Xoco documenta en imágenes el costo de la transformación inmobiliaria

Xoco documenta en imágenes el costo de la transformación inmobiliaria

En el pueblo de Xoco fue presentado el fotolibro El pueblo que se resiste a morir, una obra de Mayolo López que registra los cambios y los daños que sus habitantes atribuyen a la llegada de megaproyectos inmobiliarios. La publicación convierte la memoria visual de la comunidad en un testimonio sobre la transformación acelerada de un territorio integrado a la expansión urbana de la Ciudad de México.

La presentación ocurrió el 10 de octubre de 2026 al interior de Xoco. El libro no se limita a mostrar calles, construcciones o escenas cotidianas: reúne imágenes provenientes del acervo familiar de los adultos mayores de la comunidad y las coloca en diálogo con el presente. Esa decisión desplaza el foco de la novedad arquitectónica hacia las huellas que el desarrollo urbano deja sobre quienes ya habitaban el lugar.

Xoco documenta en imágenes el costo de la transformación inmobiliaria

Una memoria familiar frente al cambio

El trabajo de López parte de una fuente particularmente significativa: fotografías conservadas por familias de Xoco. En ellas, la comunidad aparece antes de que las grandes operaciones inmobiliarias modificaran de manera visible el entorno. El valor de esas imágenes no es únicamente documental. También permite reconstruir una relación con el territorio basada en la convivencia vecinal, la continuidad de las familias y el reconocimiento de espacios que, con el tiempo, pueden perder su función o desaparecer bajo nuevas edificaciones.

Al recurrir a los archivos de los adultos mayores, el fotolibro incorpora una perspectiva que con frecuencia queda fuera de los relatos oficiales sobre la renovación urbana. Los proyectos suelen explicarse mediante cifras de inversión, nuevas viviendas, infraestructura o valorización del suelo. El archivo comunitario introduce otras preguntas: quiénes pueden permanecer, qué formas de vida se alteran y qué elementos del pasado dejan de ser visibles cuando el paisaje se reorganiza para responder a intereses inmobiliarios.

El conflicto no termina en el paisaje

La referencia a los “estragos” enfrentados por los habitantes señala que el conflicto en Xoco no puede entenderse sólo como una disputa estética entre edificios antiguos y construcciones recientes. La llegada de megaproyectos puede modificar la circulación, la presión sobre los servicios, el precio del suelo y las condiciones para que las familias permanezcan en su propio entorno. Aunque la presentación del libro no detalla cada una de esas afectaciones, el planteamiento de la obra apunta a una consecuencia central: la transformación física del territorio puede convertirse también en una transformación social.

En ese proceso, la palabra “resistir” adquiere un sentido concreto. No alude necesariamente a una oposición uniforme contra cualquier cambio, sino a la defensa de la capacidad de la comunidad para participar en las decisiones que afectan su espacio. Xoco aparece así como un pueblo que intenta conservar su continuidad histórica mientras la ciudad lo incorpora a una lógica de crecimiento que no siempre reconoce sus tiempos, sus vínculos ni sus formas de organización.

Cuando la ciudad avanza sobre sus propios bordes

La experiencia de Xoco refleja una tensión extendida en la capital: los antiguos pueblos y barrios son absorbidos por una metrópoli que busca nuevos espacios para vivienda, oficinas, comercio y servicios. Su localización puede volverlos especialmente atractivos para la inversión, pero esa misma condición aumenta el riesgo de que su valor económico termine imponiéndose sobre su valor comunitario. El territorio deja de ser visto como una historia compartida y comienza a tratarse como una superficie disponible para desarrollar.

El fotolibro plantea una lectura distinta de esa expansión. Las imágenes de distintas épocas permiten observar que el territorio no es un escenario estático ni un simple activo urbano. Es el resultado de relaciones acumuladas: familias que permanecen, costumbres que se transmiten, lugares que organizan la vida cotidiana y recuerdos que difícilmente pueden reconstruirse una vez que el paisaje ha sido sustituido. La pérdida, por ello, no siempre puede medirse en metros cuadrados o en inmuebles demolidos.

La fotografía como forma de participación

El proyecto de Mayolo López también tiene una dimensión política, aunque su lenguaje sea visual. Al reunir fotografías familiares y presentarlas dentro del propio pueblo, la obra devuelve a la comunidad un papel activo en la construcción de su relato. No son únicamente observadores de una transformación decidida desde fuera; son quienes conservan las pruebas de lo que existía y pueden confrontar la versión de que el desarrollo comienza con la llegada de los nuevos proyectos.

Ese gesto resulta relevante porque la memoria suele ser una de las primeras zonas afectadas por los procesos de sustitución urbana. Cuando cambian las fachadas, las rutas y los usos del suelo, también se vuelve más difícil transmitir cómo era el lugar antes de la intervención. Un archivo familiar puede parecer limitado frente a la escala de una obra inmobiliaria, pero su fuerza está en mostrar aquello que los planos y los anuncios no registran: la experiencia cotidiana de quienes viven el cambio.

El pueblo que se resiste a morir no presenta a Xoco como un sitio detenido en el tiempo. Su importancia reside precisamente en mostrar que una comunidad puede reconocer la necesidad de convivir con una ciudad en expansión sin aceptar que esa expansión borre su identidad. El libro abre así una discusión más amplia sobre el tipo de desarrollo que se busca y sobre quién tiene derecho a definir el futuro de un territorio.