En Medellín, el recorrido de Scifu —nombre artístico de Sara Cifuentes— condensa un cambio en la manera de entender dónde empieza y termina una obra. Su exposición individual Soft as fuck forever, abierta en la galería Base, en el barrio Perpetuo Socorro, reúne pinturas, cerámicas, vitrales, prendas y objetos impresos. Pero su importancia no depende solo de la variedad: la muestra hace visible el tránsito de una práctica nacida en los muros hacia un espacio expositivo que, a su vez, busca relacionarse con la calle.
La artista comenzó pintando en el espacio público. Su delfín rosado, una imagen reconocible en distintos puntos de la ciudad, permite seguir ese proceso: una figura que se desplaza entre el muro, el papel y otros soportes sin perder su capacidad de acercarse a públicos distintos. La exposición, su segunda individual y la más extensa hasta ahora, revisa esa trayectoria. Sus obras van de dibujos pequeños, trazados con lápiz, a pinturas monumentales, además de piezas de cerámica y productos concebidos para circular fuera de la galería.

Del muro al espacio compartido
Ese desplazamiento ocurre en dos direcciones. El grafiti entra a la galería, donde puede ser observado junto a otros medios, y el arte sale de ella mediante camisetas, afiches, adhesivos y objetos cotidianos. Base, definida como una tienda-galería, propone un formato híbrido: no separa por completo la contemplación artística del intercambio comercial ni de la circulación urbana. Así, la obra no queda limitada a quienes acostumbran visitar museos o galerías.
La operación tiene implicaciones para una ciudad cuya relación con el arte callejero ha estado marcada por la apropiación de muros, la visibilidad de los barrios y las disputas sobre el uso del espacio público. La exposición no resuelve esas tensiones, pero sí las vuelve legibles: mostrar grafiti en una galería puede ampliar su reconocimiento y preservar parte de su recorrido; al mismo tiempo, plantea qué ocurre cuando una expresión vinculada a la calle pasa a un entorno curado y comercial. La respuesta no es necesariamente una pérdida de autenticidad. Depende de si el cambio de lugar amplía las audiencias y sostiene el trabajo de la artista sin borrar las condiciones que dieron origen a las imágenes.
La ternura como posición estética
El eje de la muestra es la ternura, entendida por Scifu no como sinónimo de ingenuidad ni como atributo exclusivo de la infancia, sino como una forma de vivir y relacionarse. La curaduría de Andrea Yepes Cuartas describe un interior apacible desde el cual mirar y presenta la suavidad como una afirmación. En una cultura visual donde la atención suele capturarse mediante el impacto, la confrontación o la ironía, elegir imágenes accesibles y afectuosas constituye una decisión estética, pero también una toma de posición.
La artista explica que quiere que un niño pueda comprender su obra y que un adulto también encuentre en ella algo reconocible. El delfín funciona como ejemplo concreto: es una figura legible sin mediaciones especializadas, capaz de convocar una respuesta antes de que el espectador conozca el recorrido de la artista o el discurso curatorial. Esa entrada sencilla no implica que la obra sea simple. La exposición reúne formatos diversos y parte de anotaciones, frases y dibujos en agendas, que luego pasan del papel a la calle y la galería. La sencillez de la imagen convive así con un proceso sostenido de exploración.
Acceso, circulación y límites
El caso también señala una tensión relevante para el arte contemporáneo: ampliar el acceso sin reducir la obra a una marca. La colaboración de Scifu con artistas y organizaciones, entre ellas la Fundación Con Cora, y la presencia de objetos asociados a la exposición muestran que su práctica ya circula por redes que exceden el circuito tradicional. Esas alianzas pueden facilitar recursos y llegar a públicos nuevos. También hacen más importante distinguir entre la difusión de una imagen y la participación real de una artista en las decisiones, los ingresos y el contexto de presentación.
La cerveza propia de la muestra y las prendas no son detalles aislados: evidencian cómo una exposición puede prolongar su presencia en la vida diaria. Ese modelo abre oportunidades para que artistas con raíces en la calle encuentren formas de sostener su trabajo, pero no garantiza por sí solo condiciones laborales estables ni acceso equitativo a las instituciones. La circulación de objetos gana sentido cultural cuando conserva una relación reconocible con las ideas y el proceso que les dieron origen, en lugar de limitarse a reproducir una imagen atractiva.
Diez años después de iniciar su proyecto, Scifu presenta una trayectoria en la que la intuición individual se conecta con espacios colectivos. Su apuesta por la ternura no pretende reemplazar otras formas de crítica ni negar los conflictos de la ciudad. Propone, más bien, que la sensibilidad también puede ocupar el espacio público y que una obra accesible puede sostener preguntas complejas sobre pertenencia, circulación y reconocimiento. El alcance duradero de Soft as fuck forever dependerá de que ese tránsito entre muro y galería siga abriendo lugares para la creación, sin convertir la suavidad en una fórmula vacía ni la calle en mero decorado.