La Casa Blanca anunció la salida de Katie Zacharia, nombrada secretaria de Prensa menos de una semana antes para suceder a Karoline Leavitt. Su breve paso por el cargo quedó marcado por una conferencia de apenas 14 minutos, en la que leyó un guion y respondió solo tres preguntas de periodistas seleccionados. La actuación generó críticas de medios acreditados en Washington y dudas entre asesores sobre su preparación para el puesto.

El episodio que precipitó su salida fue la controversia sobre sus credenciales. Zacharia fue presentada como abogada, pero investigaciones periodísticas señalaron que, aunque se graduó en Derecho en la Universidad Pepperdine, no aprobó el examen de habilitación de California y carecía de licencia para ejercer allí. El caso puso bajo escrutinio tanto la presentación oficial de su trayectoria como el proceso de selección.
Trump habló con Zacharia el viernes y dijo que dejaría en sus manos la decisión de renunciar. Horas después, la Casa Blanca confirmó su relevo. Hasta entonces, ella había permanecido en el cargo sin volver a comparecer públicamente. Su salida evidencia cómo, en un puesto de comunicación presidencial, una aparición fallida y dudas verificables sobre las credenciales pueden erosionar rápidamente la confianza interna y pública.