La contaminación con petróleo del río Cupa obligó a suspender preventivamente el suministro de agua potable en Quinindé y Esmeraldas, en la provincia ecuatoriana de Esmeraldas. La medida afectó a una zona donde viven más de 300.000 personas y respondió al riesgo de que el crudo llegara a la planta de San Mateo, que abastece a ambos cantones.
La alerta empezó en la comunidad
La mañana del lunes 12 de octubre, habitantes de Cupa, una comunidad rural del cantón de Quinindé, observaron petróleo en el río del mismo nombre. Videos difundidos en redes sociales mostraron el cauce afectado. La causa fue una fisura en el Sistema del Oleoducto Transecuatoriano (SOTE), la principal tubería estatal que transporta crudo y atraviesa el sector.

El riesgo no se limitaba al tramo visible del río. El Cupa desemboca en un afluente conectado con la planta potabilizadora de San Mateo. Por eso, las autoridades suspendieron la distribución de agua como medida preventiva: evitar que el hidrocarburo alcanzara el sistema de tratamiento era prioritario mientras se evaluaba la contaminación.
La contención buscó frenar el avance del crudo
EPA Petroecuador, empresa responsable del oleoducto, informó que desde las 08:30 trabajaban en el lugar más de 50 técnicos, con excavadoras, grúas y camiones de vacío. Las tareas incluyeron piscinas de retención, barreras de contingencia y materiales absorbentes para recoger el petróleo del río. También se instaló una camisa de refuerzo en la tubería para sellar la fisura.
Más tarde, la compañía anunció que había controlado la fuga. Sin embargo, precisó que mantenía activas las acciones de contingencia y que la causa del incidente seguía bajo investigación técnica. Controlar el escape, por tanto, no equivalía a confirmar que el río y las fuentes de abastecimiento ya estuvieran libres de riesgo: esas labores requerían seguimiento y evaluación.
Un corredor de transporte expuesto a accidentes
El SOTE puede transportar hasta 360.000 barriles diarios y es una de las dos tuberías que llevan petróleo desde los campos amazónicos hasta los puertos de Esmeraldas. Su importancia para el sector energético convive con una vulnerabilidad concreta: una avería en el trazado puede trasladar el impacto desde la infraestructura petrolera hacia ríos y servicios esenciales.
El antecedente refuerza esa preocupación. En 2025, otra rotura del SOTE en la provincia de Esmeraldas causó el derrame de 25.000 barriles. La nueva fuga no permite anticipar por sí sola la magnitud final del daño, pero sí vuelve relevante conocer la causa técnica, el alcance de la contaminación y los criterios para reanudar el suministro.
La reparación es solo una parte de la respuesta
La interrupción del agua muestra cómo un incidente en un oleoducto puede afectar a población que no participa directamente en la actividad petrolera: basta con que el crudo alcance una cuenca vinculada a una planta de tratamiento. La respuesta inmediata debe contener la fuga; la recuperación exige además comprobar la calidad del agua y comunicar con claridad cuándo es seguro restablecer el servicio. Esos datos serán decisivos para medir el alcance real del episodio.