La primera Feria del Chilacayote y la Calabaza 2026 abrirá sus puertas este 3 de octubre en el paraje Hueycalli, cerca del nuevo Panteón de San Gregorio Atlapulco, con una propuesta que combina producción local, memoria agrícola y celebraciones de Día de Muertos. El encuentro será gratuito y permanecerá hasta el 2 de noviembre, aunque sus actividades principales se concentrarán durante los fines de semana.
Una feria con calendario y propósito territorial
La inauguración está prevista para las 11:00 horas del 3 de octubre, con una ceremonia de apertura y corte de listón. Más allá de incorporar una nueva celebración al calendario de Xochimilco, la iniciativa busca reactivar la zona cerril de San Gregorio Atlapulco mediante la venta directa de productos, la presencia de productores y la atracción de visitantes hacia el territorio donde se cultivan los ingredientes de la feria.
La programación de los sábados y domingos establece jornadas gastronómicas de 9:00 a 18:00 horas, con una muestra de platillos preparados a partir de cosechas de la región y un tianguis de productos locales. Entre las 13:00 y las 18:00 horas se desarrollará, además, un programa cultural con danzas, música en vivo y una exposición artesanal. La combinación es relevante porque desplaza el consumo del producto terminado hacia un modelo que también visibiliza a quienes lo siembran y transforman.

El chilacayote y la calabaza como patrimonio vivo
El segundo eje de la feria está en la historia de ambos cultivos. El chilacayote y la calabaza forman parte de la agricultura originaria de la zona lacustre de Xochimilco y fueron cultivados en chinampas desde épocas prehispánicas. El término chilacayote procede del náhuatl tzilacayotli, asociado con la idea de una “calabaza lisa”, mientras que las comunidades nahuas diferenciaban varias clases de calabaza de acuerdo con su forma y características.
La importancia de estos productos no se limita a su antigüedad. Junto con el maíz, el frijol, el chile, los quelites y el amaranto, integraron durante siglos una economía agrícola capaz de abastecer los mercados del Valle de México. En pueblos como San Gregorio Atlapulco, esas prácticas continúan mediante conocimientos transmitidos entre generaciones, aunque hoy enfrentan la presión de la transformación urbana y la necesidad de encontrar canales rentables para la producción.
La cocina funciona como una forma concreta de conservar esa memoria. La tradición local atribuye a Tlazocihuapilli, gobernante xochimilca, el origen de preparaciones como el necuatole, dulce de calabaza, piloncillo, tejocote y guayaba presente en las ofrendas de Día de Muertos. También relaciona con ella el chilaxtle, guiso elaborado con semillas de chile y pepitas de calabaza molidas, chilacayote y nopales. La feria recupera estos referentes para convertirlos en experiencia gastronómica y no únicamente en relato histórico.
Del fruto de temporada a la economía artesanal
El vínculo entre estos cultivos y la actividad económica de Xochimilco tiene un antecedente consolidado: la Feria del Dulce Cristalizado de Santa Cruz Acalpixca, celebrada desde 1982. En sus comienzos, la oferta se concentraba en calabaza y chilacayote cristalizados. Con el tiempo, los artesanos incorporaron otros productos, como chiles, jitomate y betabel, hasta construir una especialidad reconocida más allá de la demarcación.
La cristalización exige cocer repetidamente frutas u hortalizas en almíbar hasta obtener una textura firme y translúcida. Esa técnica prolonga la conservación y transforma una cosecha agrícola en un producto con mayor valor comercial. La nueva feria puede cumplir una función similar para los productores de San Gregorio Atlapulco: acercar el cultivo al consumidor, promover preparaciones tradicionales y abrir oportunidades para que la producción local no dependa únicamente de la venta de la materia prima.
El programa incluye talleres de cultivo sustentable y cocina artesanal los sábados y domingos de 14:00 a 17:00 horas. También habrá recorridos agroturísticos por la zona productora y un taller para elaborar calaveras con chilacayote, inspirado en la antigua costumbre de vaciar el fruto, tallarle ojos, nariz y boca, y colocar una vela en su interior durante la petición de “calaverita”.
Juegos populares para conectar generaciones
La feria incorpora un cuarto componente: concursos de trompos, yoyos, canicas y recetas familiares. La elección de estos juegos amplía el alcance de la celebración, pues vincula la actividad agrícola con formas de convivencia que no dependen de dispositivos digitales ni de un consumo exclusivamente gastronómico.
El trompo de madera, asociado en México con la fabricación artesanal desde el siglo XIX, aparecerá en competencias que pueden incluir la llamada “troya”, un círculo del que el juguete no debe salir mientras gira. El yoyó cuenta con registros en Grecia desde aproximadamente el año 2500 antes de Cristo y fue adoptado en México durante el siglo XX. Las canicas, por su parte, conservan modalidades como el “hoyito” y la “quema”, en las que la precisión y la estrategia determinan el resultado.
El concurso de recetas familiares completa la lógica de participación. En lugar de presentar la tradición como una pieza fija, la convocatoria coloca a las familias productoras como protagonistas de una práctica que sigue adaptándose. La sede, ubicada sobre la Carretera Federal a Oaxtepec, en el kilómetro 16, puede visitarse desde la terminal Xochimilco del Tren Ligero; San Gregorio Atlapulco queda a unos nueve minutos a pie o puede alcanzarse mediante las rutas de autobús 20 y 81.