Una película rusa atribuye a Ucrania el bombardeo del teatro de Mariúpol pese a las investigaciones

Una película rusa atribuye a Ucrania el bombardeo del teatro de Mariúpol pese a las investigaciones

Una nueva película rusa presentada como documental sostiene que fuerzas ucranianas destruyeron el Teatro Académico Regional de Drama de Mariúpol en marzo de 2022. La versión contradice las conclusiones de investigaciones periodísticas y de derechos humanos, que atribuyeron el ataque a Rusia. Kiev rechazó el filme y lo calificó de propaganda destinada a distorsionar los hechos de la guerra.

Un ataque en medio del asedio

El 16 de marzo de 2022, una explosión devastó el teatro, donde se habían refugiado cientos de civiles durante el prolongado asedio ruso a la ciudad. En el exterior, los desplazados habían escrito la palabra «niños» con pintura blanca para advertir que había menores dentro. Según una investigación de Associated Press, alrededor de 600 personas murieron, aunque el número de niños fallecidos no ha sido establecido.

La película, titulada «Testigos», se rodó en el edificio reconstruido, en una Mariúpol que continúa bajo control ruso. El periodista italiano Vittorio Nicola Rangeloni entrevista a personas que dicen haber sobrevivido a la explosión y que acusan a soldados ucranianos vinculados al regimiento Azov de colocar explosivos bajo el escenario. La cinta presenta el ataque como una operación de distracción para responsabilizar a Moscú.

Una película rusa atribuye a Ucrania el bombardeo del teatro de Mariúpol pese a las investigaciones

Rangeloni defendió su enfoque en un correo electrónico: dijo haber mirado a los ojos a quienes estuvieron allí y no tener motivos para desconfiar de sus testimonios. Daria V. Morozova, comisionada de derechos humanos de la parte de la región de Donetsk controlada por Rusia, afirma en el filme que nadie más hablará de lo ocurrido. No fue posible obtener comentarios de Bumblebee, el estudio que difundió la producción en línea. El documental superó las 600.000 visualizaciones y fue promocionado por blogueros militares rusos.

Las pruebas examinadas apuntan a Rusia

Las afirmaciones de «Testigos» no coinciden con los análisis conocidos sobre la destrucción del edificio. Gareth Collett, antiguo experto en desactivación de bombas del Ministerio de Defensa británico, señaló que la ausencia de un cráter indica que la munición detonó entre el techo y el suelo. A su juicio, los daños son típicos de una bomba aérea de gran tamaño utilizada por Rusia. Amnistía Internacional concluyó que lo más probable es que dos bombas de 500 kilogramos lanzadas desde un avión ruso destruyeran el teatro.

James Verini, autor de un libro sobre el ataque, dijo que ninguno de los numerosos supervivientes con los que habló describió indicios de una operación ucraniana. Sus testimonios, las evaluaciones técnicas y la investigación de Associated Press respaldan una conclusión diferente de la expuesta por la película. El contraste no resuelve por sí solo todos los detalles del ataque, pero sitúa la nueva versión ante la necesidad de explicar por qué contradice evidencias reunidas por fuentes independientes.

La reconstrucción como disputa por la memoria

El teatro reabrió en diciembre de 2025 tras años de reconstrucción. Para las autoridades rusas, el edificio forma parte de la promoción de los territorios ocupados como «nuevos territorios»; para el consejo municipal de Mariúpol, exiliado en otra zona de Ucrania, la restauración oculta las atrocidades cometidas durante la ocupación. La reconstrucción material y la disputa sobre el ataque avanzan así juntas: el lugar que fue refugio y escenario de una matanza se convierte también en instrumento para fijar una narrativa política.

La investigadora Jade McGlynn, del King’s College de Londres, considera que este tipo de relatos puede desplazar la percepción pública desde un crimen de guerra documentado hacia un episodio presentado como controvertido. Esa ambigüedad, sostiene, podría tener valor en un eventual ajuste de cuentas una vez terminada la guerra. «Testigos» se suma a otras producciones prorrusas sobre Mariúpol, una ciudad clave para el corredor terrestre hacia Crimea, anexada por Rusia en 2014.

La película también encaja en una campaña más amplia de revisión histórica impulsada por el Kremlin, que presenta a Rusia como víctima de la hostilidad occidental y a Ucrania como instrumento de otros países. La defensa de Mariúpol duró 86 días y terminó con la rendición de las fuerzas ucranianas en la acería de Azovstal. El documental «20 días en Mariúpol», que obtuvo el Óscar en 2024, registró los bombardeos de la ciudad y concluyó el 15 de marzo, un día antes de la destrucción del teatro. La competencia entre estos relatos muestra que la disputa por Mariúpol no se limita al control territorial: también busca determinar qué hechos serán recordados y con qué pruebas.