Una sepultura de hace más de 4.000 años aporta nuevas claves sobre el Sáhara Occidental

Una sepultura de hace más de 4.000 años aporta nuevas claves sobre el Sáhara Occidental

Un monumento funerario de piedra situado en Lawash el Telli, en el Sáhara Occidental, fue construido hace entre 4.100 y 4.400 años, según una investigación de la Universidad de Girona, el Ministerio de Cultura saharaui y otras instituciones científicas. El estudio, publicado en African Archaeological Review, documenta el primer conjunto de este tipo en la región con una datación absoluta y confirma que la estructura fue utilizada como sepultura individual.

El hallazgo se localiza en el borde oriental de Sluguilla Lawash, junto al cauce seco de un uadi y en un paisaje donde también se conservan grabados rupestres. La construcción alcanza 54,5 metros de longitud y combina un túmulo ovalado con dos alineaciones paralelas de losas que se prolongan hacia el este. Estas hileras, conocidas como “antenas”, se aproximan en sus extremos, aunque no llegan a unirse.

Una sepultura de hace más de 4.000 años aporta nuevas claves sobre el Sáhara Occidental

Una arquitectura funeraria de gran escala

El núcleo principal del monumento es un túmulo ovalado de 12,5 metros de longitud. Desde ese punto parten las dos hileras de piedra caliza local, colocadas y apiladas sin mortero. La dimensión total de la obra revela una inversión considerable de trabajo para una comunidad prehistórica, aunque el equipo investigador sostiene que el peso y la disposición de los materiales hacen posible que fuera levantada por un grupo relativamente reducido, sin maquinaria especializada.

La forma del conjunto permite relacionarlo con otras construcciones monumentales del ámbito sahariano, pero todavía no basta para atribuirlo a una tradición cultural concreta. La arquitectura, por sí sola, puede señalar contactos o soluciones compartidas entre comunidades distintas. Para establecer una filiación más precisa serían necesarias evidencias adicionales, como objetos asociados, rasgos funerarios comparables o nuevos yacimientos con cronologías bien establecidas.

La intervención arqueológica comenzó en abril de 2018. Los investigadores excavaron únicamente una sección del monumento con el objetivo de conservar la integridad del resto del yacimiento. Esa estrategia limitó la cantidad de información recuperada, pero permitió documentar la cámara inferior del túmulo y obtener datos suficientes para confirmar su función funeraria.

Un enterramiento individual y un ajuar limitado

En la cámara apareció el esqueleto de una sola persona, depositada directamente sobre el terreno natural. El individuo estaba en decúbito supino, con el eje del cuerpo orientado de norte a sur, la cabeza hacia el sur y las piernas flexionadas hacia el oeste. El desgaste dental indica que se trataba de un adulto de entre 25 y 35 años.

El clima desértico afectó gravemente a la conservación de los restos. La pelvis no se preservó, por lo que no ha sido posible determinar el sexo biológico del individuo. Esta limitación impide completar algunos aspectos básicos del perfil osteológico, pero no altera la principal conclusión arqueológica: el monumento fue concebido para alojar un enterramiento único, al menos en la fase documentada por la excavación.

Junto al esqueleto se recuperaron cuatro cuentas anulares fabricadas con cáscara de huevo de avestruz. No se localizaron armas, recipientes, herramientas ni otros elementos de ajuar que permitan vincular la sepultura con un grupo cultural determinado. La escasez de objetos no implica necesariamente una ausencia de prácticas rituales; puede reflejar una tradición funeraria con pocos bienes, pérdidas causadas por la erosión o una selección de materiales que todavía no se ha podido identificar.

La datación exigió una segunda vía de análisis

La cronología del monumento no pudo establecerse de manera convencional durante la campaña de 2018. El colágeno del hueso estaba demasiado degradado para proporcionar resultados fiables mediante radiocarbono. La preservación deficiente es habitual en ambientes áridos, donde las variaciones térmicas, la salinidad y otros procesos químicos pueden alterar los componentes orgánicos de los restos.

Para resolver esa dificultad, en 2025 se analizaron dos muestras de bioapatita, el componente mineral del hueso, en un laboratorio especializado. Ambos análisis ofrecieron rangos concordantes y situaron el enterramiento entre 4.417 y 4.100 años calibrados antes del presente. Esa estimación corresponde aproximadamente al periodo comprendido entre 2.467 y 2.150 a. C., dentro del tercer milenio antes de nuestra era.

La coincidencia entre las dos muestras refuerza la datación, aunque el propio método y las condiciones de conservación aconsejan interpretar el resultado dentro de un intervalo y no como una fecha puntual. La cronología permite, en cualquier caso, situar el monumento en una etapa en la que el Sáhara no era un espacio uniforme ni completamente aislado, sino un territorio recorrido por comunidades con distintas formas de movilidad, intercambio y adaptación ambiental.

Preguntas abiertas sobre las comunidades del desierto

El descubrimiento amplía el conocimiento sobre las prácticas funerarias del Sáhara Occidental durante el tercer milenio a. C., pero también pone de relieve los límites de la evidencia disponible. La identidad de quienes construyeron el monumento, la función exacta de las “antenas” y la relación del conjunto con los grabados rupestres cercanos siguen sin resolverse.

Una posibilidad es que la estructura actuara como un marcador funerario y territorial visible desde cierta distancia. Su ubicación junto a un uadi, aunque hoy se encuentre seco, pudo tener una importancia práctica o simbólica para las comunidades que utilizaron el paisaje. Sin embargo, no hay datos suficientes para afirmar si el monumento señalaba una ruta, un lugar de reunión o una relación específica con el agua y la movilidad estacional.

Los investigadores prevén nuevas actuaciones y análisis para precisar el contexto cultural y arquitectónico del yacimiento. La comparación con otros monumentos saharianos, el estudio sistemático de los grabados y la búsqueda de asentamientos contemporáneos podrían aclarar si Lawash el Telli fue una construcción aislada o parte de una red más amplia de prácticas funerarias. Por ahora, la evidencia confirma la antigüedad y el carácter individual del enterramiento, pero mantiene abierta la cuestión central: qué comunidad organizó el trabajo y qué significado otorgó a una obra monumental levantada en el desierto hace más de cuatro milenios.