La prueba de AlaZ llegó a su tramo decisivo con una paradoja: David había alcanzado los 22 aciertos, una cifra exigente, pero un fallo temprano había transformado su ventaja en una oportunidad para Moisés. Al detenerse, David dejó a su rival cinco respuestas por detrás, aunque con una meta menos ambiciosa que la de superarlo: bastaba con igualar el marcador para ganar.
Una equivocación que cambió el valor de la marca
El tropiezo se produjo en el segundo turno de David. Dudó y respondió «untura» cuando la palabra buscada era «untaza»; se dio cuenta enseguida, pero la corrección mental no podía borrar el error. En una competición donde la puntuación depende también de no fallar, esa respuesta alteró la lectura de los 22 aciertos: el listón seguía siendo alto, pero ya no representaba una ventaja segura.

La reacción sostuvo a David, pero no cerró la partida
David respondió al error con dos jugadas de ocho aciertos cada una, una recuperación que le permitió colocarse ligeramente por delante. Después alcanzó los 22 al sacar «melloco» y decidió plantarse. Su remontada parcial fue notable porque evitó que el fallo se convirtiera en una caída inmediata; sin embargo, al dejar de jugar, también cedió a Moisés la posibilidad de resolver el duelo sin necesidad de superar esa cifra.
Para Moisés, empatar era suficiente
La situación de Moisés condensaba la tensión del cierre: partía con cinco aciertos menos, pero, como le recordó Roberto Leal, igualar a David le daba la victoria. Esa regla modificaba el cálculo competitivo. No necesitaba una actuación extraordinaria en términos absolutos, sino encadenar las respuestas necesarias sin cometer errores que lo apartaran del empate. Cada turno, por tanto, tenía un doble peso: acercarlo a la puntuación y mantener viva la opción de ganar.
Un desenlace abierto hasta la última respuesta
El comienzo tibio de ambos concursantes hizo que el error de David destacara aún más. Su reacción mostró capacidad para recomponerse, aunque no bastó para asegurar el resultado; Moisés, por su parte, recibió una oportunidad concreta, no una victoria garantizada. El desenlace dependía de que convirtiera esa ventaja reglamentaria en aciertos. Así, los 22 puntos de David quedaron como referencia y desafío, mientras el empate se convirtió en la frontera que Moisés debía alcanzar para completar la remontada.