Un ómnibus que trasladaba a comerciantes privados desde Sancti Spíritus hasta La Cuevita, el mayor mercado informal de Cuba, fue objeto de un intento de asalto durante la madrugada del jueves previo a la publicación de este reporte. El ataque ocurrió antes de llegar a Jagüey Grande, cuando desconocidos colocaron sobre la carretera una barrera metálica con púas que destruyó dos neumáticos del vehículo. Los pasajeros lograron ahuyentar a los presuntos asaltantes, pero el episodio puso de relieve la vulnerabilidad de un transporte utilizado cada semana por pequeños vendedores que viajan con grandes cantidades de efectivo.
Una emboscada en plena carretera
Según el testimonio de una pasajera recogido por 14ymedio bajo condición de anonimato, el autobús circulaba a unos 90 kilómetros por hora cuando los viajeros observaron cómo arrojaban una tira con pinchos sobre el asfalto. La fuente describió el objeto como una especie de cinta con púas “grandísimas”. La velocidad y la proximidad de la barrera impidieron al conductor detenerse o esquivarla.
Después de pasar sobre el dispositivo, el vehículo sufrió daños graves en las ruedas y tuvo que detenerse. El conductor advirtió a los ocupantes que había personas apostadas a ambos lados de la autopista. De acuerdo con el relato, tomó un machete y descendió del ómnibus, seguido por varios hombres que viajaban en el grupo y que llevaron otros objetos para protegerse.
Los pasajeros se distribuyeron alrededor del vehículo mientras permanecían atentos a los movimientos de los desconocidos. La testigo calculó que podían ser cinco o seis, aunque no pudo precisar la cantidad. La presencia de los viajeros y su disposición a defenderse aparentemente llevó a los individuos a retirarse del lugar sin concretar el robo. No se reportaron heridos entre los ocupantes, pero los daños mecánicos obligaron a modificar el trayecto.

Dinero en efectivo y escasa protección
El riesgo para este tipo de transporte está relacionado con el valor de la mercancía y del dinero que suelen llevar los pasajeros. La comerciante explicó que cada viajero puede transportar entre dos y dos millones y medio de pesos para comprar productos en La Cuevita y revenderlos posteriormente en Sancti Spíritus. La inflación y el encarecimiento de los bienes han aumentado la cantidad de efectivo necesaria para realizar una compra similar a la de meses anteriores.
La composición de los grupos también influye en la capacidad de respuesta ante una amenaza. Por lo general, en estas excursiones viajan menos de diez hombres, mientras que la mayoría de los pasajeros son mujeres dedicadas a la compra y reventa de mercancías. En esta ocasión, sin embargo, había más hombres que mujeres, una circunstancia que la fuente considera posible factor para que los atacantes desistieran.
Tras retirar la barrera de la vía, los viajeros continuaron hasta un punto de control y comunicaron lo ocurrido a las autoridades. Entregaron a la Policía la cinta con púas, pero, según el testimonio, no recibieron información sobre una investigación posterior ni sobre la identificación de sospechosos. Con ayuda de conocidos de la zona, compraron dos neumáticos usados y prosiguieron el recorrido.
Un servicio cada vez más costoso
El viaje de regreso, realizado durante el día, transcurrió sin nuevos incidentes, aunque los pasajeros permanecieron preocupados por la posibilidad de un nuevo ataque. La comerciante teme que la colocación de la barrera no haya sido un hecho aislado. “Si lo intentaron ya una vez, puede ser que vuelvan a hacerlo”, afirmó. Entre los viajeros se analiza ahora la posibilidad de contratar seguridad privada, una medida que elevaría aún más el costo de una actividad ya afectada por la inflación.
Las llamadas “guaguas de La Cuevita” funcionan desde hace varios años como un circuito de transporte de ida y vuelta para vendedores privados del interior del país. El servicio suele realizar dos salidas semanales. Los autobuses parten alrededor de las once o las once y media de la noche, recogen a los pasajeros en distintos puntos y llegan a La Habana hacia las seis o seis y media de la mañana.
Los comerciantes disponen entonces de unas horas para adquirir productos en el mercado de San Miguel del Padrón. La salida de regreso está fijada normalmente para las doce del mediodía y los organizadores no esperan a quienes se retrasen, según la fuente. Esa operación rápida permite reducir el tiempo en La Habana, pero también deja poco margen para resolver averías, reorganizar el viaje o buscar ayuda en caso de un incidente.
El precio del transporte ha seguido la misma tendencia ascendente que otros servicios. La pasajera recordó que las primeras guaguas costaban unos 4.500 pesos, luego subieron a 8.000 y actualmente se ofrecen tarifas de 12.500 y 16.000 pesos, según el nivel de comodidad. En junio, comerciantes de Sancti Spíritus ya pagaban alrededor de 18.000 pesos por viajar en ómnibus hasta La Cuevita.
Una ruta esencial para el abastecimiento informal
La persistencia de estas excursiones muestra la importancia que ha adquirido La Cuevita para los pequeños negocios privados. Aunque el traslado implica gastos elevados, horarios extenuantes y ahora una preocupación adicional por la seguridad, los comerciantes continúan recurriendo al mercado para obtener productos que luego venden en sus localidades. La falta de alternativas formales de abastecimiento y los precios internos explican que el viaje siga siendo económicamente necesario para muchos.
El intento de asalto añade un nuevo costo potencial a ese circuito: la necesidad de reforzar la protección de los pasajeros y de los recursos que transportan. Sin una respuesta clara de las autoridades y sin medidas que reduzcan la exposición de estos vehículos en carretera, los comerciantes podrían verse obligados a pagar más por cada viaje o a asumir mayores riesgos para mantener sus negocios en funcionamiento.