Las elecciones parlamentarias celebradas este domingo en Serbia se han convertido en una prueba decisiva para Aleksandar Vucic, la figura dominante de la política nacional desde 2014. Lo que comenzó como una protesta por la muerte de 16 personas en el derrumbe de una estación de tren en Novi Sad, en noviembre de 2024, evolucionó hasta transformarse en el mayor desafío organizado contra el Partido Progresista Serbio (SNS). El resultado determinará si el malestar acumulado puede traducirse en una alternativa de poder o si el presidente conserva intacta su capacidad de control.
Una participación que cambió el tono de la jornada
El primer dato político de los comicios fue la afluencia inusualmente elevada. A las 11:00, las empresas CeSID e Ipsos calculaban una participación del 27,3%, casi el doble del 15,1% registrado a la misma hora en las elecciones de 2023. Las largas filas frente a los colegios electorales, incluida la espera de casi dos horas que afrontó Vucic para votar en las afueras de Belgrado, ofrecieron una imagen poco habitual en un país donde la participación media durante los años de gobierno del SNS ha rondado el 55%.
Para el movimiento estudiantil, esas filas son una oportunidad y también una exigencia. Su presencia en las calles ha sido amplia, pero movilizar simpatizantes no equivale automáticamente a convertir el descontento en votos. Una participación alta puede favorecer a la Lista de los Estudiantes si incorpora a ciudadanos que normalmente se abstienen, aunque también puede reforzar a las estructuras territoriales del partido gobernante, más experimentadas y organizadas. La distancia entre la energía de la protesta y la aritmética parlamentaria será una de las claves de la noche electoral.

Del derrumbe de Novi Sad a una candidatura sin rostro partidista
La tragedia de Novi Sad funcionó como detonante porque concentró problemas que ya estaban presentes: sospechas de corrupción, falta de transparencia institucional y una percepción creciente de autoritarismo. Las protestas universitarias dejaron de reclamar únicamente responsabilidades por el accidente y pasaron a cuestionar un sistema político asociado con la concentración de poder, el dominio mediático y la debilidad de los controles públicos.
La respuesta electoral de los manifestantes rompe con el modelo tradicional de liderazgo. La Lista de los Estudiantes reúne a unos 250 candidatos, en su mayoría desconocidos para el gran público, entre profesores, deportistas, artistas y agricultores. El cardiólogo Ilija Srdanovic figura al frente, pero no ejerce como líder del movimiento ni ha sido presentado como candidato a primer ministro. Esa decisión busca proteger el carácter transversal de la iniciativa y evitar que una figura individual sustituya a la red de asambleas y colectivos que la impulsó.
El planteamiento tiene una ventaja evidente: permite reunir sensibilidades diversas bajo una promesa común de reconstruir la democracia y la economía sin someterse a una estructura partidista tradicional. Pero también implica un riesgo. Si obtiene una representación significativa, la lista deberá convertir una identidad basada en la protesta en un programa de gobierno, negociar alianzas y adoptar decisiones concretas. La consigna “Sabemos cómo hacerlo” tendrá que demostrar su alcance más allá de la campaña.
Vucic enfrenta el desgaste sin renunciar a su principal argumento
La convocatoria anticipada fue anunciada por Vucic en septiembre, en un intento de recuperar la iniciativa política después de dos años de movilizaciones. El dirigente dejó recientemente la Presidencia para encabezar la lista legislativa del SNS y buscar de nuevo el cargo de primer ministro, una maniobra que confirma hasta qué punto la elección está vinculada a su figura. Aunque sus adversarios denuncian un liderazgo personalista, sus seguidores le atribuyen estabilidad, crecimiento de las infraestructuras y la construcción de carreteras, ferrocarriles, escuelas y hospitales.
El discurso oficial presenta al SNS como la garantía frente a un pasado de privatizaciones, deterioro económico y humillación internacional. Vucic ha intentado ocupar simultáneamente varios espacios estratégicos: mantiene vínculos con China, conserva la relación con Rusia, principal proveedor de gas, y sigue defendiendo la adhesión a la Unión Europea, el mayor socio comercial de Serbia. Esa política de equilibrio le permite presentarse como un dirigente capaz de proteger los intereses nacionales en un entorno internacional incierto, aunque el proceso de integración europea permanece estancado por la falta de reformas.
La fortaleza de ese argumento depende ahora de si la estabilidad todavía pesa más que el rechazo a la concentración de poder. La oposición ha logrado instalar la corrupción y el autoritarismo en el centro del debate, pero Vucic conserva una base electoral considerable, especialmente entre quienes temen que una transición desordenada afecte a la economía o a la posición internacional del país.
El resultado también pondrá a prueba la legitimidad del sistema
La competencia se desarrolla en un clima de fuerte polarización y con sondeos divergentes, en parte por la ausencia de encuestadoras independientes plenamente consolidadas. La ONG CRTA denunció retrasos en la apertura del 16% de los colegios y dificultades iniciales para el acceso de observadores, mientras que la misión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa describió las primeras horas como bien organizadas y sin problemas relevantes.
Las acusaciones de coacciones, compra de votos y manipulación mediática ya habían marcado la campaña. Los medios afines al Gobierno difundieron la idea de que las protestas estudiantiles estaban financiadas desde el extranjero, mientras los opositores recuerdan la violencia contra periodistas y activistas durante elecciones locales anteriores y las denuncias de fraude posteriores a los comicios parlamentarios de 2023.
Con unos 6,4 millones de ciudadanos habilitados para votar y un escrutinio que se anticipa ajustado, la reacción de los actores políticos será tan importante como el reparto de escaños. Vucic prometió reconocer la voluntad democrática si pierde y afirmó que nadie podrá arrebatarle una victoria si gana. La Lista de los Estudiantes, por su parte, aún debe decidir cómo responder ante un resultado disputado. Serbia no solo elige un Parlamento: define si la protesta puede abrir un nuevo ciclo institucional o si el sistema vuelve a cerrarse alrededor de un solo dirigente.