Un linchamiento deja un muerto y un herido tras el feminicidio de una abuela y su nieta en Ostuacán

Un linchamiento deja un muerto y un herido tras el feminicidio de una abuela y su nieta en Ostuacán

Uno de los dos hombres detenidos por su presunta participación en el feminicidio de Miriam Cruz Alpuche, de 55 años, y de su nieta ASVC, de 12, murió y el otro resultó gravemente herido después de que decenas de pobladores intentaran arrebatarlos a la Policía Estatal en Ostuacán, Chiapas. La agresión ocurrió frente a la alcaldía, cuando los agentes pretendían trasladar a los sospechosos a Tuxtla Gutiérrez para ponerlos a disposición del Ministerio Público.

El detenido que sobrevivió permanecía bajo control de habitantes del municipio, mientras algunos líderes comunitarios negociaban con las autoridades su entrega y el traslado a un hospital. La intención oficial era que recibiera atención médica y posteriormente quedara a disposición de la Fiscalía. Peritos trabajaban durante la noche en la plaza central para realizar las diligencias correspondientes y recuperar el cuerpo del hombre fallecido.

Un linchamiento deja un muerto y un herido tras el feminicidio de una abuela y su nieta en Ostuacán

La detención terminó convertida en una emboscada contra las patrullas

Los hechos comenzaron cuando los policías subieron a los dos detenidos a camionetas para sacarlos de Ostuacán, municipio ubicado en la frontera con Tabasco y a unos 148 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez. En la plaza central, los pobladores rodearon los vehículos y trataron de impedir su salida. Aunque los agentes lograron avanzar algunos metros, la presión de la multitud volvió a cerrarles el paso.

La tensión aumentó luego de que el servicio de energía eléctrica se suspendiera repentinamente. En medio de la oscuridad, los hombres, que permanecían esposados, fueron bajados de las unidades y golpeados con piedras, palos y patadas. De acuerdo con fuentes oficiales, uno murió durante la agresión y el segundo sufrió heridas de gravedad. Finalmente, los policías consiguieron abrirse paso y abandonar el lugar con los detenidos, aunque la situación del sobreviviente quedó en manos de los habitantes.

La desaparición de Miriam y su nieta encendió la indignación

Miriam Cruz Alpuche y la niña desaparecieron el lunes 19. La mujer fue localizada sin vida cerca de unos potreros la mañana del miércoles, mientras que el cuerpo de la menor fue encontrado la tarde del viernes. La secuencia de hallazgos alimentó la indignación en la comunidad y elevó la presión para que las autoridades identificaran y castigaran rápidamente a los responsables.

La información disponible señala que los dos hombres fueron detenidos como sospechosos de feminicidio, pero su responsabilidad definitiva debía establecerse mediante una investigación ministerial y un proceso judicial. Entre ellos se encontraría un sujeto conocido como “El Cera”, a quien habitantes atribuyen asaltos con arma blanca. Esa referencia forma parte de los señalamientos difundidos por fuentes oficiales y no sustituye las pruebas que la Fiscalía deberá presentar ante un juez.

La reacción colectiva mostró cómo un caso de violencia extrema puede transformarse, en pocas horas, en una crisis de seguridad distinta. Las consignas para impedir el traslado, los llamados a bloquear el punto conocido como La Revolución y el cerco a las patrullas reflejaron una ruptura momentánea de la capacidad de las instituciones para controlar a los detenidos y preservar el procedimiento legal.

El gobierno intenta recuperar el control sin agravar el conflicto

El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar pidió a los habitantes concentrados en el parque central que confiaran en la aplicación de la ley y abandonaran la justicia por propia mano. Advirtió que la violencia produce nuevas víctimas y puede generar consecuencias legales incluso para personas que no hayan participado directamente en los feminicidios. Su mensaje buscó frenar una segunda fase de agresiones y abrir una salida negociada para entregar al herido.

Decenas de agentes estatales salieron de Tuxtla Gutiérrez hacia Ostuacán para restablecer el control del municipio. La presencia policial deberá atender dos asuntos simultáneos: proteger la escena del crimen y garantizar la integridad del detenido sobreviviente, sin perder de vista la investigación sobre la muerte de Miriam y su nieta. El linchamiento también obliga a esclarecer las circunstancias en que murió el segundo detenido y a determinar responsabilidades entre quienes participaron en la agresión.

Cuando la exigencia de justicia desplaza a la justicia

El episodio deja una paradoja central. La indignación de los pobladores nació de un crimen contra una mujer y una niña, pero la respuesta terminó produciendo otra muerte y poniendo en riesgo el debido proceso. Para la comunidad, el linchamiento pudo presentarse como una forma inmediata de castigo; para el Estado, constituye una nueva cadena de delitos que deberá investigar sin que ello reduzca la gravedad de los feminicidios originales.

La crisis también revela el costo de la desconfianza institucional. Cuando una comunidad considera que la detención no garantiza una condena o teme que los sospechosos queden libres, la presión social puede imponerse sobre los mecanismos formales. Sin embargo, la muerte de uno de los acusados no esclarece por sí misma los hechos ni repara a las víctimas. La investigación tendrá que establecer qué ocurrió con Miriam y ASVC, quiénes participaron en esos asesinatos y quiénes intervinieron después en el ataque contra los detenidos. En Ostuacán, la recuperación de la paz dependerá tanto de castigar los feminicidios como de impedir que la violencia comunitaria siga reemplazando a la autoridad judicial.