Serbia vota este domingo en unas elecciones legislativas anticipadas que pueden convertirse en el mayor desafío político para Aleksandar Vucic desde que se consolidó como la figura dominante del país. El pulso enfrenta a la Lista Serbia Unida, vinculada al antiguo primer ministro y actual presidente, con una candidatura estudiantil que ha canalizado dos años de protestas y aspira a transformar una movilización social sin precedentes recientes en una alternativa de poder.
La disputa se presenta como un enfrentamiento prácticamente a dos bandas. Los demás partidos opositores podrían desempeñar un papel decisivo solo si ninguna de las listas alcanza una mayoría suficiente para gobernar. Por eso, el resultado no medirá únicamente la fuerza electoral de cada bloque: también determinará si el sistema político serbio conserva el modelo de concentración de poder construido por Vucic o abre una etapa de recomposición institucional.
Una campaña marcada por la movilización
El cierre de campaña estudiantil, celebrado el jueves en la plaza Slavija de Belgrado, reunió a unas 150.000 personas bajo el lema “Serbia o mafia”. La consigna resumía las acusaciones de corrupción, clientelismo y subordinación de las instituciones al poder político que han impulsado las protestas. “Se percibe una gran movilización social”, afirma el politólogo Aleksandar Djokic, quien compara el ambiente actual con el que precedió a la caída de Slobodan Milosevic en el año 2000.
La dimensión de la movilización explica parte del optimismo que recorre al movimiento. Aleksandra, estudiante de Novi Sad, relata que muchos universitarios caminaron hasta la capital para asistir al acto. La mezcla de cansancio, esperanza y solidaridad, cuenta, convirtió el trayecto en una experiencia política colectiva. Su impresión de que “todo parece una victoria” refleja el estado de ánimo de una generación que, hasta ahora, veía las elecciones como un mecanismo incapaz de alterar el equilibrio de poder.

Sin embargo, la movilización no garantiza por sí sola una victoria. La participación será determinante, especialmente entre los ciudadanos que se han abstenido en anteriores comicios por desconfianza hacia los partidos tradicionales. El movimiento estudiantil necesita convertir la protesta, más fácil de expresar en las calles, en votos efectivos dentro de un proceso que sus simpatizantes consideran sometido a fuertes presiones.
El accidente que cambió el calendario político
El origen de la crisis se encuentra en Novi Sad. El 1 de noviembre de 2024, el desplome de una marquesina en una estación de tren recién renovada causó 16 muertos. La tragedia desencadenó primero demandas de transparencia y responsabilidades, pero pronto se transformó en una impugnación más amplia del funcionamiento del Estado. Para los manifestantes, el accidente simbolizó una cadena de negligencias protegidas por relaciones políticas y falta de rendición de cuentas.
Las protestas crecieron hasta exigir elecciones anticipadas. Vucic, entonces presidente, convocó los comicios en septiembre y anunció que concurriría como candidato a primer ministro, recuperando un cargo que ya había ocupado. El cambio de posición le permite conservar la dirección efectiva del aparato político sin presentarse formalmente a una nueva elección presidencial, una maniobra que recuerda a la alternancia institucional utilizada por Vladimir Putin en Rusia.
Los estudiantes esperaron a que se convocaran las elecciones para presentar su propia lista. Sus candidatos fueron escogidos mediante asambleas en las facultades y se mantuvieron en secreto hasta el último momento por razones de seguridad. La candidatura no funciona como un partido convencional: el cardiólogo Ilija Srdanovic figura en el primer puesto, pero no es el líder del movimiento ni tendría necesariamente que convertirse en primer ministro si la lista obtiene la victoria.
La fuerza de rechazar un líder
Esa estructura pretende ser una respuesta directa al personalismo de Vucic. El movimiento quiere demostrar que una organización política puede representar a una sociedad sin concentrarse en una sola figura. Pero esa misma característica contiene su principal incógnita. Adnan Cerimagic, de la Iniciativa Europea de Estabilidad, señala que el desafío decisivo llegará después de las elecciones: transformar el rechazo a los liderazgos individuales en una plataforma capaz de gobernar o de ejercer una oposición eficaz.
La pregunta afecta también a su programa. Los estudiantes han unido a sectores diversos alrededor de la transparencia y la responsabilidad institucional, pero todavía deben definir mecanismos de liderazgo, control interno, posición ante la integración europea y política exterior. Naim Leo Berisi, director del Instituto de Asuntos Europeos, advierte de que rechazar a un líder único puede ser legítimo, mientras que evitar una responsabilidad política claramente identificable terminaría debilitando la credibilidad de cualquier resultado.
Un voto bajo sospecha
La tensión no se limita a la competencia entre listas. El CRTA, principal organización independiente de observación electoral y defensa de la transparencia en Serbia, contabilizó hasta el 16 de octubre 116 incidentes de violencia física y amenazas verbales. También denunció un desequilibrio creciente en los medios, tanto públicos como privados, favorable al Gobierno.
Su portavoz, Bozana Opacic, asegura que se han registrado detenciones, contramanifestaciones, presiones y campañas de descrédito contra los observadores. En más de 250 casos, añade, puestos de trabajo, contratos, ayudas o servicios públicos habrían sido utilizados como instrumentos de coacción, sobre todo en empresas e instituciones estatales. El Gobierno y los medios afines han acusado a organizaciones independientes de preparar una “revolución de colores” impulsada desde Occidente y han cuestionado incluso la credibilidad de observadores internacionales.
Ese clima introduce un segundo riesgo: que las conclusiones independientes sobre la jornada sean rechazadas antes de publicarse. La periodista Sofija Popovic describe a una ciudadanía impaciente por votar, pero también preparada para sospechar de una posible manipulación del proceso o del recuento. El optimismo y la inquietud conviven porque la elección se percibe como decisiva, pero no necesariamente como plenamente confiable.
El final de un modelo político
Más allá del resultado inmediato, la campaña ha alterado la imagen de Vucic. Durante años fue considerado un dirigente prácticamente intocable, con influencia sobre el Gobierno, el Parlamento, los medios y los principales resortes del Estado. Ahora, incluso quienes no apoyan a la lista estudiantil cuestionan abiertamente la duración de su monopolio sobre las decisiones nacionales y el control de instituciones como la Policía y las fuerzas armadas.
Dusan Dinic, de la Fundación Friedrich Naumann por la Libertad, sitúa el cambio en una perspectiva histórica: Serbia y, en parte, Yugoslavia han estado gobernadas durante el último siglo por figuras autoritarias de muy distinta orientación, desde el rey Alejandro hasta Tito, Milosevic y Vucic. El creciente rechazo a ese patrón no implica que la transición vaya a ser ordenada ni que la oposición disponga ya de una alternativa consolidada. Sí indica, en cambio, que la autoridad basada en la concentración personal de poder ha dejado de parecer inevitable.
El domingo decidirá quién obtiene los escaños, pero su alcance será mayor. Una victoria estudiantil abriría el difícil proceso de convertir una protesta horizontal en instituciones duraderas. Una victoria de Vucic, especialmente si es estrecha o disputada, confirmaría el control del aparato estatal, aunque ya no devolvería al sistema la apariencia de unanimidad anterior. En ambos casos, estas elecciones fijarán el rumbo de Serbia en la región y condicionarán su relación futura con Europa.