Glenn Priestley, un agente inmobiliario jubilado de 73 años, permaneció 18 días ingresado en un hospital del Reino Unido después de sufrir una picadura que inicialmente consideró irrelevante. La lesión, atribuida por los médicos a una falsa viuda negra, provocó una infección, una inflamación extrema de la pierna y un dolor que todavía le obliga a desplazarse con un andador.
El hombre recibió el alta el 6 de octubre, pero continúa con el pie y la pierna hinchados, vendados y con movilidad limitada. El caso muestra cómo una picadura aparentemente menor puede evolucionar de forma rápida cuando aparecen signos de infección o una respuesta inflamatoria intensa, aunque los especialistas subrayan que las complicaciones graves no son lo habitual.
El dolor llegó después del contacto
El incidente ocurrió a finales del mes pasado, cuando Priestley se encontraba en el desván de la casa de su madre. La araña estaba escondida debajo de una manta y el hombre entró en contacto con ella. En ese momento apenas notó la picadura y no pensó que pudiera tener consecuencias importantes.
La situación cambió al día siguiente. Primero aparecieron molestias al caminar y, poco después, el dolor aumentó considerablemente. La pierna comenzó a hincharse hasta alcanzar, según la descripción del afectado, un tamaño parecido al de una sandía. “La pierna pensaba que me iba a estallar”, explicó al recordar el momento en que regresó a casa.
La intensidad del dolor terminó impidiéndole apoyar el pie con normalidad. Priestley describió aquellos días como una de las experiencias más dolorosas de su vida, una evolución que contrasta con la escasa importancia que concedió a la picadura durante las primeras horas.

Las pruebas apuntaron a una infección
Ante el empeoramiento de los síntomas, el jubilado acudió a su médico de cabecera. Los análisis de sangre mostraron indicios de infección y los profesionales decidieron trasladarlo al Hospital Blackpool Victoria. Allí fue sometido a varias pruebas, entre ellas una resonancia magnética, un escáner y una radiografía, con el objetivo de determinar el origen de la inflamación y descartar otras lesiones.
Los médicos consideraron que el cuadro podía estar relacionado con la picadura de una falsa viuda negra. La identificación no se basó únicamente en la presencia del arácnido, ya que la araña no fue presentada como una prueba médica concluyente, sino en la combinación entre el relato del paciente, el contexto del contacto y la evolución de los síntomas.
La distinción es relevante porque el dolor y la hinchazón también pueden deberse a infecciones bacterianas, reacciones alérgicas, traumatismos u otros procesos inflamatorios. En estos casos, la prioridad clínica no es determinar de inmediato la especie de araña, sino valorar la gravedad, controlar la infección y vigilar posibles complicaciones.
Una especie que se ha adaptado al entorno europeo
La falsa viuda negra, cuyo nombre científico es Steatoda nobilis, es originaria de los archipiélagos de Canarias y Madeira. Con el tiempo se ha extendido por distintas zonas de Europa y también está presente en España. Su expansión se ha visto favorecida por su capacidad para instalarse en entornos urbanos y domésticos, donde encuentra refugio en espacios protegidos.
Su picadura puede producir dolor, enrojecimiento e hinchazón. Algunas personas también pueden presentar fiebre, náuseas u otros síntomas que requieren una valoración médica. Sin embargo, la presencia de la especie no significa automáticamente que una picadura vaya a provocar un cuadro grave: la reacción depende de la cantidad de veneno, la zona afectada, el estado de salud de la persona y la posible aparición de una infección secundaria.
El caso de Priestley también pone de relieve un problema de percepción. Muchas personas tienden a restar importancia a una picadura cuando la molestia inicial es leve. Esa reacción puede retrasar la consulta justo cuando los síntomas comienzan a cambiar. El aumento progresivo del dolor, la extensión del enrojecimiento o una inflamación que limita el movimiento son señales más relevantes que la intensidad registrada en el primer momento.
Más ingresos, pero no una epidemia de arañas
Las cifras del Servicio Nacional de Salud británico indican que los ingresos hospitalarios relacionados con picaduras de araña pasaron de 47 en 2015 a 100 en 2025. El incremento merece atención, aunque por sí solo no demuestra que las arañas se hayan vuelto más peligrosas ni que todos los casos respondan a la falsa viuda negra.
El aumento puede estar relacionado con una mayor presencia de estas especies en determinadas zonas, una mejor identificación de los casos o una mayor disposición a acudir a los servicios sanitarios. También puede reflejar que más pacientes llegan al hospital por complicaciones de la herida y no necesariamente por la toxicidad del veneno. Por eso, las cifras deben interpretarse junto con los diagnósticos y la gravedad concreta de cada ingreso.
La prevención empieza en los lugares de refugio
Las arañas suelen ocultarse en zapatos, prendas de ropa, mantas, ropa de cama, trasteros y desvanes. Sacudir estos objetos antes de utilizarlos y evitar introducir las manos en rincones oscuros sin comprobarlos son medidas sencillas que reducen el riesgo de contacto accidental. También conviene mantener ordenados los espacios poco frecuentados y utilizar guantes cuando se manipulen materiales almacenados durante mucho tiempo.
Después de una posible picadura, el dolor intenso, una hinchazón importante o un enrojecimiento que aumenta justifican la consulta médica. La dificultad para respirar, la inflamación de la lengua o la garganta y un deterioro rápido del estado general requieren asistencia de emergencia. La experiencia de Priestley no convierte cada picadura en una amenaza grave, pero sí recuerda que una lesión aparentemente pequeña debe vigilarse cuando su evolución deja de ser normal.