Vucic afronta el desafío estudiantil tras una década de dominio político en Serbia

Vucic afronta el desafío estudiantil tras una década de dominio político en Serbia

El presidente serbio, Aleksandar Vucic, llega a las elecciones de este fin de semana como el dirigente dominante de la política nacional, pero también ante el mayor desafío organizado desde que su Partido Progresista Serbio (SNS) alcanzó el poder. Un movimiento estudiantil nacido de las protestas de 2024 se presenta ahora como fuerza política con una promesa de reforma institucional y lucha contra la corrupción. La contienda enfrenta dos modelos de país: la continuidad basada en la estabilidad y el pragmatismo internacional, y una apertura democrática que cuestiona el control ejercido por el oficialismo sobre las instituciones y los medios.

De la extrema derecha nacionalista al poder centralizado

La trayectoria de Vucic resume buena parte de las transformaciones de Serbia desde las guerras yugoslavas. En los años noventa fue secretario general del Partido Radical Serbio y ministro de Información durante el Gobierno de Slobodan Milosevic. Desde ese puesto quedó asociado a restricciones contra periodistas y a una política de confrontación con los países occidentales, especialmente durante los bombardeos de la OTAN sobre Belgrado en 1999.

Su posterior evolución no supuso una ruptura completa con aquel pasado, pero sí una adaptación política decisiva. En 2008 fundó el SNS y sustituyó el nacionalismo radical por un discurso más pragmático: conservador en el plano interno, abierto a la adhesión a la Unión Europea y dispuesto a negociar con distintos actores internacionales. Tras ocupar brevemente la cartera de Defensa, su partido ganó las elecciones de 2014 y Vucic se convirtió en primer ministro. Más tarde alcanzó la Presidencia y consolidó una posición central en el sistema político serbio.

El balcanólogo Miguel Roán considera que esa capacidad de modificar el discurso según las circunstancias ha sido uno de los principales activos del dirigente. Vucic ha combinado referencias al nacionalismo panserbio, la defensa de los vínculos ortodoxos y una relación estrecha con Rusia con compromisos de cooperación con Bruselas, China, Turquía e Israel. El resultado es un liderazgo que evita definirse por completo dentro de un solo bloque geopolítico y que utiliza la política exterior para preservar margen de maniobra.

Vucic afronta el desafío estudiantil tras una década de dominio político en Serbia

Una democracia debilitada como telón de fondo

El dominio electoral del SNS se apoya en algo más que la popularidad personal de Vucic. Según Roán, el partido controla las instituciones y ha construido redes clientelares capaces de influir en el comportamiento electoral, sobre todo en localidades pequeñas donde el voto puede tener consecuencias laborales o administrativas. La percepción de que el poder conoce las preferencias políticas de los ciudadanos alimenta, a su juicio, un miedo difícil de romper.

Los datos disponibles respaldan el malestar. Una encuesta elaborada en junio por CRTA y el Democracy Action Lab de la Universidad de Stanford indicó que seis de cada diez serbios estaban insatisfechos con el funcionamiento de la democracia. En paralelo, el informe de 2026 de la Comisión Europea sobre el Estado de derecho señaló deficiencias en la independencia judicial, la transparencia, la lucha contra la corrupción, el pluralismo político y mediático y la existencia de contrapesos institucionales.

La crítica central de la oposición no se limita, por tanto, a la personalidad del presidente. El problema que plantea es la concentración de poder en un sistema donde el partido gobernante puede influir simultáneamente sobre la administración, los medios de comunicación y las redes económicas locales. En esas condiciones, incluso un descontento mayoritario no se traduce automáticamente en alternancia, porque la protesta debe superar estructuras organizadas y relaciones de dependencia construidas durante años.

El movimiento estudiantil entra en la arena electoral

Las protestas estudiantiles de 2024 surgieron del rechazo a la corrupción, el clientelismo y la captura del Estado. Con el tiempo, el movimiento se transformó en una coalición electoral que reúne sensibilidades diversas, pero comparte una demanda: reformar las reglas institucionales y reforzar la responsabilidad de los cargos públicos. Su lema, “Serbia o mafia”, busca convertir el descontento social en una disyuntiva política clara.

La llamada Lista Estudiantil defiende la independencia de las instituciones, el Estado de derecho y una lucha más efectiva contra la corrupción. Su principal dificultad será convertir una movilización social amplia, pero heterogénea, en una estructura electoral capaz de competir con la maquinaria del SNS. La coalición debe además mantener un equilibrio entre grupos con posiciones distintas sobre economía, identidad nacional y política exterior.

Vucic, por su parte, presenta a su coalición como garantía de continuidad, unidad y avance económico. El lema “Toquemos madera para no gafar a Serbia. Unámosla y sigamos adelante” resume una estrategia basada en la estabilidad, el crecimiento y la soberanía. La fórmula pretende asociar cualquier cambio de gobierno con el riesgo de inestabilidad, una idea especialmente eficaz en una sociedad marcada por las guerras de los años noventa, la crisis económica y las tensiones regionales.

Bruselas, el litio y los límites del pragmatismo

La relación con la Unión Europea constituye uno de los terrenos donde más claramente se perciben las contradicciones del modelo de Vucic. Serbia mantiene como objetivo formal la adhesión, pero al mismo tiempo conserva vínculos políticos y económicos con Rusia y profundiza sus relaciones con China y otros países. Esta política ha permitido obtener financiación y acuerdos sin asumir siempre condicionantes políticos tan estrictos como los reclamados por Bruselas.

La explotación de litio en el valle de Jadar es el ejemplo más visible de esa relación transaccional. El acuerdo entre el Gobierno serbio y la Unión Europea para facilitar la actividad de la multinacional anglo-australiana Río Tinto fue presentado como una oportunidad estratégica para la transición ecológica y para reducir la dependencia europea de China en minerales esenciales. Sin embargo, provocó protestas por el posible impacto ambiental y por la falta de confianza en las garantías democráticas del proceso.

El episodio mostró que los intereses económicos europeos pueden entrar en tensión con la defensa de las reformas democráticas que la propia Unión exige a los países candidatos. Para Vucic, esa dependencia mutua refuerza su capacidad de negociación: Serbia ofrece estabilidad regional, recursos estratégicos y cooperación económica, mientras Bruselas trata de mantener su influencia sin romper con un Gobierno acusado de permitir el retroceso institucional.

Una elección marcada por el temor a la alternancia

La cuestión de Kosovo también condiciona el margen de actuación de los candidatos. Vucic mantiene una política exterior de equilibrio, mientras que la posición española de no reconocer la independencia kosovar facilita, según fuentes diplomáticas, unas relaciones fluidas entre Madrid, sus empresas y las autoridades serbias. En este escenario, el presidente conserva apoyos entre quienes valoran la defensa de la soberanía y la capacidad de negociar con distintos socios.

La elección medirá así algo más que la fuerza parlamentaria de una coalición. También pondrá a prueba si el movimiento estudiantil puede transformar la insatisfacción con el sistema en una ruptura electoral efectiva. Vucic cuenta con experiencia, recursos institucionales y una red territorial consolidada; sus adversarios cuentan con la energía de una protesta que ha logrado desplazar el debate desde la identidad nacional hacia la calidad de la democracia. El resultado determinará si Serbia prolonga el ciclo de concentración de poder iniciado hace más de una década o abre una etapa de competencia política más equilibrada.