, ayudan a evitar lesiones en las encías. A esta rutina suma dos limpiezas dentales profesionales al año, aunque aclara que la periodicidad puede modificarse cuando una enfermedad exige seguimiento específico.La lengua y la información que circula en internetLa lengua es otro punto que, según Martín, suele quedar fuera de la higiene habitual. La compara con un «pequeño aspirador» que recoge residuos y recomienda limpiarla al levantarse y antes de acostarse, antes de beber agua o enjuagarse. La indicación completa una rutina que a menudo se reduce al cepillado dental, aunque la especialista insiste en que el cuidado bucal comprende más que los dientes.La abundancia de consejos en redes sociales añade un riesgo distinto: prácticas caseras que prometen blanquear los dientes con ingredientes naturales pueden presentarse como inocuas sin que lo sean. Martín aconseja no aceptar automáticamente esas recomendaciones y consultar antes de probar métodos que puedan perjudicar la boca. La advertencia encaja con su prioridad general: una mejora visible no compensa un daño en los tejidos ni reemplaza una evaluación profesional.La estética dental también cambia de significado entre generaciones. Martín observa que algunos jóvenes vuelven a mostrar con orgullo los aparatos metálicos de ortodoncia, antes motivo de burlas. Esa tendencia, sin embargo, no altera el orden que propone para la atención: primero salud y biología, después función y, una vez atendidas ambas, apariencia. La sonrisa bonita puede ser un objetivo legítimo, pero no debería convertirse en medida única de una boca saludable.](https://free.imagestorage.vip/www.sentinelradiant.com.mx/_shared/Noticias.jpg)
La boca, más allá de los dientes
Martín relaciona el cuidado oral con procesos de alcance general. Según explica, la forma de respirar, dormir y masticar, así como el estado del microbioma oral, puede influir en funciones del organismo. Por eso, plantea que los controles no se concentren exclusivamente en las piezas dentales: las encías y los demás tejidos de la boca también deben examinarse. La odontóloga describe la boca como una entrada al cuerpo y señala que la saliva establece una conexión cotidiana con el resto del organismo.
Ese enfoque amplía la idea de prevención. Una revisión que solo atienda a la apariencia de los dientes puede pasar por alto molestias, alteraciones en las encías o problemas funcionales. Martín menciona, entre las cuestiones que deben quedar resueltas antes de priorizar la estética, la posibilidad de morder y masticar bien, además de la ausencia de dolores, problemas articulares y secuelas. Su planteamiento no descarta los tratamientos estéticos; los subordina a una evaluación previa de la salud y la función.
Una rutina basada en técnica y constancia
En la higiene diaria, uno de los errores frecuentes es no limpiar todas las caras de los dientes. La especialista aconseja prestar atención a la zona próxima a la base dental y tratar cada pieza de manera individual. Como referencia, calcula que el cepillado completo debería durar alrededor de dos minutos y medio. La cifra, en su planteamiento, no sustituye a una técnica adecuada: dedicar tiempo sirve si se limpian de forma cuidadosa las superficies que suelen quedar desatendidas.
La tecnología, incluida la inteligencia artificial, puede aportar herramientas para el diagnóstico, reconoce Martín, pero no reemplaza los hábitos cotidianos. «Lo que importa es la técnica y la constancia en el cepillado», afirma. La distinción es relevante: una herramienta diagnóstica puede ayudar a identificar problemas, mientras que el cuidado diario depende de la práctica sostenida de cada persona. La prevención, por tanto, no se resuelve únicamente en el consultorio ni mediante la incorporación de nuevas tecnologías.
También recomienda escoger cepillos de cerdas suaves, secarlos bien después de cada uso y cambiarlos cada dos meses si se utilizan dos o tres veces al día. La razón que ofrece es el desgaste de las cerdas, que con el uso pierden eficacia; las cerdas suaves, además, ayudan a evitar lesiones en las encías. A esta rutina suma dos limpiezas dentales profesionales al año, aunque aclara que la periodicidad puede modificarse cuando una enfermedad exige seguimiento específico.
La lengua y la información que circula en internet
La lengua es otro punto que, según Martín, suele quedar fuera de la higiene habitual. La compara con un «pequeño aspirador» que recoge residuos y recomienda limpiarla al levantarse y antes de acostarse, antes de beber agua o enjuagarse. La indicación completa una rutina que a menudo se reduce al cepillado dental, aunque la especialista insiste en que el cuidado bucal comprende más que los dientes.
La abundancia de consejos en redes sociales añade un riesgo distinto: prácticas caseras que prometen blanquear los dientes con ingredientes naturales pueden presentarse como inocuas sin que lo sean. Martín aconseja no aceptar automáticamente esas recomendaciones y consultar antes de probar métodos que puedan perjudicar la boca. La advertencia encaja con su prioridad general: una mejora visible no compensa un daño en los tejidos ni reemplaza una evaluación profesional.
La estética dental también cambia de significado entre generaciones. Martín observa que algunos jóvenes vuelven a mostrar con orgullo los aparatos metálicos de ortodoncia, antes motivo de burlas. Esa tendencia, sin embargo, no altera el orden que propone para la atención: primero salud y biología, después función y, una vez atendidas ambas, apariencia. La sonrisa bonita puede ser un objetivo legítimo, pero no debería convertirse en medida única de una boca saludable.