Serbia convierte el descontento juvenil en una prueba decisiva para el poder de Vučić

Serbia convierte el descontento juvenil en una prueba decisiva para el poder de Vučić

Serbia afronta este domingo unas elecciones parlamentarias que pueden marcar el rumbo político del país después de casi dos años de protestas. La movilización, iniciada tras el derrumbe de la marquesina de la estación de Novi Sad en noviembre de 2024, que causó 16 muertos, ha trasladado sus principales demandas de las calles a las urnas: combatir la corrupción, exigir responsabilidades y recuperar unas instituciones sometidas durante años a una fuerte concentración de poder.

El movimiento estudiantil concurre con una candidatura propia, la Lista de los Estudiantes, integrada por 250 candidatos, el mismo número de escaños del Parlamento. Aunque ningún estudiante ocupa formalmente un puesto en la lista, la campaña ha sido organizada y sostenida por ellos. La fórmula pretende evitar acusaciones de oportunismo y presentar a profesores y profesionales independientes como una alternativa cívica antes que partidista.

Una elección nacida de la calle

Igor Stanković, estudiante de ingeniería técnica de 21 años, llegó a Belgrado después de recorrer a pie los kilómetros que separan la capital de Novi Sad. Durante meses durmió en el suelo de una facultad ocupada y ahora coordina la formación de 500 observadores electorales en la región de Voivodina. Su advertencia resume la dimensión existencial que muchos jóvenes atribuyen a estos comicios: si la lista estudiantil pierde, afirma, abandonará Serbia porque no espera que las condiciones de vida mejoren.

La campaña ha convertido esa frustración individual en una red de organización territorial. Dana Rodić, estudiante de Ingeniería Alimentaria, ha cambiado los laboratorios por las visitas puerta a puerta. Ha recorrido distintas localidades para explicar el programa y escuchar a familias cuyos hijos o parientes ya emigraron. El contacto directo ha permitido a los estudiantes llegar a sectores que no participan habitualmente en las protestas y transformar una movilización generacional en una alianza social más amplia.

Serbia convierte el descontento juvenil en una prueba decisiva para el poder de Vučić

El desgaste demográfico detrás del voto

El malestar no se limita al accidente de Novi Sad ni a la disputa entre el Gobierno y los estudiantes. Entre 2013 y 2024, alrededor de medio millón de serbios abandonaron el país, mientras que el 49% de los jóvenes declara que planea emigrar. La posibilidad de una nueva salida masiva convierte la elección en algo más que un cambio de mayoría parlamentaria: también es un referéndum informal sobre la capacidad del Estado para ofrecer perspectivas de futuro.

El rechazo a Aleksandar Vučić es especialmente intenso entre los menores de 30 años. Sin embargo, el Partido Progresista Serbio, SNS, conserva una base sólida entre los votantes de mayor edad y con menor nivel educativo, un sector que recibe buena parte de su información a través de medios progubernamentales. La fractura generacional se combina así con una brecha informativa y territorial que puede dificultar que el impulso de las calles se traduzca en una mayoría electoral.

Una campaña marcada por la desigualdad

La oposición estudiantil se ha enfrentado a una estructura oficialista con amplio control de los recursos políticos y mediáticos. Según la organización cívica CRTA, el SNS ha movilizado a empleados públicos para sus actos, ha instalado puestos y contramítines junto a las concentraciones estudiantiles y ha presentado las protestas como una “revolución de colores” impulsada desde el extranjero.

La cobertura televisiva ha reflejado esa asimetría. El oficialismo habría acaparado casi tres cuartas partes del tiempo de los informativos, mientras la candidatura estudiantil era retratada de forma sistemáticamente hostil. Al no disponer de una plataforma mediática comparable, los opositores han recurrido a las visitas domiciliarias, las marchas en bicicleta y las grandes caminatas. El mitin celebrado el jueves en Belgrado mostró que la movilización puede llenar las calles, pero no resuelve por sí sola la desigual distribución de visibilidad durante la campaña.

La situación de los medios independientes añade otra capa de incertidumbre. Las televisiones N1 y Nova S, el diario Danas y el semanario Radar fueron adquiridos recientemente por el fondo portugués Alpac Capital, operación cuestionada por sus posibles vínculos con el poder. En un sistema donde la televisión sigue siendo decisiva para los votantes de mayor edad, la concentración de los canales de información puede influir tanto en la percepción de los resultados como en la capacidad de la oposición para defenderlos.

Vučić busca conservar el control del tablero

Vučić domina la política serbia desde hace más de una década y mantiene una influencia determinante sobre el aparato estatal y la comunicación pública. Su experiencia como ministro de Información durante la etapa de Slobodan Milošević le proporcionó un conocimiento temprano de las técnicas de propaganda y de la gestión política de la confrontación.

En esta ocasión dimitió tácticamente de la presidencia para encabezar la lista del SNS como candidato a primer ministro, pese a que todavía le quedaban más de siete meses de mandato presidencial. El movimiento le permite presentar la elección como una disputa directa sobre su liderazgo y mantener el centro de gravedad de la campaña en su figura. La operación también reduce el margen para que el oficialismo sea interpretado como una estructura partidista separada del dirigente.

El ECFR considera que la Lista de los Estudiantes es la oposición más creíble que ha afrontado Vučić. Al mismo tiempo, sus estimaciones apuntan a la incorporación de 500.000 votantes sin domicilio actualizado al censo, un dato que la oposición observa con preocupación por sus posibles efectos sobre la transparencia del proceso. A ello se suma el temor ciudadano al uso de la fuerza: cuatro de cada cinco menores de 30 años expresan inquietud por la actuación policial contra los manifestantes, según una encuesta del Democracy Action Lab de Stanford.

El resultado puede abrir varios escenarios

Ivan Đurić, analista de CRTA, describe una campaña tensa y violenta, con 116 incidentes graves registrados en 34 ciudades. La organización de observadores y la vigilancia del escrutinio serán, por tanto, tan importantes como el recuento oficial. Una victoria clara de Vučić podría mantener el equilibrio institucional actual, pero difícilmente cerraría el conflicto social si persisten las acusaciones de corrupción y abuso de recursos públicos.

Una victoria convincente de la oposición, en cambio, no garantizaría una transición ordenada. La Lista de los Estudiantes carece de la experiencia de una maquinaria partidista tradicional y tendría que transformar una coalición de protesta en una mayoría capaz de gobernar. El escenario más delicado sería un resultado disputado, con denuncias de irregularidades, protestas renovadas y bloqueo institucional. La movilización de profesores, agricultores, ecologistas y activistas indica que el descontento ya supera el ámbito universitario, pero también eleva el coste de cualquier respuesta represiva.

La elección decidirá quién ocupa los escaños, pero su alcance excede la aritmética parlamentaria. Si los jóvenes comprueban que la participación puede modificar el poder, Serbia entrará en una etapa de competencia política más abierta. Si el sistema absorbe o neutraliza el desafío, la consecuencia más probable será una nueva oleada de emigración y una pérdida adicional de confianza en las instituciones. En ambos casos, Europa tendrá que prestar atención a un país cuya crisis democrática ya no puede considerarse un asunto exclusivamente interno.