Donald Trump ha vuelto a poner en duda que Volodímir Zelenski pueda conducir un acuerdo para poner fin a la guerra. En una entrevista con Newsmax, el presidente estadounidense describió al mandatario ucraniano como alguien con quien es difícil tratar y afirmó que, si se alcanza un pacto con Rusia, «no será con él». Sus declaraciones llegan en un momento de fricción entre Washington y Kiev, marcado tanto por las exigencias estadounidenses sobre los ataques ucranianos a instalaciones energéticas rusas como por la decisión de permitir la comercialización de diésel ruso en Estados Unidos.
La descalificación personal como señal política
Trump no se limitó a cuestionar la estrategia de Zelenski: sostuvo que el presidente ucraniano dice querer un acuerdo, pero no lo busca realmente, y responsabilizó a su Gobierno de haber «destrozado» el país. La acusación, sin embargo, convive con una explicación que desplaza parte de la responsabilidad hacia atrás: el republicano señaló la cesión de Crimea durante la presidencia de Barack Obama como un antecedente decisivo. Esa mezcla de reproche al liderazgo actual y revisión del pasado presenta la guerra como el resultado de decisiones acumuladas, no solo de la invasión rusa iniciada en 2022.

El énfasis personal importa porque reduce el espacio para discutir condiciones concretas de negociación. Si el problema se formula como una incompatibilidad entre dirigentes, la salida parece depender de quién se siente a la mesa, más que de garantías de seguridad, territorio o mecanismos para sostener un alto el fuego. No obstante, Trump no detalló qué términos considera aceptables ni explicó cómo podría materializarse un acuerdo sin la participación de Zelenski, jefe del Estado ucraniano.
La desconfianza entre Putin y Zelenski
El presidente estadounidense también describió una hostilidad mutua entre Putin y Zelenski, que, a su juicio, vuelve muy difícil pactar. Recordó como «nefasto» el último encuentro oficial entre ambos mandatarios y, al mismo tiempo, aseguró que los dos querrían terminar el conflicto. La tensión entre esas dos ideas es central: el deseo de poner fin a la guerra no equivale a aceptar los mismos términos, y la animadversión entre líderes no explica por sí sola las diferencias sobre el futuro de los territorios ocupados o la seguridad de Ucrania.
Trump afirmó que le resulta más difícil tratar con Zelenski que con Putin. Esa comparación puede anticipar un enfoque diplomático en el que Washington presione más a Kiev, aunque sus declaraciones no constituyen por sí mismas una propuesta formal ni prueban que Moscú esté dispuesto a aceptar un acuerdo. La relación entre ambos presidentes, además, no sustituye las decisiones de los gobiernos y las fuerzas implicadas en el conflicto.
El contrafactual electoral y los límites de la memoria
Trump volvió a vincular la guerra con las elecciones estadounidenses que perdió frente a Joe Biden, al sostener que, si no hubieran sido «amañadas», el conflicto nunca habría ocurrido. Esa afirmación carece de respaldo en las investigaciones que descartaron un fraude capaz de alterar el resultado. Al introducirla en su relato, Trump convierte una disputa interna estadounidense en explicación de una guerra iniciada por Rusia, desviando la atención de las decisiones de Moscú y de la cronología de la invasión.
También presentó la ofensiva rusa como una guerra que debía haber sido «muy rápida» y aludió al avance fallido hacia Kiev, frenado por problemas logísticos, el terreno y la resistencia ucraniana. Su comentario sobre si aquello fue suerte o mala suerte revela una mirada centrada en el desenlace militar que no aclara qué condiciones podrían producir una paz duradera.
Una guerra larga, sin términos de paz a la vista
Trump sostuvo que el conflicto debería terminar pronto y mencionó las numerosas bajas sufridas por ambos países, aunque añadió que Rusia cuenta con una población mucho mayor. Esa diferencia de escala puede pesar en un cálculo de desgaste, pero no determina automáticamente el resultado ni hace equivalentes las responsabilidades de los dos contendientes. El dato humanitario subraya el coste de prolongar la guerra; no resuelve, por sí mismo, cómo detenerla sin dejar pendientes las causas que podrían reactivarla.
El mensaje de Trump combina presión sobre Zelenski, una valoración de la relación entre los dos líderes y una explicación política ligada a sus propias elecciones. Pero la distancia entre reclamar un final rápido y definir un acuerdo sigue intacta. Mientras no haya condiciones precisas y aceptables para las partes, la descalificación del interlocutor puede endurecer el debate diplomático sin acercar necesariamente el fin de los combates.