Las elecciones serbias del domingo llegan marcadas por una disputa que va mucho más allá de la pugna entre partidos: quién controla el relato público y en qué condiciones pueden los ciudadanos formarse una opinión. La Unión Europea, Naciones Unidas, la OSCE y varias organizaciones de defensa de la prensa han advertido de un deterioro del pluralismo, mientras el movimiento estudiantil intenta desafiar al aparato político encabezado por Aleksandar Vucic. En este contexto, la campaña electoral se desarrolla con una oposición desplazada de los medios tradicionales, una radiotelevisión pública desequilibrada y un espacio digital convertido en su principal vía de comunicación.
El 93 % de la información electoral, para el Gobierno
El dato que mejor resume la asimetría mediática procede de la organización CRTA: la radiotelevisión pública RTS dedicó el 93 % de su tiempo informativo electoral al Gobierno y al mandatario, frente a apenas un 7 % para la oposición. Cuando se incorporan las cadenas privadas, la presencia opositora aumenta hasta el 15 %, pero sigue lejos de representar una competencia equilibrada. No se trata únicamente de una diferencia cuantitativa. La exposición constante permite al poder fijar los temas de campaña, definir a sus adversarios y presentar sus propios argumentos sin una contestación equivalente.
La visibilidad de Vucic ilustra esa ventaja. Durante los primeros once días de campaña apareció 17 veces en televisión en directo y, en lo que va de año, ha pronunciado alrededor de 500 discursos televisados. Aunque dimitió como presidente el mes pasado para concurrir como candidato a primer ministro, su presencia pública continúa funcionando como la de un jefe de Estado con acceso privilegiado a los principales canales nacionales. CRTA considera que este desequilibrio es una de las características centrales del entorno electoral serbio.

La Lista de los Estudiantes compite sin el escenario tradicional
La llamada Lista de los Estudiantes se enfrenta a una barrera estructural: los medios tradicionales le niegan un espacio comparable al que disfruta el partido SNS de Vucic. La respuesta ha sido trasladar buena parte de la campaña a las redes sociales, donde el movimiento ha encontrado una audiencia propia y una forma de sortear la intermediación de las televisiones. Los expertos consultados no han identificado, por ahora, una manipulación de plataformas de la dimensión observada en otros países, pero la dependencia de los canales digitales también revela la fragilidad del sistema: una candidatura nacional no debería necesitar abandonar los medios de mayor alcance para ser escuchada.
La presión no se limita a la falta de cobertura. CRTA denuncia una campaña de difamación contra la oposición, los actores independientes y las organizaciones que documentan el proceso electoral. Sus responsables son presentados como parte del supuesto caos provocado por las protestas pacíficas de los estudiantes. La acusación política convierte así una movilización social en un problema de seguridad o de estabilidad nacional, y desplaza el debate desde las demandas de los manifestantes hacia su presunta relación con intereses extranjeros.
La pérdida de medios independientes amenaza la noche electoral
El caso de las televisiones Nova S y N1 añade una dimensión decisiva. Ambas eran consideradas las últimas cadenas independientes de relevancia en Serbia y han sido adquiridas por Alpac Capital, propietaria de Euronews y vinculada por algunas ONG al entorno del ex primer ministro húngaro Viktor Orbán y a Telekom Srbija, empresa estatal bajo control de Vucic. La propiedad, por sí sola, no demuestra una intervención editorial; sin embargo, el cambio reciente de redactores jefes ha intensificado las dudas sobre el futuro de esas redacciones.
El secretario general de la Federación Europea de Periodistas, Ricardo Gutiérrez, calificó la operación de “toma brutal” y afirmó que se había colocado a un propagandista al frente de una de las cadenas, en un clima de temor. Diez periodistas destacados de N1 han dimitido. El impacto puede ser especialmente visible el domingo: si la salida de profesionales reduce la capacidad de cobertura, los votantes podrían afrontar el recuento sin una fuente independiente con recursos suficientes para verificar resultados, irregularidades o denuncias de presión.
Las advertencias internacionales dibujan un deterioro acumulativo
Las alertas externas apuntan a un problema que no se agota en la cobertura electoral. La OSCE ha documentado denuncias de ataques, campañas de desprestigio y obstáculos al trabajo periodístico. Naciones Unidas ha expresado preocupación por el uso de programas espía y de vigilancia digital contra periodistas, activistas estudiantiles y figuras de la oposición. El comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Michael O’Flaherty, describió un “deterioro repentino” asociado al maltrato de periodistas, la impunidad ante agresiones policiales y el empleo de demandas judiciales abusivas contra medios críticos.
La posición de Serbia en la clasificación más reciente de Reporteros Sin Fronteras refuerza esa tendencia: ocupa el puesto 104 de 180 países, su peor resultado desde que existe el índice y el último lugar entre los países balcánicos. El Gobierno y el SNS rechazan las acusaciones y sostienen que sus adversarios participan en una operación encubierta financiada desde el extranjero para desestabilizar el país. Al mismo tiempo, Belgrado mantiene abiertas las operaciones de Russia Today y Sputnik pese a no haberse sumado a las sanciones occidentales contra Rusia, lo que amplía la circulación de mensajes prorrusos y antioccidentales.
La paradoja de esta elección es que Vucic conoce de primera mano el poder político de los medios: era ministro de Información cuando las protestas que terminaron forzando la caída de Slobodan Milosevic en 2000 demostraron la importancia de romper el monopolio oficial del relato. Ahora, la batalla se libra bajo condiciones distintas, pero con la misma cuestión de fondo. El resultado en las urnas importará, pero también la calidad de la información disponible antes de votar y la posibilidad de comprobar el recuento después. Sin pluralidad mediática, la competencia electoral puede conservar su apariencia formal mientras pierde buena parte de su sustancia democrática.